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“Soy poco amigo, Señor, de las formalidades superfluas; la verdad simple y clara es la expresión de mi lenguaje”. Así, como nuestro olvidado José Artigas, querría tener la capacidad de decir mi pensamiento acerca de un par de hechos que demuestran una concepción de la vida en general, y de la política en particular, que debería ser condenable.
Cada persona tiene derecho a pensar lo que le parezca sobre cualquier cosa, siempre que lo haga con respeto. Y no hay mayor respeto hacia uno mismo y hacia los demás que la franqueza y la buena intención. Hemos entrado a vivir en un país donde algunos gobernantes están olvidando de qué “presencia soberana emana su autoridad”. Se ha perdido la conciencia de enseñanzas fundamentales: aquello de “yo no soy vendible, ni quiero más premio por mi empeño que ver libre a mi nación” o “un lance funesto podrá arrancarme la vida, pero no envilecerme” no resultan guías para la acción de algunos personajes públicos.
Se están traicionando conceptos fundamentales de la vida en sociedad. Por ejemplo, lo que nos enseñó el general Seregni: “Para mí, la palabra es un capital fundamental de mi accionar personal y político”. Los que dicen ser sus continuadores lo deberían recordar y tenerlo como regla no solamente en su actuación pública. No es nostalgia: es una necesidad.
No sin tristeza, no sin bronca, estamos presenciando el sepelio de una forma de entender la democracia y sus reglas, y del valor supremo de la palabra empeñada. Muchos siguen diciendo loas hacia el Pepe D’Elía, pero se olvidan de las reglas inclaudicables de conducta que tenía y nos legó. Lo peor tal vez sea que quienes llevan adelante el entierro no son de una fuerza política de “derecha”; son personas muy influyentes de la “izquierda” que abandonan su anterior lugar de lucha, tiran por la borda compromisos asumidos con la ciudadanía y pasan a concretar y realizar los mandatos de los dueños del gran capital apartándose de un camino de verdadera solidaridad social y cuidado puntilloso de los mejores destinos de un país que necesita ser soberano y libre.
Un importante botón de muestra. El Frente Amplio se ha presentado siempre como portador de una “nueva manera de hacer política”. A lo largo de los años, muchos hemos querido creer en ella y adoptarla. Y, cuando corresponde, exigirla. Sin embargo, estamos viendo cómo en este período se ha profundizado una tendencia fuerte a no cumplir con la palabra empeñada ni con el programa prometido, antigua “biblia” pisoteada en reiteración real. Como resultado, hoy, de cada 10 votantes del Frente Amplio, siquiera tres están conformes con el gobierno que está haciendo; el resto lo desaprueba o dice no esperar nada… Es tremendo.
Por un lado, hemos visto y seguimos viendo una vergonzante deriva en materia de política internacional de la que jamás se habló cuando la campaña electoral. Un día, sin prurito alguno, el presidente decidió subirse a un portaviones de la primera potencia mundial, símbolo de su política imperial y destructora en los hechos de toda perspectiva de paz verdadera para la región y el mundo. Como si fuera poco, decidió fotografiarse subido a ese símbolo violento, disfrazado casi como un marine, repitiendo un gesto de Milei acaso pensando que podía resultar gracioso: ¿para quién?
Además, junto al silencio cómplice ante la política genocida y de apartheid y exterminio del gobierno de Israel, hace muy poco vimos cómo, sin ningún pudor, el embajador uruguayo en EE.UU. convalidó con su presencia la “conferencia” de Marco Rubio, uno de los rostros más visibles de esa política imperial que resucita un macartismo trasnochado, llevada adelante por el inefable presidente Trump.
Una decisión y las otras fueron y son adoptadas por Orsi y “su entorno”,1 sin que parezca haber siquiera atisbos de autocrítica y arrepentimiento, capaces de recomponer la sintonía entre el gobierno y sus votantes, en especial con la mayoría de los miembros de su fuerza política, en buena parte golpeada y desnorteada. Mala, injustamente golpeada.
Otro botón del mismo traje. El Frente Amplio en su campaña electoral prometió un “gran diálogo social” para resolver “los problemas de la seguridad social”. Muchos de sus dirigentes, al oponerse al plebiscito, nos dijeron que ese era el camino de solución a muchos males existentes. Sin embargo, pocas veces la palabra fracaso2 sirve para describir la experiencia que acaba de terminar. Durante un año se llevó adelante ese presunto diálogo, se llegó a un acuerdo en determinados puntos, y uno de ellos —fundamental, aunque fuera insuficiente en relación con nuestros reclamos— se termina incumpliendo de la peor manera: sepultándolo sin ningún pudor, haciéndole caso a los que lucran con el sistema actual, y dejándose atropellar por los dirigentes de los partidos políticos opositores (que naturalmente, y hay que reconocer que siendo coherentes con su ideología, reivindicaron su programa de sostenimiento de la ley votada en 2023 protegiendo a las AFAP y su lucro). Para completarla, como frutilla de la torta, se abre más la puerta para que los aportes de los uruguayos se puedan invertir en el exterior, aun reconociendo que el riesgo es mucho mayor.
Después de todo esto la pregunta es ¿cómo se podrá continuar? Por ejemplo, ¿qué harán los integrantes del FA y/o del gobierno que provienen del movimiento sindical? ¿Se mantendrán en sus cargos en el Poder Ejecutivo como si nada o se pondrán del lado de los traicionados? ¿Los legisladores obreros cómo se posicionarán? ¿Reclamarán por lo menos una corrección del rumbo?
Y los que tienen un poder objetivamente comprobable en la toma de decisiones del FA y, por lo tanto, también en los lineamientos que debería llevar adelante el gobierno: ¿cómo reaccionarán? ¿Cómo mirarán a la cara a las y los militantes del Frente Amplio que no hacen otra cosa que exigir lo prometido a cabalidad? ¿Con qué rostro se encontrarán al ponerse delante de un espejo, de esos que desnudan si realmente uno anda por la vida por el camino del bien, o se va perdiendo por el despeñadero del mal? (Todos tienen derecho a cambiar. Pero, en tal caso, deberían dejar a otro en su lugar).
¿Cuáles son las señas de identidad? Si estuviéramos en otro país, nada bueno debería esperarse de una forma de actuar que se obstina en darles la espalda a los votantes y se empecina en claudicar un día sí y otro también, dejando por el camino promesas escritas en su programa de gobierno. Porque de eso se está tratando la nueva configuración dizque “progresista” del país que manifiesta estar ocupada en eliminar la mal llamada pobreza infantil, pero no va hasta el hueso para socavar las causas que, como cualquiera sabe, están en el sistema.
Es cierto que no se puede desconocer la importancia del paso dado en el proyecto de Rendición de Cuentas, pero se necesita mucho más y nadie puede negar que, para dar ese pequeño paso, “se han desvestido otros santos” y hay sectores importantes en salud, educación o investigación a los que se les han recortado inversiones necesarias o no se les han asignado recursos que son imprescindibles.
El gobierno dice que con la nueva asignación familiar habrá de abatirse solo el 25% de la mal llamada pobreza infantil, por lo que puede terminar dejando por el camino a tres de cada cuatro niños y niñas en esa situación. ¿Cuándo y cómo les llegará? ¿Hasta qué año deberán esperar? Pero, si miramos en profundidad, resulta que, si hay voluntad política, se puede avanzar muchísimo más… Sin embargo, el freno aparece desde el propio gobierno que —falto de garra y coraje cívico” olvida que “o es pa’ todos la cobija o es pa’ todos el invierno”.3
Y entonces se niega a aplicarles un 1% de impuesto al 1% más rico, y tampoco se anima a revisar siquiera algunos aspectos de las exoneraciones al gran capital para terminar con esta vergüenza de más de 230.000 niños y niñas viviendo en hogares pobres que pone en tela de juicio signos identitarios de nuestro ser nacional. (Dicen que esta política que se lleva adelante es para poder cumplir los lineamientos que imponen los organismos internacionales y sus burócratas y para que el país pueda “financiarse a tasas de interés relativamente bajas”, según Saldain. ¿Se olvidaron de que “toda clase de opresión debe ser combatida, venga de dónde venga”?).
No parece muy artiguista hacer política con los pantalones bajos, cediendo ante las consabidas presiones del poder, dejando desguarnecidos a quienes se debe defender.
Algunos responsables de los desatinos. Hoy, el ministro Oddone parece haber abandonado casi todo vestigio4 de su otrora militancia socialista y se viene convirtiendo rápidamente en “un servidor de pasado en copa nueva”, como nos canta todavía Silvio Rodríguez. Por su parte, el mismo Vallcorba, que dijo que “el programa de gobierno no se podía pagar”, miente y se miente a sí mismo negando la ruptura de lo acordado con el PIT-CNT, tartamudea, y se contradice una vez más. Mientras, Arim se calla olímpicamente la boca; Hugo Bai no sabe dónde meterse… y el principal responsable es el presidente Orsi, que cuchichea con Sánchez y los respalda a todos demostrando de qué lado está.
Así, sectores muy importantes de los más humildes siguen quedando solos, una vez más, y los trabajadores y trabajadoras quedan otra vez en segundo o tercer lugar…
El movimiento que se está sazonando. Sin embargo, los que son abandonados no se entregan, ya están redoblando la comunicación horizontal entre ellos sin caciques ni capillas que los quieran alinear, cuentan cuántos pueden llegar a ser y comprenden que son muchísimos y deciden luchar junto con todos los hombres y mujeres de buena voluntad que rechazan estas prácticas, sin otras armas que las que nos da la Constitución de la República, ni más, ni menos, preparándose para una gesta necesariamente plural. (Hay más de 300.000 votantes del FA que creyeron que los temas se podían solucionar en el diálogo social y hoy se encuentran con las manos vacías de rosas y de pan).
En el plano social el MONDESS y FUCVAM ya están dispuestos, y el PIT-CNT parece dejar de titubear; otras organizaciones y nuevos sectores autoconvocados se sumarán. Un nuevo plebiscito está asomándose y creo que nadie lo podrá detener, ni siquiera la Corte Electoral con su artimaña anticonstitucional y autoritaria intentando impedir la expresión de la voluntad popular. Esta vez tenemos más tiempo y será posible evitar apresuramientos. Habrá que afinar aún más los tres puntos del 2024 y agregarles un par más, nuevos.
Uno que le dé solución al vía crucis de las trabajadoras y los trabajadores que después de una vida de trabajo verdadero no se pueden jubilar porque no estuvieron en caja y sus años no están registrados en la historia laboral (ya que desde 1996 para acá se resolvió que es “su culpa” si su patrón es un evasor contumaz y no le realiza los aportes, valiendo más “el registro” que una vida de trabajo real).5
Y otro que promueva una refundación del sistema estableciendo claramente —para la transición entre lo que hoy tenemos y lo que vendrá— la inversión provechosa de los fondos hasta ahora acumulados en actividades productivas que sean de claro interés social, dentro del país, inversión que a su vez cuide estrictamente su rentabilidad y haga posible un desarrollo verdaderamente nacional.
No tengo dudas de que se abre un nuevo horizonte, que será solidario y verdaderamente fraternal, o no será. Hay cansancio en la sociedad. Una parte del sistema político no sabe o no quiere reaccionar. Ya otras veces hemos aprendido que nada podemos esperar de los demás. Con la unión de los de abajo, los del medio y todos los que abracen un proyecto de país con mayor igualdad y soberanía, un nuevo modelo de país está dispuesto a nacer.
¿Alguien puede tener dudas de que los orientales podremos, esta vez sí por nosotros mismos, transformarlo en realidad?
Adolfo Bertoni
Expresidente de ATSS
Notas:
1. Este parece ser el nuevo apodo del Pacha Sánchez, a quien, por supuesto, nadie votó para ejercer la presidencia en conjunto con Orsi y que, como sabemos, sigue sin rendir cuentas de su accionar y abreva de las aguas de la soberbia con demasiada habitualidad.
2. Del italiano fracasare: ‘romper o hacer pedazos; sacudir o partir por la mitad’. Esto es lo que decidió, conscientemente, hacer el gobierno con el tan mentado “diálogo social”.
3. Arturo Jauretche, El paso de los libres.
4. Afortunadamente, lo he visto seguir siendo consecuente en materia de derechos humanos.
5. ¿O el país habrá de condenarlos, si además tienen suerte, a una muy insuficiente pensión a la vejez? Se puede y, por lo tanto, se debe encontrar el modo de reincorporarlos al sistema de una manera justa que los reconozca en su indiscutible y necesaria dignidad. Será justicia.