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Desde siempre me ha fascinado el agua.
Cuando comencé a estudiar la diferencia de voltaje en la membrana superficial de las células, comprendí que las moléculas de agua forman una solución salina que, intercambiando iones sodio y potasio con el exterior, mantienen la carga eléctrica y la vida. Tomé conciencia de que nosotros, como todos los seres vivos, somos seres de agua; que somos 90% agua y la necesitamos, nos llama siempre y sin ella no vivimos.
También el planeta: es casi todo agua en su superficie, con unas islas donde vivimos y donde el agua pasa por encima en enormes nubes, o cae en lluvias y corre por arroyos y ríos. Podremos estar cuarenta días sin comer, pero sin tomar agua no vivimos más que unos cuatro días. Es una necesidad humana básica.
A partir del estudio de las cuencas y las lluvias que se acumulan en avenidas por los cauces, he diseñado presas para acumular el agua: presas de represamiento para poder bombearla desde los ríos, como en el río Santa Lucía en Aguas Corrientes, o la presa con geotubos de arena del arroyo San Francisco, en Paysandú, o de reserva, como las presas de riego en Aceguá, en Rivera, en el arroyo Chingolo, en José Pedro Varela, en Cuñapirú.
Para eso se debe hacer un trabajo muy técnico (mis maestros fueron señores ingenieros). Uno se debe poder ubicar en el lugar como un animal del agua, como una nutria o un terito de bañado. Se van mirando los distintos campos, las pendientes, los pajonales y cultivos, para cruzarlos con las historias de lluvias, sequías y evaporación de los últimos 50 años.
Y tomando en cuenta las posibles contaminaciones, estudiar los suelos y subsuelos, las erosiones en proceso o posibles, para ir armando los mejores lugares y descartándolos de a uno hasta encontrar el sitio que permita la presa, sin dejar de mantener la discreción y la cabeza baja para no espantar alguna intención en contra de parte de quien no le interese que se junte agua en su potrero.
En su momento construí con el nuevo método austríaco (el mismo con que se puede hacer el subterráneo en Montevideo) un túnel para la OSE desde el río Santa Lucía hasta la planta de Aguas Corrientes, y con mi amigo Hermann Wenzel instalamos bombas nuevas que aún hoy abastecen Montevideo.
Allí tenía tiempo y, pensando como castores constructores de represas, imaginé, mirando el río, posibles ideas para mantener con agua a Montevideo en las sequías.
Un ingeniero uruguayo recibido en Rusia tuvo una idea buena: cuando faltaba agua ponía una bomba de tornillo hecha en casa para subir por arriba de la represa el agua del lado de abajo. Aunque no era mucho, ayudaba en pila. El río corría al revés, desde la desembocadura traía agua hasta desde el río San José.
La represita del Canelón no ayudaba; tanto tiempo el agua detenida allí no se renueva, se poluciona con orgánicos, tiene gusto feo y deben saturarla con cloro.
En ese entonces, analizando cuencas, dos represas posibles con futuro para el crecimiento eran las del río Santa Lucía Chico y la del arroyo Casupá. Claro que con los cuidados que hay que tener por la posible contaminación, pues fui testigo de cómo una multinacional quiso establecer un almacenamiento de agroquímicos justo en la cuenca, que, sin protección, pudo ser un riesgo disparatado. La represa de Paso Severino podría mejorarse pero aún funciona. Y con la represa del arroyo Casupá ya no tendríamos problemas hoy, si se hubiera hecho en 2015 cuando había fondos para construirla. Una sociedad que no crece y está estancada, como la nuestra, no aumenta mucho el consumo de agua, aún en verano.
En esos días, una donación de la CAF y el banco alemán de desarrollo haría gratis el proyecto, para OSE , de una represa para 100 millones de metros cúbicos y sus obras anexas. Supe de eso por una gran consultora alemana que me pidió fuera el coordinador local. Y el dinero estaba, ya se preveía que hasta 100 millones de dólares Uruguay podía poner, y hasta bancos de desarrollo se interesaban para apoyarla.
Pero la OSE era especial: por una disciplina de años que conocí de cerca en sus ingenieros y jerarcas, no se prestaban a aguas turbias. Con la presidencia de 2010, hasta quitaron de la presidencia de OSE a un ingeniero con experiencia, sin dar razones. El dinero para la represa se fue, quedamos sin agua, quedamos sin Cilindro, quedamos sin Ferias Mundiales, como la de Valencia.
Respecto a Arazatí, parecía una posibilidad, pero conozco el lugar, hicimos cerca una infraestructura de riego para el cultivo de manzanas. Y es de los pocos lugares del Uruguay absolutamente virgen: en los lagos de marea entre bancos de arena, cerca de la costa, pululan las aves de todos los colores y cantos, garzas, garcetas, águilas, gaviotas y peces de agua dulce, cangrejos, hasta serpientes y lagartos de tres metros que nunca han visto un hombre y se quedan mansos mirándote. Zorros, carpinchos, apereás, nutrias y el mano pelada en los humedales solitarios. Un lugar secreto, para que no lo visite nadie.
Una reserva natural que el Uruguay debe cuidar, en eso tienen razón mis amigos maragatos.
En Arazatí no, mejor en Casupá.
Ing. José M. Zorrilla