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    Cuánto más tristes, ¿más sabios?

    Sr. director:

    “Felices los felices”

    Jorge Luis Borges (Fragmentos de un evangelio apócrifo)

    Las teorías cognitivas proponen que en la depresión existe una perspectiva negativa de la realidad. Las personas con tendencias depresivas tendrían un tipo de pensamiento negativo sobre sí mismos, sobre el mundo y sobre el futuro (“tríada cognitiva negativa”).

    Una hipótesis contraintuitiva surgida en los años 70 proponía que las percepciones de una persona deprimida eran más justas, más acertadas y más realistas que las de las personas no deprimidas. Por el contrario, las personas sin depresión caían fácilmente en la “ilusión”, en percepciones no realistas, demasiado positivas sobre sí mismas, sobre el mundo y sobre el control de determinadas situaciones.

    En el año 1979 las psicólogas Lauren Alloy y Lyn Abramson diseñaron un experimento que tuvo como resultado que las personas deprimidas hacen juicios más precisos sobre tener el control en situaciones donde en efecto no lo tienen. Diez años más tarde, las mismas investigadoras encontraron que las personas deprimidas también perciben no tener el control en situaciones que en efecto lo tienen. Eso demuestra que su percepción no siempre es más precisa, solo lo es en situaciones específicas.

    Estudios más recientes de la Universidad de McCaster en Canadá concluyeron que las personas deprimidas estiman mejor cuando la respuesta es decir “no”, ya que coincide con el pensamiento típico de la depresión. Decir “no” a todo, ¿le resulta conocido?

    Experiencias de la vida real determinaron que el “realismo depresivo” lleva a estimar situaciones de la vida cotidiana con menor precisión que las personas sanas. También indican que hay una tendencia a sobreestimar valores positivos en personas sanas (Manes, Facundo y Niro, Mateo, 2021, Ser humanos, Grupo Editorial Planeta). Es necesario que quienes sufren depresión recuperen una postura positiva, aunque a veces pueda ser ilusorio, el optimismo es un elemento clave para convivir en sociedad y ser más felices.

    “Optimismo y pesimismo”. No debe ser mala opción cuando la NASA, que selecciona a sus candidatos a astronautas con exquisita delicadeza, incluye entre las cinco habilidades más apreciadas el talante optimista del aspirante. Los beneficios del optimismo se producen en todos los ámbitos: en la salud, en las relaciones personales, en el trabajo, en el deporte y en la política, donde diversos estudios empíricos han contrastado la relación entre la disposición optimista y la pesimista de los candidatos a presidente de Estados Unidos de 1900 a 1984. El resultado de las elecciones concluye que el electorado prefirió en el 82% de los comicios al aspirante más optimista en sus discursos.

    Más allá de las diferencias que puedan existir entre el electorado nacional y el de Estados Unidos, este es un buen dato que deben recoger los aspirantes a la primera magistratura para las próximas elecciones: “Un relato optimista o pesimista para ganar las elecciones”. Se verá.

    El optimismo es rentable. El optimista es perseverante, lo intenta más veces, y eso hace que llegue más lejos. El pesimista, ante las dificultades, abandona pronto, cumpliéndose sus pronósticos más derrotistas, o dicho con palabras de Isaac Singer: “Si continúas diciendo que las cosas van a ir mal, tienes buenas probabilidades de que te conviertas en un profeta”.

    La tristeza no nos hace más capaces para transitar todos los escenarios posibles, ni tampoco la sabiduría nos vuelve fatalmente personas más tristes.

    El nivel de satisfacción con la vida en general, del uno al 10, debe rondar el ocho. “Está demostrado que la mayoría de las personas aseguran sentirse satisfechas. No puede ser de otra forma, si no, la humanidad no habría podido sobrevivir”. Caso contrario es Uruguay, donde la tasa de suicidio duplica el promedio mundial y es la más alta de las Américas.

    Mantener el optimismo requiere diversificar las fuentes de bienestar entre diversos ámbitos y diferentes personas. Se recomienda “hablar mucho” debido a su alto poder terapéutico, ya que disminuye la presión arterial y fortalece el sistema inmunológico: “La confesión existía mucho antes de que la Iglesia católica usara ese rito tan saludable del desahogo para trasladar los problemas a otros. Tiene un gran componente saludable”.

    ”Pertenecer al club de los “optimistas” porque “no se gana nada no siéndolo. “El optimismo es un elemento clave, permite convivir en sociedad y ser más felices. Para lograr objetivos es necesario invertir una cantidad de esfuerzo que requiere de un espíritu positivo al momento de encararlos, superar los obstáculos que se presentan y evitar derrotas parciales. Hay cada vez más evidencia que los optimistas consiguen mejores resultados” (Manes, Facundo y Niro, Mateo, 2021, op. cit., pág. 87).

    El optimismo influye en nuestra longevidad. El psicólogo Christopher Peterson realizó un estudio entre más de 1.000 hombres y mujeres durante un período de casi 50 años. Los resultados, publicados en 1998, revelaron que los pesimistas morían prematuramente con más frecuencia que los optimistas, incluyendo accidentes y muertes violentas.

    El deportista que cree que no va a ganar no se esfuerza. Y, ante las adversidades, los optimistas lo intentan más veces que los pesimistas, lo que al final se traduce en mejores resultados. En un experimento en la Universidad de Berkeley, un grupo de nadadores fue informado después de una competición de que sus marcas habían sido peores de lo que realmente fueron. Ante este revés, los nadadores optimistas mejoraron su tiempo en la siguiente carrera, mientras que los pesimistas los empeoraron.

    El optimismo incide en la enfermedad y el dolor; el inmenso poder reparador del pensamiento positivo; el afán de esperanza que abunda entre las personas; hipótesis refrendadas por la ciencia y avaladas con mayor precisión tras los atentados terroristas contra las Torres Gemelas del World Trade Center el 11 de setiembre de 2001.

    El mayor enemigo del hombre es la depresión, que anula toda posibilidad de esperanza, y una vida sin esperanza carece de sentido y está amortizada anticipadamente.

    “Ciertas prédicas”. Cuando asumes que lo que piensas solo es una propuesta de tu cerebro que parte del recuerdo del pasado, tu base genética y las propuestas de futuro que te presenta la mente, tus pensamientos dejan de ser un hecho.

    Hay que alinear nuestra conducta con el modo de funcionar de nuestro organismo. Con estos tres ingredientes basta para hacer una pequeña revolución en tu manera de ver la vida, no en tu vida, teniendo en cuenta que los cambios de percepción tienen una gran influencia, ya que nos relacionamos con el mundo a través de lo que percibimos.

    También se percibe el daño que le hacen a la sociedad uruguaya ciertas prédicas” vestidas de inconsistentes ropajes inteligentes y científicos, que han logrado alumbrar generaciones que reniegan del país y su democracia, para parir monstruos vergonzosos, que son fruto de una tristeza y un pesimismo por demás ignorante.

    “El pesimismo tiene un prestigio moral que no merece” (Marina, José Antonio, 2024, Historia universal de las soluciones, Planeta, pág. 13).

    Rafael Rubio

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