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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa cobertura del primer Encuentro Económico de Búsqueda en la pasada edición, con la participación de un economista que integró el gobierno (Isaac Alfie) y otro que sería ministro de Economía si gana la oposición (Gabriel Oddone), reflexionando sobre ocho interesantes artículos de Martin Rama, me motivó a mirar el video del evento en YouTube en su totalidad. En Uruguay, los debates entre oficialismo y oposición no abundan, y hasta que no los hagan obligatorios, como no fumar en espacios cerrados, la ciudadanía se perderá esta forma de conocer las propuestas programáticas de los candidatos y, más importante, la solidez con que las defienden frente a cuestionamientos de su adversario. Si bien la cobertura de Búsqueda no transpiró ningún titular llamativo, tenía la esperanza de que el debate se hubiese “picado” en algún momento.
Luego de escuchar una hora y cuarenta minutos de diálogo, debo decir que terminé bañado de uruguayez, con todo lo bueno y malo del término. Los que bautizaron la convocatoria como “encuentro” acertaron, porque ambos economistas se encontraron coincidiendo en casi todos los puntos.
El intercambio entre ambos referentes fluyó sin interrupciones, chicanas o agravios. Alfie no se animó siquiera a pronunciar la palabra carajo, cuando era perfectamente aplicable para cuestionar como c… se podía medir un resultado de gestión educativa sin tener registros de asistencias de alumnos y profesores a clase. A solo 200 km de distancia, esa palabra es pronunciada con voz ronca enardecida al finalizar cada discurso por parte de un presidente de la nación. Habla muy bien de nosotros que dos referentes de partidos opuestos puedan intercambiar opiniones de una manera civilizada y afable. El momento más “picante”, si se quiere, fue cuando Alfie aprovechó a remarcar que una posible aprobación del plebiscito impulsado por el PIT-CNT sería “el principio del fin del mundo” y así, medio a fórceps, incluir al final de su última intervención una referencia a la polémica frase de Oddone sobre el asunto.
Salvo algunas ideas “disruptivas” de Rama, las posiciones de Oddone y Alfie no mostraron motivaciones de refundar el país ni de tirar por la borda lo que hicieron gobiernos anteriores. Para Oddone, y con Alfie asintiendo, “lo importante es la agenda de temas microeconómicos”, en la macro, es decir, inflación, déficit, manejo de deuda externa, ya nadie discute que hay que mantener “los equilibrios macroeconómicos”, o “la promesa de pago del Estado”, al decir de Alfie. Ambos hablan como si hubiesen participado juntos de la construcción del camino hasta aquí. Tanto en salud (con reforma del Frente Amplio mediante) como en educación o inserción internacional, Alfie y Oddone hablan en estéreo, coincidiendo en que el estado de bienestar uruguayo le ha fallado a quien más lo necesita, los sectores más vulnerables. Oddone lo plantea como objetivo: el Estado no debe permitir que dichos sectores “se salgan del sistema”, y Alfie reclama mayor medición de resultados para asignar recursos.
Lo bueno de este manto uruguayo sobre el cual se desarrolló esta conversación, entonces, son las formas y los consensos básicos, la sensación de que nada relevante va a cambiar si uno u otro estuviera en la conducción económica, lo cual es, al mismo tiempo, lo malo.
Por fortuna, vino el Sr. Rama con sus notas a mover un poco el avispero, o “sacudir la palmera”, al decir de Alfie, planteando algunas posiciones desafiantes e innovadoras sobre asuntos que en el Uruguay se discuten eternamente, pero sin lograr romper el “muro de yerba”, al decir de Jorge Grunberg, rector de la Universidad ORT. Me voy a concentrar en dos puntos levantados por Rama que me llamaron la atención, la inserción internacional y “los dos Montevideos”.
Inserción Internacional. Rama arranca con algo para nada innovador, lograr mejores condiciones de acceso de nuestros productos a China, país que, según él, es “el único que nos puede dar mercado”. En ese momento, se me pinchó el globo, porque tanto en la presentación inicial de Rama como en los comentarios de Alfie y Oddone, y las preguntas de los periodistas Danza y Grau, comprobé que hay una generación de economistas que todavía no asimilan que Uruguay exporta más de US$ 6.000 millones de servicios, casi la mitad de lo que exporta en bienes. Entre ellos se destacan los Servicios Globales con más de US$ 3.000 millones, incluyendo servicios empresariales y tecnología. Cuando aparece una nota sobre inserción internacional, invariablemente la foto es un container saliendo de un puerto, y esa parece ser la foto que tienen grabadas en sus retinas los economistas educados en los setenta y ochenta. Uruguay necesita una estrategia de inserción internacional de sus servicios exportables, además de la de bienes. En servicios, los “aranceles” son las retenciones a imposiciones a la renta que aplican los países clientes y de nada sirve un TLC con México si a un estudio de arquitectura que exporta servicios de diseño a ese país le retienen un 25% de impuestos en el pago. Los TLC en servicios son acuerdos de doble tributación que permiten deducir en el país exportador los impuestos retenidos por el país importador, entre otros elementos. La ciudad de Rivera sería un faro de exportación de servicios a Brasil si dicho país no nos retuviese hasta un 40% de impuestos federales y estaduales en sus importaciones de servicios. ¿Hay alguien en el gobierno actual o en los anteriores preocupado por abrir ese mercado? Nadie, porque ni siquiera a tres economistas bien versados en la cosa pública les sale de adentro. Si incorporamos los servicios, veremos que la afirmación “USA no nos da mercado” de Rama, se choca con más de US$ 1 billón de exportaciones de software a dicho país que generan 16.000 empleos de alta calificación.
Sobre el planteo en sí, debo decir que, en nuestro acceso al mercado chino en bienes, no pagamos casi aranceles en ningún producto, salvo lácteos, lana y carne. Es decir, Uruguay ya tiene en los hechos un TLC con China para celulosa, madera, soja y otros commodities. Un TLC con China termina siendo un TLLC, un Tratado de Leche, Lana y Carne, cuyo mérito sería que frigoríficos y la industria láctea se ahorren unos US$ 260 millones de aranceles. Para lograr el interés de los chinos, Rama plantea entregarles nada menos que un puerto. Ni Oddone ni Alfie se la llevaron, alegando cuestiones geopolíticas. Parece bastante caro ese “trade” y además naif pensar que los chinos lo usarán solamente para filetear merluza. Como toda idea disruptiva, moviliza, y Rama acertadamente la propone como una posible provocación para que un Estados Unidos, hoy “distraído”, quizás nos ofrezca algo mejor.
Nótese cuánto más distinta es la mirada de la inserción internacional y la geopolítica cuando incorporamos el comercio de servicios. Decir que con un acuerdo por un puerto con los chinos “no molestamos a nadie”, siendo USA el principal mercado de nuestras exportaciones de servicios (por las cuales nos retiene 0%), toma otra dimensión.
Otra de las ideas movilizadoras de Rama en este capítulo de inserción internacional, celebradas tanto por Alfie y Oddone, es la posibilidad de incorporarnos a la Comunidad Económica Europea, en tanto nuestro ordenamiento jurídico e institucional, así como nuestra posición en los rankings, no estaríamos tan lejos de sus requerimientos y no serían tan trabajosas las transformaciones para lograr “certificarnos”, en la parte común o communitaire, dejando de lado las disposiciones políticas. Cumpliendo con normas sobre competencia, derechos del consumidor y otras relacionadas con el cuidado del medio ambiente, Uruguay podría ser un país europeo, un país desarrollado en una parte del mundo no del todo desarrollada. La idea tiene sentido, pero por otro motivo no mencionado por Rama, ni Oddone, ni Alfie. Europa es el principal inversor extranjero que tiene el Uruguay, con cerca del 50% de la inversión extranjera directa, término que no se escuchó en todo el debate. Una aproximación similar había propuesto Ignacio Munyo en una de sus últimas presentaciones de Ceres, pero su ente “certificador” sería la OCDE, la cual Rama desestima por considerarlo “un club de aspiraciones medio vagas” (un titular que se perdió Búsqueda). Oddone refrenda este concepto diciendo que “Uruguay es un país rico” (otro titular) y la idea “le seduce”, porque lo obliga a comprar “enforcements” y le da un pretexto para hacer cambios. Es decir, al ministro del Frente Amplio, ese partido que da libertad en cuanto a cómo votar en el plebiscito sobre la seguridad social, le seduce la idea de formar parte de la Comunidad Económica Europea, ajustar su legislación a sus parámetros y dice que Uruguay es “rico”. En tu cara Foro de San Pablo.
Los dos Montevideos. El asunto del monopolio de Ancap en la importación y refinación de combustibles fue incluido por Rama en su menú de ideas “fuera de la caja”, aunque desde una perspectiva de planificación urbana de la ciudad de Montevideo. Plantea que una refinería en ese lugar genera una “desigualdad territorial” y, tomando una idea de Mariano Arana, propone sacarla de ahí y generar en esa zona una “transformación urbana total”. Esta intervención originó un comentario de Alfie que debió merecer al menos un colgado de Búsqueda. Hablando sobre la contaminación y los casos de plombemia generados por la refinería, Alfie sentenció, con sus párpados a media asta, “si Ancap fuera de privados, estarían todos presos”.
La perspectiva geográfica de Rama tiene mucho sentido, sostiene que hay dos Montevideos, “el de la costa y el otro”, que determina en buena manera los resultados educativos y los índices de inseguridad. Con su mirada, la desigualdad en la educación no depende si es pública o privada, sino el contexto de vulnerabilidad donde está ubicado el centro educativo. Más que Uruguay se parezca a Finlandia, Rama sostiene que “Casavalle se tiene que parecer a Punta Gorda”. Esta posición es apoyada por Oddone, para quien “Montevideo no es una capital de un país de un PBI de US$ 20.000 per cápita” (otro titular), validando la fragmentación social identificada por Rama, a pesar de 15 años de gobiernos frentistas y 35 en la capital.
En suma, frente a ideas disruptivas, un mar de coincidencias: somos europeos, no chinos, tenemos dos Montevideos y todavía no caemos que exportamos más servicios globales que carne.
Agradeciendo su atención, le saluda.
Lord Ponsonby