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    El valor de la tecnología

    Sr. director:

    “La tecnología supone una revolución social constante” (Marshall McLuhan)

    “Tecnología es la aplicación de conocimientos científicos y técnicos para diseñar herramientas, procesos y sistemas que resuelven problemas, satisfacen necesidades humanas y mejoran la eficiencia en diversas áreas. Abarca desde instrumentos tangibles (tecnología dura) hasta metodologías y software (tecnología blanda), transformando el entorno y facilitando la vida diaria”. Dicha definición deja claro cómo influye en nuestras vidas, y hoy, con la aceleración de los cambios tecnológicos, la frase de Marshall McLuhan se hace más que evidente.

    A lo largo de la historia los descubrimientos tecnológicos cambiaron la vida de los hombres: el fuego y su manejo, la rueda y, mucho más acá, la electricidad. No podemos olvidarnos del “lenguaje”: reorganizó la vida social y formateó nuestros cerebros. El lenguaje oral y luego el escrito, más adelante la imprenta, son íconos que nos cambiaron para siempre. Las herramientas no son neutras. Cada tecnología reorganiza la percepción, los hábitos y la forma de pensar. El ser humano cree que domina sus instrumentos; luego descubre que esos instrumentos lo reconfiguran.

    Marshall McLuhan (1911-1980) fue un filósofo y teórico canadiense de la comunicación. Su trabajo cambió la forma de pensar los medios de comunicación en el siglo XX. Mientras la mayoría analizaba el contenido de los mensajes, McLuhan miró algo más profundo: el efecto que produce el medio mismo. Entre sus libros más influyentes están The Gutenberg Galaxy (1962), Understanding Media: The Extensions of Man (1964) y The Medium Is the Massage (1967). En ellos introdujo conceptos que hoy parecen evidentes: la aldea global, la influencia estructural de los medios y la idea de que “el medio es el mensaje”.

    Con el auge de internet, muchas de sus intuiciones fueron proféticas. Lo que McLuhan describió en la era de la televisión terminó aplicándose a las redes, los teléfonos inteligentes y la cultura digital. Cuando McLuhan habló por primera vez de la “aldea global”, lo hizo décadas antes de que existiera internet. Estaba describiendo un mundo donde la tecnología conectaría a todos en tiempo real. Anticipó el advenimiento de internet e influyó ampliamente en la cultura contemporánea por sus estudios sobre los medios de comunicación y la magnitud de sus efectos sobre los procesos sociales.

    Marshall McLuhan nació en 1911, en Edmonton, capital de la provincia de Alberta, sudoeste de Canadá. En 1916 la familia McLuhan se mudó a Winnipeg, capital de la provincia de Manitoba, en el centro-sur de Canadá. En 1933 se inscribió en la universidad de Manitoba. En un inicio, lo hizo en la carrera de ingeniería; enseguida se dio cuenta de su garrafal error y mutó a las letras. Alcanzó la Licenciatura en Letras y un máster en Literatura Inglesa. Luego, viajó a Inglaterra e ingresó en Cambridge, donde se doctoró en 1942 con una tesis en la que revisó conceptos sobre la historia de la gramática, la dialéctica, la lógica y la retórica.

    En su vuelta a Estados Unidos, trabajó como profesor en la universidad de Wisconsin y en la universidad de Saint Louis. En 1951 irrumpió con su obra La novia mecánica, un estudio de la cultura popular estadounidense donde analizaba artículos periodísticos, anuncios publicitarios, historietas y textos poéticos. Su intención fue reflexionar sobre el significado de esa batería de signos en la vida de la sociedad norteamericana. Preocupado por la magnitud de la industria cultural y las consecuencias sobre los millones de receptores, argumentó que la indignación y el enojo ya no funcionaban como una herramienta eficaz de confrontación ante dicha maquinaria. Que la diversión (y hasta los ejemplos ridículos) era más efectiva para evidenciar los efectos que producía sobre las personas y ser conscientes de lo que sucedía en forma imperceptible en la vida cotidiana. Fue una alerta temprana.

    Sus estudios se basaban en investigaciones directas y en la observación. Primero las evidencias, después las teorías. McLuhan fue un gran analista que aplicaba la crítica práctica para develar misterios de los medios de comunicación y la cultura. Para él, lo más importante de los medios no era su contenido intelectual, sino las formas técnicas de comunicación. Esas formas modelan la percepción humana. Los medios tecnológicos suponen una prolongación de nuestros cuerpos. El libro es la continuación del ojo, la rueda del pie, la electricidad del sistema nervioso. Advirtió con suficiente antelación: “El nuevo medio, el que sea que venga, podría ser la extensión de la conciencia, incluirá a la televisión como contenido, y no como medio”. No fue adivinación, sino producto de sus estudios.

    También vaticinó: “Una computadora como instrumento de investigación y comunicación será capaz de aumentar la recuperación de información, hacer obsoleta la organización masiva de las bibliotecas, recuperar la función enciclopédica del individuo y transformarla en una línea privada de comercializables rápidamente personalizados”.

    En 1962 publicó La galaxia Gutenberg, obra en la que abordó la preeminencia de los sentidos como herramienta fundamental en los cambios sociales. Más allá del contexto económico, cómo la aparición del alfabeto fonético y su consolidación mediante la invención de la imprenta implicaron la superioridad del ojo (más su inevitable entrenamiento) y determinaron el proceso de destribalización y evolución histórica. Y cómo la aparición de la electricidad y los medios electrónicos implicaron una vuelta de campana a favor del lenguaje hablado, el oído y el tacto, y un retorno a un proceso de retribalización con su consecuencia concreta: la integración de la humanidad en una sola tribu global.

    En 1964 publicó Entendiendo los medios de comunicación, en la que expresó una de sus frases más famosas: “El medio es el mensaje”. Un análisis radical de los cambios sociales, la influencia de los medios y la forma de reflejarlos.

    En ambas obras desgranó el concepto de “aldea global”, una descripción cruda del acelerado proceso de interacción humana provocada por el uso de los medios electrónicos y las consecuencias de esta interdependencia en nuestra vida cotidiana.

    Fue anticipatoria su frase sobre el poder agobiante del mundo de las redes: “Una vez que hayamos supeditado nuestros sentidos y sistemas nerviosos a la manipulación privada de quienes intentarán beneficiarse a través de nuestros ojos, oídos e impulsos, no nos quedará ningún derecho”.

    Toda su obra fue polémica y estuvo basada en una profunda tarea de investigación que no siempre fue bien recibida por sus pares. No obstante, es notoria su cercanía y pertinencia con muchas cosas que estamos viviendo. Fueron avisos que nunca excluyeron a la razón como fuente primaria de conocimiento y que introdujeron nuevas herramientas de análisis totalmente actuales.

    Hoy vivimos en un mundo cada vez más instantáneo y sumergidos en una catarata de presiones externas que implican una revisión del modo de interrelacionarnos. La vertiginosa velocidad de la comunicación no condice con la pobreza de la mayoría de los mensajes. Es el imperio del monosílabo y de las frases cortas y asertivas. Sin embargo, seguimos siendo el vehículo y los conductores de cualquier rumbo que construyamos. Tenemos la posibilidad intacta de parar la pelota, levantar la cabeza, meter un pase preciso, sorpresivo y definitorio, recuperar el placer de la escritura pensada y de la lectura atenta, darnos un tiempo para reflexionar en busca de mejores caminos comunes.

    Podemos ser parte del mundo globalizado y tener identidades claras; ser dueños de nuestro destino para no ser instrumento de la ambición de nadie; sentirnos sujetos de la diversidad sin necesidad de ser objetos de una coexistencia forzada por los poderosos o por los vivos de siempre. La tecnología puede ayudar a vivir mejor o ser víctimas de este nuevo instrumento de dominación. Podemos trabajar menos o ser menos los que trabajen; tener más tiempo para disfrutar o que nos duela el tiempo improductivo; tener más herramientas para cuidar nuestra casa común o degradarla por la avaricia de unos pocos, desarrollar un mundo más justo o, inclusive, más desigual. Habrá que elegir y actuar.

    Marshall McLuhan develó cosas evidentes que la mayoría no logramos distinguir con facilidad, por hacerlo de manera entendible, por poner lo obvio en un lugar perceptible, a la vista de todos.

    Rafael Rubio