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El título refiere a cómo percibimos, en las últimas cuatro décadas, las acciones e inacciones en áreas intangibles del quehacer nacional: salud, educación, seguridad, CyT, otras. En todas ellas falta información estadística fiable para conocer a cabalidad la realidad. Somos ineficientes.
Diferente a las áreas tangibles y transables —producción, industria, comercio, banca, etcétera— en las que la data se registra, controla, audita y evalúa con pautas internacionales.
Lo previo es una dicotomía conceptual forzada; ambas áreas deben ser interdependientes y coordinadas a fin de multiplicar efectos. Hemos consolidado y naturalizado un Estado ineficiente que interactúa con varios grupos corporativos. Prima una cultura e idiosincrasia multisectorial funcional a intereses particulares de distante índole. Olvidamos lo del “bien común e interés general”.
Planificamos y no ejecutamos. Decimos qué y cómo haremos y luego sigue la nada. Autoengaño complaciente con base en falta de palabra, de compromiso y sacrificio. ¡Sabiendo que el pato y el plato lo pagarán hijos y nietos!
Vivimos de apariencias y desechamos las esencias. Confundimos ética con estética y resultamos patéticos.
Los problemas que hoy nos aquejan fueron advertidos hace décadas. ¡Ocho quinquenios haciendo la vista gorda! La cosa no es de tirios y troyanos, izquierdas o derechas, es de todos nosotros. Y, por supuesto, requerirá el esfuerzo conjunto y armónico de todos. Así de cerca y así de lejos estamos. Hemos perdido el élan vital de nuestros antepasados y les dejamos el fardo a nuestros descendientes; un colosal fracaso generacional.
Veamos algunos temas que interpelan a partir de unos ejemplos: son muestras gratis de un extenso vademécum.
1. Colonias de Alienados, rebautizadas Ceremos. En 2017 el Parlamento votó de forma unánime su cierre en cinco años. En 2020, nuevo voto unánime para postergar el cierre. Ahora, 2025, voto unánime para llevarlo al 2029. Cuesta entender. O peor, es comprensible, responde a una mayúscula incapacidad o irresponsabilidad de los parlamentarios, que no estudian ni se comprometen con la realidad nacional. ¿Alguien se anima a apostar que lo del 2029 se cumple?
2. Cesáreas. En 2015, a inicio del quinquenio, el Ministerio de Salud Pública (MSP) comunica 15 prioridades. Una, disminuir 10% la excesiva tasa de cesáreas: 44% de nacimientos. No se logró: aumentó 10% y llegó al 50%. Entre 2020 y 2025 siguió la tendencia. Ahora, al inicio de la gestión, el viceministro reiteró la voluntad de abordar el tema. Que no es estrictamente sanitario. Es permeable a corporativismos con intereses particulares.
3. Cáncer de mama. Otra prioridad del MSP 2015. Se centra en la detección temprana. Tema en el que Uruguay se aparta irracional e irresponsablemente de las pautas de calidad total internacionales que demostraron hace ya un par de décadas su validez. Aquí, con un proyecto piloto colaborativo (ASSE y mutualista de Colonia) se siguieron esas pautas entre 2007 y 2010. Se demostró su viabilidad y eficacia: aumentó significativamente la detección temprana (Registro Nacional de Cáncer, RNC). El piloto cesó por decisión administativa al instalarse el nuevo gobierno (mismo partido, diferente sector). ¿Refundaciones que nos refunden?
4. Guía Pronacan MSP de 2015 para cáncer de mama: pésima versión de lo que recomienda, audita, evalúa y confirma la experiencia internacional. Entre 2020 y 2025 se persistió en el yerro sin que se les moviera un pelo. Pero algo hicieron, no la revisaron, la ampliaron. Resultado: mantenemos tasas de mortalidad de cáncer mamario excesivamente altas. El tema no es de equipamiento moderno ni de dinero. Es de sentido común, conocimiento, controles de calidad básicos y gestión del método científico de los RRHH, sobre todo imagenólogos que trabajan en régimen de multiempleo. Con un agravante inminente: la inteligencia artificial (IA) puede rápidamente equipararlos y superarlos, y con ello sustituirlos. Cada punto densitométrico tiene un correlato numérico que supera la capacidad discriminatoria del ojo humano. Si a ello se le agrega que el imagenólogo informa a distancia, cartón lleno. Es más eficaz y barato con IA. Conclusión: se recupera la atención presencial y defienden con resultados medibles o vence la IA.
5. Controles de calidad de equipos tecnológicos. En 2020, vía solicitud de información pública, se tuvo un informe sobre el estado de situación del proceso Pronacan. Lo informado (deplorable) coadyuvó a que el MSP solicitara una inspección técnica internacional del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Entregaron el informe Impact 2023; el ministro de la época lo calificó “desastroso”. El tema sigue; falta transparencia y sigue la opalescencia nacional.
6. “El gasto en salud en Uruguay”: en abril la Universidad de la Empresa (UDE) convocó a una reunión en el Radisson para analizar el tema. Expuso parte del gobierno: Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), Fondo Nacional de Salud, Plan Integral de Atención en Salud, Fondo Nacional de Recursos y MSP. Todos esos expositores usaron un mismo cuadro donde Uruguay comparte el selecto grupo de países con mayor gasto en salud: Canadá, Estados Unidos y Costa Rica. Lo cual no es, per se, criticable. Lo que faltó y falta hace décadas es correlacionar gastos con resultados. En eso Uruguay también destaca, no por alinearse con los mejores, sino con los peores (África).
7. “No hay plata”. Esta excusa explica que lo que se dijo que se iba a hacer no se hará. Bien, está bueno sincerarse, sobre todo si se hace con máxima transparencia e inteligencia (alcanza y sobra con la humana). Omitimos criterios básicos: registrar datos que nutren estadísticas que derivan en conocimientos fiables y zafar de la ignorancia en la que vivimos. Si seguimos tirando excusas o talenteos innovadores sin ton ni son, seguiremos como vamos: no vamos. Plata hay, pero se malgasta. Esa y no otra es la solución que los gobiernos eluden.
8. SNIS. En 2007 fue un buen punto de partida. Modificaron la estructura, organización, recursos económicos, pero se omitió a conciencia cómo organizar los RRHH. Resultado: el sistema es asistémico, lo de nacional una entelequia territorial fallida, lo de integrado un deseo incumplido y lo de salud falso: se dedica a la enfermedad. La cuestión no es casual, Uruguay es el único país de América que no forma salubristas; ellos se forman en escuelas o facultades independientes de las de Medicina. Unos se enfocan en la comunidad, otros en los individuos. Para entenderlo, símil psicólogos y sociólogos. Contadores y economistas. Médicos y salubristas. La historia viene de 1943, cuando la Fundación Rockefeller colaboró para implementar facultades de Public Health en las Américas. Acá el aporte derivó en crear el Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB), que luego se nombró Clemente Estable. Hoy IIBCE.
9. ¿Qué hacen los salubristas? Estudian la salud de las poblaciones. El tema se conoce hace milenios, los griegos lo tenían clarísimo: diosas diferentes para cada área. Hygia en salud, Panacea en la cura de la enfermedad. En Uruguay nos salteamos lo que los países con mejor resultado sanitario denominan WISN (Indicadores de Carga de Trabajo y Profesionales Necesarios, por su sigla en español): médicos, lic. enfermeras, parteras, terapeutas, psicólogos, administradores, etcétera. En criollo, lo que no entendemos ni atendemos hace décadas. Que ahora surge a la discusión pública con una propuesta de suplir falencias con base en el aporte temporario de médicos recién recibidos. Buena preocupación y pésimo parche de régimen bienal.
10. El tema salud en el interior se arregla con las mismas herramientas usadas en 1993 a raíz de la “huelga de los 100 días de anestésico quirúrgicos”: se aprobó el pago por acto médico. No se dieron cuenta de que estimulaban el multiempleo médico en grado sumo, y con ello desarmaron los Equipos Integrados de Salud de cada institución. Ahora la vía es incentivar la radicación en el interior. Algo se intentó hace unos años (Olesker) con incentivos a cargos full time, dedicación plena. Duró lo que un lirio. En 2012 se publicó un libro que analiza la problemática en detalle y aporta alternativas: La salud en Uruguay: un rompecabezas a armar”, autor bajo seudónimo Neste Tosera (inversión silábica de Eratóstenes, el griego que confirmó que la Tierra era redonda a partir del análisis de la sombra en los equinoccios y solsticios). Nuestros educadores enseñan a memorizar que Colón, la Pinta, la Niña y Santa María partieron de Palos en 1492 y se inició la confirmación de la redondez con la expedición de Vasco. Pero no recurren a Eratóstenes para incentivar a pensar a partir de lo que nos rodea.
11. Covid-19 y el SNIS. Que Uruguay sorteó la pandemia con mejores resultados que la mayoría de los otros países es una realidad que merece un análisis profundo e integral, sin preconceptos ni prejuicios. Se ha querido interpretar el éxito relativo en función de las fortalezas del SNIS. Eso se ha analizado a nivel internacional y no está laudado. Que Uruguay padeció Covid es indiscutible. Que lo sorteó a través de derivar la responsabilidad a los ciudadanos para autocuidarse, también. Que las instituciones solicitaban no concurrir salvo emergencias, también. Lo que no cierra del todo es el tema de la incidencia del SNIS en el proceso y el resultado logrado. Porque lo que hizo el SNIS fue dejar de funcionar en la práctica. Por una razón muy simple: si seguía funcionando como lo viene haciendo hasta hoy, el resultado hubiera sido catastrófico. Con médicos yendo y viniendo de una institución a otra en el territorio, el desastre era seguro. Quienes mejor lo entendieron fueron los profesionales de la salud. Cuando en el plano internacional se analiza el funcionamiento efectivo del SNIS, con multiempleo rampante, falta de Equipos Integrados de Salud, su insólita distribución territorial y otras características, la premisa cae. Uruguay pudo sortear la pandemia porque el SNIS dejó de funcionar como tal. De vuelta, el tema de las apariencias o esencias.
12. Hace años decimos que debemos cambiar y no lo hacemos. Hay un par de ensayos más, Quo vadis Uruguay de 2020 y Mirarnos al Espejo de 2024. A esta altura esperar que el cambio proceda desde la política y los políticos resulta irrisorio. Que proceda de la ciudadanía es poco probable, no estamos tan mal. Lo que puede ayudar a poner la cuestión en el tapete es convocar a unas jornadas de reflexión con referentes internacionales para tratar los temas en cuestión. Estudiar y analizar el caso Uruguay sin preconceptos y correlacionarlo con experiencias que sí logran efectivizar una ecuación costo-resultados. Pienso en Países Bajos (Holanda), Estonia, Dinamarca o Noruega. Ellos elevan la apuesta, no alcanza con costo-beneficio. La ecuación debe ser costo, beneficio, calidad, ética y sociedad (entendiendo que la comunidad se apropie y controle el proceso). Casi diría que recién entonces seríamos una auténtica democracia plena.
13. Por último, con un par de instituciones de primer nivel de Argentina estamos pergeñando una convocatoria con varios referentes en salud poblacional. Cuando haya más detalles, ampliaré. Sí adelanto que los cimientos serán la duda sistémica, la exigencia de absoluta transparencia, el análisis a fondo del proceso que transcurre entre las acciones, su registro, la estadificación de resultados y los conocimientos verificables. Dejar de transversalizar y de una vez por todas sistematizar. Invertir la sigla FODA y hacerla DAFO (la primera complaciente, la segunda exigente).
En suma, ir a la concertación nacional en reiteración real.
Gonzalo Pou