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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNos estamos acostumbrando, triste y dolorosamente, y lo que es peor, de manera mansa, a un país al revés… Y, por desgracia, en varios aspectos. Pero hoy vamos a considerar uno de los que llaman la atención y convocan honda preocupación.
Asistimos hace unos días, con perplejidad, estupor y por qué no bronca, a un episodio al que todos los noticieros no dejan de mencionar… Incluso atónitos, presenciamos cómo el Sr. presidente —empujado por fantoches declamadores de ideologizados derechos humanos y fogoneros profesionales de la “lucha de género”— se hizo eco de esa situación.
La Justicia, muy lenta en algunos casos y “exprés” en otros, con algunos fiscales rencorosamente ideologizados que procesan por hechos que se supone ocurrieron hace más de medio siglo pero omisos en condenar casos recientes, cuyo símbolo es la balanza, que, se supone, representa equilibrio e igualdad, en este Estado laico ha encumbrado al altar de los honorables a “san Moisés”, no al profeta, líder del pueblo hebreo, receptor de los 10 mandamientos, sino a Moisés que asesinó a su padre de 15 disparos por la espalda, por el cual fue condenado a 12 años de prisión.
Pero la benévola y “progresista” Justicia cedió a las presiones demagógicas de sus “adoratrices hermanas”, de los “apóstoles” de las ONG (organizaciones nada gratis), de una “religiosa funcionaria pública” que dirige uno de esos “monasterios” que tantas dádivas y diezmos reciben de un generoso Estado que ni controla sus gastos, y Moisés logró el “milagro” de la prisión domiciliaria, festejada por todos sus acólitos en el juzgado tal cual resurrección.
Pero a las pocas horas Satanás fue más fuerte y lo tentó a san Moisés y este violó, no una, sino tres veces, la prohibición de abandonar su domicilio. Seguramente, a esas horas de la madrugada, salió a “predicar” y a “comulgar” con algunos fieles monaguillos, hasta que la policía observó ese comportamiento y san Moisés intentó “suicidarse” ingiriendo pastillas (¿de menta?).
Los informativos acudieron raudos y lo mostraron, caminando y fumando, rumbo al móvil que lo trasladó al Pasteur y no al Vilardebó, ¿raro, no? Los informes siquiátricos fueron claros y no ameritaba internación, a pesar de lo cual permaneció varios días más, seguramente orando… Hasta que ayer otra vez se le rompió la balanza a la Justicia y lo autorizó a continuar “predicando” desde su casa en vez de hacerlo dentro de los muros penitenciarios.
Un programa de investigación fue muy claro al exhibir la verdadera historia de este nuevo ídolo “progre” y el contundente testimonio de sus vecinos. Pero la ideología pudo más que el derecho en el reino del revés…
Gloria por siempre a Discépolo: “El que no llora no mama y el que no afana es un gil, (…) a nadie importa si naciste honrao (…). Es lo mismo el que labura, que el que mata (…) o está fuera de la ley”. Líbranos ya Dios de estos dislates, amén.
Guillermo Facello