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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUno puede aprender cómo es la gente por sus características lingüísticas propias; el presidente Orsi es un ejemplo notable de no-expresión conceptual. Lo han observado diversos analistas.
Es un hombre que parece no tener nada que decir y, sin embargo, habla todo el tiempo. Es muy curioso el fenómeno. Contradicción insostenible en el tiempo, pues naturalmente la gente deja de tomarlo en serio.
Como la expresión no se le da con claridad, dota a su rostro de muchos gestos. Nunca está claro cuál es el sujeto de la oración pero el predicado es ese: muecas, mímica, señas, ademanes, cejas arriba, cejas abajo.
Asimismo, esos gestos son algo vacíos: cada uno los entiende como quiere. Comunicación no verbal de contenido algo incógnito, azaroso, ambiguo y voluntario de cada quien. En suma, no se entiende ni su lenguaje verbal ni su lenguaje facial. Diríamos: lenguaje “indescifrable”.
Otro ejemplo lingüístico curioso es Carolina Cosse. Emite palabras que siempre son como dagas. Da a luz, palabra a palabra, pura grieta. Su verbo es parturiento de conflicto. Es una fábrica de fisuras sociales en cada frase.
Sus vocablos y voces rompen sociedad. Cada vez que habla confronta y afrenta. No dice palabras, escupe tajos. Lenguaje “rupturo-agresivo”, o más directamente “sanguinolento”, podríamos denominarlo.
No quiera el destino, sin embargo, que nuestro confuso y mímico mandatario falte un día y llegue al gobierno la que hiere con párrafos, la que lesiona con cada sílaba. La que quebranta y quiebra ambiente. La que odia. Es como un agente de fractura caminando: derruiría toda convivencia.
Hay otros muchos ejemplos de didáctica lingüística.
Recordamos ahora a una persona que fue autoridad de la Intendencia de Montevideo que curtía un curioso fenómeno. Hablaba, obviamente. Pero en el momento en que terminaba de hablar uno no sabía de qué había hablado. Se borraba lo dicho con palabras que se disolvían en el momento en que dicha personalidad ponía el punto final.
Producía agujeros negros lingüísticos que se chupaban lo expresado, lo licuaban y lo desaparecían. Mágico. Lenguaje “operación imposible”: se autodestruía antes de cinco segundos.
Todo esto viene a cuento de Blanca Rodríguez y su afirmación de que el Frente Amplio había creado las políticas sociales antes inexistentes. Escribo como en defensa propia, a favor de un país pasado que no merece ser así insultado.
La absurda teoría fundacional en su versión más rústica, tosca y patán. La estrategia de falsear adrede para fundar mitos, embustes y patrañas. Sin moral alguna. Por cosas así los chicos aprenden en la escuela que los tupamaros lucharon contra la dictadura. A la que no le dispararon ni un cohete brasileño.
Uno sabía que la cosa no venía bien con la afirmación inicial que había hecho la señora en cuanto a que venía a “jerarquizar” la política uruguaya. Debe ser la expresión más narcisista producida en la historia de la política uruguaya. Nunca antes.
Y además patética, porque la señora justamente ha venido a “desjerarquizar” la política. Una vergüenza la dama en una generación del Frente que empieza a doler. Presenta la decadencia intelectual del Frente Amplio.
En su egolatría en la ocasión mesiánica en que venía a jerarquizar al país agregó, Blanca Rodríguez, que no era ya más tiempo de hacerse las preguntas, sino “que a partir de hoy me voy a dedicar a encontrar las respuestas” a los grandes problemas nacionales.
Paren las rotativas, Blanca Rodríguez llegó para resolver los grandes problemas del país. Perpetra desubique mayúsculo. Según vemos, vino a condensar y reforzar la tan en boga mediocridad nacional.
Uno iba bajar la edad de jubilación a 60 años, otro iba a poner 2.000 policías el primero de marzo, otro no iba a agregar más impuestos, otro iba a terminar con la pobreza infantil, otro iba a aumentar el gasto en educación de 4,7% del PBI a 6%+1% (lo bajaron a 4,2%, en realidad), etcétera: todo verso, era todo engaño. Se parece a una murga pero es más: son unos bárbaros, mismo.
Llamaríamos al fenómeno lingüístico de Blanca Rodríguez “la ausencia de teleprónpter”.
La señora se ha pasado 30 años leyendo un teleprónpter. La gente no sabe qué es un teleprónpter. Es un aparato o pantalla que se pone delante de la cámara de modo que el locutor pueda leer un texto mirando la cámara sin que se note que lee.
El principio de esos vidrios que de un lado son traslúcidos y transparentes y del otro son opacos. Del lado opaco se pone el texto a leer.
La cámara ve al locutor a través de la pantalla teleprónpter, pero el locutor solo ve la pantalla delante de la cámara desde donde lee. Deletrea lo que otros le han escrito haciendo como que improvisa.
Se usa en la mayoría de los noticieros del mundo.
Después de 30 años de leer todas las noches noticias escritas por otros, fingiendo que componía la información, la novedad es que ahora el público puede conocer a la Blanca Rodríguez sin teleprónpter. La auténtica, la genuina, la original, en estado puro (o impuro).
La Blanca Rodríguez diciendo lo que piensa por ella misma, no lo que le escriben otros. Y asusta el cráter cerebral.
Es tal la resultante de oquedad de la señora sin el teleprónpter que a uno le nace exclamar: tráiganle un teleprónpter urgente. Y, por supuesto, traigan a uno como el que escribía los textos del noticiero.
La afirmación de la señora es que las políticas sociales nacieron con el Frente Amplio en 2005. Así. En crudo. Entre analfabeto y atrevido. Bobón.
No vamos a enumerar la larga historia verdadera de las políticas sociales en Uruguay. José Pedro Varela fue uno que armó aquello de la escuela laica, gratuita y obligatoria. Una de las principales políticas sociales en la historia de la nación, vieja de casi 150 años, Blanca, 150 años.
Batlle lo complementó hace más de 100 años con los liceos departamentales. Y con la gratuidad de la universidad pública. Grompone en 1950 hizo un tremendo Instituto de Profesores Artigas (IPA), mil veces superior al actual.
En ese eventualmente inexistente IPA, pues no había ninguna política social entonces al parecer, estudió gratis justamente… Blanca Rodríguez. Es hija de las políticas sociales que ahora dice que no existen. Gracias a Varela, Batlle o Grompone, a los que ahora niega.
Los CAIF (Centro de Atención a la Infancia y la Familia) de 1988 y las escuelas de tiempo completo de 1996 complementaron la acción educativa. Con la oposición cerril del Frente Amplio, que desgremializaba al docente, aún frentista, que colaborara con la reforma educativa.
En el sitial en que los seres normales ponemos a Varela, los radicales ponen a los energúmenos del Fenapes, obviamente neandertales. De pánico la decadencia.
Caif, educación inicial, escuelas de tiempo completo, liceos de tiempo completo, es toda una política de educación colorada que contó siempre con la oposición del Frente Amplio.
A los ineptos que rigen la enseñanza de hoy (no logro darme cuenta cuál Caggiani es peor) lo único que se les ocurre es eliminar todos los exámenes, renunciar así a la excelencia en la educación y condenar a los educandos a un mundo de mediocridad.
La política de vivienda lleva décadas. La mayor cantidad de viviendas se construyó en el gobierno de Pacheco Areco hace más de 45 años y la menor en el gobierno de Mujica.
La política de salud ya era muy de vanguardia en el Uruguay cuando la construcción del Hospital de Clínicas, hace más de 80 años.
Cuando se inauguró hace muy poco el último hospital (Cerro), en la vereda estaban los radicales frentistas insultando. Antes de que llegara el Frente Amplio, la salud pública atendía a la mitad de la población del país. Con el Frente Amplio creció la salud privada.
En fin, fuimos un país de vanguardia en políticas sociales en el mundo. Y el analfabetismo lo niega. Se tapan los ojos siempre para atacar y cancelar a los que piensan diferente.
No querer ver dentro de uno, in vidia, es el origen de la palabra envidia. Por esa definición, los otros jamás pudieron hacer nada bien. Yo soy mejor porque los demás son necesariamente peores. En fin. Por favor, qué hueco.
Prevención de accidentes de trabajo ley de 1914, ley de ocho horas en 1915, el descanso semanal en 1920, el actual Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) en 1934, las asignaciones familiares y los Consejos de Salarios en 1943, el aguinaldo en 1960. Por decir unas pocas pero insoslayables.
La trayectoria de las políticas sociales es la historia misma del país, salvo para los ignaros. Ignorar la historia de las políticas sociales es desdeñar la historia misma de la nación.
O las políticas culturales, que también son sociales. La educación musical pública, hace más de 100 años, la educación plástica, la creación del Sodre hace casi 100 años. O las plazas de deportes hace más de 100 años, cuestión que mucho tuvo que ver con el éxito deportivo mundial de hace 100 años.
Todo esto estaría en cualquier teleprónpter que hablara de políticas sociales en Uruguay, así lo escribiera un periodista bastante tonto recién recibido con malas notas. Por escaso que el hombre fuere no pondría que Batlle y Ordóñez o Varela llegaron al gobierno en 2005, cómo cree Blanca, pues antes no había país.
Blanca Rodríguez, pues, ha logrado marcar el apogeo del analfabetismo con las ignorancias que ostenta llena de soberbia.
José Mujica la definió como “un repuesto”. Era trucho. Uno llega a pensar, incluso, que nunca entendió siquiera los textos que leía, escritos por otros. En esos textos había inevitables referencias a las políticas sociales de toda la vida.
Pero tal vez lo más grave de todo sea otra cosa. Esta señora entró durante 30 años a nuestros hogares en las horas de mayor audiencia haciéndose pasar por imparcial, haciendo como que informaba con cierta objetividad. Ahora quedó al desnudo que era lo contrario.
Nos engañó a todos durante 30 años, un abuso. Nos vulneró.
Nunca fue una periodista importante, su opinión oculta tantos años nunca le importó a nadie. Lo contrario de periodistas serios, como lo fueron Omar de Feo o Néber Araújo.
O como Leonardo Haberkorn, Alfonso Lessa o Viviana Ruggiero lo son hoy. La reflexión talentosa propia le fue siempre esquiva y ajena. Pero creíamos que era más o menos neutral. No. Pura toma de partido iletrada y solapada. Traición masiva.
Adentro, pese a la visión ecuánime que vendía, había una radical medio primaria al servicio de un objetivo político. Se burló así, durante décadas, de un Uruguay entero.
Estos días, pese a su nueva cara de prócer, la dama se ha enterado de que la política no es tratar a los demás como idiotas. Hacerlo se paga caro. Que lo sepa: papelón. La profesora que perdió el examen.
Porque eso fue lo que pasó: creyó que se podía mentir impunemente a los ciudadanos de todo un país. Y lo hizo.
Ella discute con gente que no precisa teleprónpter. A esa gente le alcanza con la verdad. Y esa gente, a diferencia de ella, no le saca vergonzosamente jerarquía a la política.
Manuel Flores Silva