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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“La tecnología supone una revolución social constante” (Marshall McLuhan).
No podemos olvidar que, en muchas de las democracias liberales del mundo, el porcentaje de la ciudadanía que considera “esencial vivir en democracia” ha caído en picada en los últimos años. Pareciera que los valores democráticos van menguando en todo el espectro de culturas, lenguas y escalas sociales.
También ocurre que el porcentaje de norteamericanos que se declara a favor de un gobierno militar crece, al igual que crece en Alemania, Suecia y Reino Unido. El dato crucial es que esta tendencia no puede atribuirse a ninguna clase de penuria económica. Pues lo sorprendente es que estos sentimientos antidemocráticos se propagan más velozmente en los estratos más ricos de la ciudadanía, especialmente entre la población joven y rica. Un 35 % de los jóvenes ricos estadounidenses se declaran favorables a un gobierno militar.
Uno de los pocos rasgos que todos estos países democráticos tienen en común es su forma mediática dominante. Actualmente, se vive dentro del aparato de control de la atención más grande, estandarizado y centralizado de la historia.
Las tecnologías de la información y comunicación se comportan como un espejo de nuestra identidad. Cuando la vida que vemos reflejada en ese espejo se desvía de nuestros valores democráticos que nos guían, la reacción no solo delata la vergüenza que sentimos, sino que entraña una postura defensiva de reactancia frente al recorte de libertades.
La persuasión puede ser tan o más poderosa que la coacción. La tecnología neutral no existe. Todo diseño es la expresión de un conjunto de valores y objetivos que “configuran el mundo”. Un mundo que persigue que se pase más tiempo usando la tecnología, pues ahí está su ganancia. Diseños “persuasivos”, basados en el pensamiento y la conducta del usuario, que son los que el diseñador se propone modificar. Los mejores ingenieros, diseñadores, analistas y matemáticos del mundo piensan durante todos sus días cuál es el mejor modo de orientar el pensamiento y la conducta del usuario hacia objetivos predeterminados que resultan, quizás, opuestos a los propios. “Las mejores mentes están pensando en cómo hacer que la gente clique en sus anuncios”. De hecho, gran parte de nuestra experiencia cotidiana se compone de procesos automáticos e inconscientes.
Cómo construir productos exitosos que formen hábitos. Los tecnólogos crean productos diseñados para persuadir a la gente a hacer lo que ellos desean que haga. El mundo cambia continuamente. Horas frente a pantallas, trabajando, juegos, series, redes sociales, “solos”, potenciando la insaciable sed de distracciones, Una excesiva información imposible de procesar nos hace impulsivos y carentes de voluntad. Ocurre un agotamiento del ego, el autocontrol y la voluntad como recursos limitados. La tecnología ha elevado la cantidad de distracciones que se experimentan a niveles nunca antes vistos por la humanidad. Hay un teléfono lleno de distracciones que te llevan a todas partes. La única barrera posible es ser capaz de elegir a qué le prestas atención. Los niños pasan más tiempo que ninguna generación en la historia observando una pantalla de un dispositivo móvil. Literalmente no ven a las personas a su alrededor, les priva la oportunidad de aprender habilidades humanas básicas. Es un cambio para la humanidad. La infancia está llena de estrés, de desajustes emocionales. Los niños lloran, los adolescentes experimentan el mismo sufrimiento, la misma ansiedad y angustia, y mientras más secuestrado esté el cerebro por un desajuste, por una incomodidad emocional, menos podrá poner atención. La vida emocional de los niños afecta la habilidad para aprender.
“Todas las emociones son sociales” (Richard Davison, director del Laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wiscosin). No se puede separar la causa de una emoción del mundo de las relaciones, las interacciones sociales son las que mueven las emociones. El diseño mismo del cerebro lo hace sociable, inexorablemente atraído a un íntimo enlace cerebro a cerebro cada vez que nos relacionamos con otra persona. Ese puente nervioso hace impacto en la mente y, por ende, en el cuerpo de cualquier persona con la que se interactúa (“inteligencia social”).
“Una idea crucial en el concepto de humanismo es la idea de libertad” (Hannah Arendt). De acuerdo con Hannah Arendt, la libertad es actuar y ser significativo. Si la libertad humana se ve amenazada a medida que adquirimos cada vez más la capacidad de rediseñar el mundo, ya sea desde nuestro entorno físico, al mundo vivo y la naturaleza, gracias a la inteligencia. Así, las personas ordinarias se convierten en actores complacientes en los sistemas totalitarios porque dejan de pensar libremente y se desconectan del mundo real. Ocurre una pérdida de sentimiento del mundo y el reconocimiento de que todos estamos vinculados, que hay una unicidad en la humanidad y del compromiso cívico que este vínculo implica.
“El tejido de la existencia se teje entero a sí mismo” (Charles Ives). Arendt sostenía que, si miramos el mundo y a nuestras actividades como si estuviésemos fuera de él, nuestras acciones acabarán por perder su sentido más profundo. “La estatura del hombre no sólo se habría reducido según los estándares que conocemos, sino que habrás quedado destruido”. En otras palabras, perderíamos nuestra libertad, nuestra democracia y dejaríamos de ser humanos.
Si la humanidad no escribe su propio guion, lo escribirán los algoritmos.
“Nada existe en el intelecto que no estuviese antes en los sentidos” (santo Tomás de Aquino). ¿Seguiremos viviendo en democracia, al menos como hoy la conocemos?
Rafael Rubio
CI 1.267.677–8