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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáFernando Pereira es, a mi juicio, claro, un personaje que le hace mal a la política y al Uruguay.
Siempre cuidadoso de las formas, lo que no es menor, Pereira descalifica y adjudica aviesas intenciones a todo lo no frenteamplista. Desde el día uno del gobierno anterior agarró una honda y no paró de tirar piedras a la Torre Ejecutiva (en un mundo menos pieletrista no debería aclarar que es en sentido figurado).
A su vez, Pereira es doblemente exitoso:
1) Su prédica metódica y permanente contra el gobierno, contra lo que el gobierno hacía bien, lo que hacía más o menos y lo que hacía mal fue, seguramente, muy importante para abroquelar el frenteamplismo, horadar todo lo no frenteamplista y, por ende, que la fórmula presidencial del Frente Amplio ganara las elecciones en el balotaje. El país no importaba nada, al punto de liderar un caceroleo a los 15 días de instalado el gobierno, en medio de una pandemia sin precedentes.
2) Se transformó en una suerte de benchmark para la oposición, encarnada hoy por quienes sufrieron la oposición feroz del personaje de marras.
Es claro que el gobierno es gobierno y la oposición es oposición y, en un juego de dos, si uno es gobierno, el otro es oposición.
Lo que no parece claro, ni sano, ni duradero es el “modelo de oposición Fernando Pereira”.
Uruguay necesita acuerdos básicos y urgentes para ser un país integrado sostenible en el tiempo: hacer crecer su economía y enfrentar la infinidad de lobbies que están de fiesta y son un ancla para el desarrollo y, en paralelo y con verdadero sentido de urgencia, generar más políticas para incluir en el sistema a los cada día más compatriotas que van quedando por el camino.
Al final del día, cuando las sociedades intuyen que todo se trata de una pelea por un botín —administrar el Estado— al precio que sea —y al costo que sea para las personas—; se enamoran de un energúmeno seductor, lo ponen en el poder y termina siendo caro para todos.
Saludo al señor director muy atentamente.
Ramiro Gutiérrez