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“Estar a la altura de la historia y de las mejores tradiciones blancas”
Sra. Presidenta del Honorable Directorio del Partido Nacional
Dra. Macarena Rubio
De mi mayor consideración:
Me dirijo a usted, con el mayor respeto, en su doble condición de presidenta del Partido Nacional y compañera en la defensa de los ideales que han hecho de esta colectividad un pilar de la vida republicana uruguaya.
La decisión de no habilitar el uso de la palabra en la próxima Convención Nacional del 28 de junio —órgano soberano y expresión viva de la voluntad nacionalista— me resulta motivo de profunda preocupación. Suprimir ese espacio legítimo de deliberación no solo limita el ejercicio pleno del mandato político de los convencionales, sino que también posterga la posibilidad de una reflexión sincera, fraterna y autocrítica, que el Partido necesita con urgencia luego de la reciente derrota electoral.
En tiempos en los que el debate ha sido desplazado hacia cruces en redes sociales o declaraciones públicas en los medios, la Convención debería reafirmarse como el ámbito natural donde discutir los aciertos y los errores, sin temor ni retaceos. La autocrítica no es debilidad: es madurez política y compromiso con el porvenir.
Y es justamente porque creo en ese espíritu que he decidido expresarme en formato de carta abierta. No lo hago por ánimo de escándalo ni por deslealtad, sino por una convicción creciente: la de que ciertas comunicaciones, si se hacen por los canales formales y privados, corren el riesgo de ser ignoradas o —como sucedió con el tan postergado Código de Ética Partidario— quedar olvidadas en un cajón.
El Partido Nacional no puede darse el lujo de silenciar a su propia gente. En nuestra historia siempre se creció desde la discusión frontal, desde la confrontación de visiones, desde la riqueza de nuestras múltiples corrientes. Eliminar la palabra no es sinónimo de unidad. La verdadera unidad se construye en el diálogo, incluso —y sobre todo— cuando ese diálogo incluye la crítica.
No desconozco ni minimizo la gravitación del liderazgo actual del expresidente Lacalle Pou, pero ningún liderazgo puede estar por encima del partido. Y, si no abrimos espacios sinceros de evaluación y construcción, estaremos traicionando nuestra mejor herencia: la de Wilson, la de Carlos Julio, la de Larrañaga y la de tantos blancos que nunca tuvieron miedo de decir lo que pensaban.
Decía Carlos Quijano: “Criticar es honrar. Lo contrario de la crítica no es la lealtad, sino la cobardía.” Hacer callar la crítica puede convertirse en un enemigo de la democracia interna y del porvenir colectivo.
Por todo esto, y apelando a su sensibilidad política, le pido que reconsidere la decisión adoptada y habilite la palabra en la próxima Convención. Que escuchemos a los convencionales. Que hablemos, de frente y sin miedo. Que podamos discrepar sin dividirnos. Que, como tantas veces antes, podamos estar a la altura de nuestra historia y de las mejores tradiciones blancas.
Atentamente.
Gustavo Modernell
CI 2.617.821-7