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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo cabe duda de que la administración local de la seguridad de la última Copa América de Selecciones de Fútbol en los Estados Unidos se vio claramente desbordada. Pero también los barras bravas latinoamericanos hicieron lo propio para aumentar el desorden. Se generaron las condiciones para que se alteraran algunas normas de convivencia civilizadas en los espectáculos deportivos masivos. Estuvimos muy cerca de vivir una tragedia de enormes proporciones, que por suerte no ocurrió. Señalamos los abusos de los espectadores, que no solo fueron de algunos espectadores exaltados, sino también de ciertos administradores abusivos.
Algunos aspectos de la administración de los espectáculos deportivos fueron claramente deficientes. Por lo pronto, queda claro que los procedimientos de seguridad en el entorno de las canchas y en el interior de los estadios fueron insuficientes, atendiendo las singulares características de los espectadores, que no eran mayoritariamente anglosajones. Algunos partidos de la copa, y muy especialmente el de Colombia y Uruguay o el de Argentina y Colombia, evidentemente no se desarrollaron en condiciones que puedan catalogarse como “normales” para poder disfrutar de un espectáculo deportivo internacional tan relevante como la Copa América de Selecciones de Fútbol.
Podríamos decir que las condiciones en que se desarrollaron varios partidos de la Copa América fueron realmente anormales, con picos donde se generaron emergencias, como en los disturbios en las tribunas al final del partido de Colombia y Uruguay, llegando a una crisis inocultable, o en el partido de Argentina con Colombia, que bien pudo desembocar en un desastre. Como dijo Marcelo Bielsa, en sus detonantes declaraciones, no se precisa entrar en detalles narrativos descriptivos para probarlo. Las evidencias documentales grabadas en muchos videos muestran ciertas conductas violentas y agresiones que son abrumadoras.
Como respuesta reglamentaria y sanitaria de los administradores, se abre expeditivamente una investigación donde se plantea la posibilidad de sancionar a los jugadores uruguayos que —actuando como buenos esposos y padres— fueron a defender a sus familias que eran agredidas, cuando muchos administradores encargados de custodiar a los espectadores miraban para otro lado. No es una exageración. Pueden ver los documentos. Agregamos, además, que los administradores se tomaron su tiempo, retrasando convenientemente más de una hora el inicio y alargando el entretiempo casi al doble en el partido de Argentina y Colombia y, como contracara, sancionaron a varios entrenadores y asociaciones por retrasos en el regreso de sus equipos, luego del entretiempo, de un par de minutos o poco más.
Ante estos acontecimientos, ¿qué hacemos? Por lo pronto, yo acuso a los administradores. Pero por ahora estas críticas parecen ser solo un “saludo la bandera”. Por lo que ha trascendido, no queda claro quién es real responsable en la organización de los espectáculos deportivos por todo lo que ha acontecido en algunos partidos del campeonato. Esos partidos del torneo que fueron claramente excepcionales, cuando no irregulares. Hasta ahora, las autoridades parecen estar barriendo el problema debajo de la alfombra. ¿Qué podemos aportar al respecto? No se puede tapar el sol con un dedo. Hay mucha mugre para poca alfombra. No es aceptable reprochar a los periodistas por denunciar lo acontecido.
Entonces, ¿cómo seguimos? Los administradores no están solos como actores omisos ante este enorme lío. Yo también acuso a los espectadores. Los espectadores, con sus conductas abusivas e imprudentes, no pueden ser ocultados, diciendo que solo fueron unos exabruptos aislados. No fueron uno, dos o tres espectadores alterados que quisieron entrar por la fuerza a los estadios, sin contar con boletos. Fueron miles. No es justo cargar con todas las responsabilidades a los administradores. Hay algo de bravuconería, y a veces brutalidad, en la conducta de muchos parciales. Eso no es propio de la conducta de los norteamericanos en sus espectáculos deportivos. Lo trajeron algunos barras bravas desde Latinoamérica.
Algunos organizadores de la Copa, aparentemente, no asumieron en momentos críticos cuál era su rol proactivo de “buenos anfitriones”. Por su parte, un grupo no despreciable de los espectadores no se comportaron de manera civilizada. No me refiero especialmente a la sociedad norteamericana o latinoamericana en general, sino al grupo de residentes y extranjeros, que circunstancialmente participaron del espectáculo de la Copa América de Selecciones de Fútbol. Los administradores y los espectadores contribuyeron a que un espectáculo deportivo extraordinario se viera alterado en varios partidos.
Más allá de reproches y acusaciones, que seguramente continuarán realizándose, quizá tendrán lugar investigaciones y sanciones, cuyo desenlace por ahora desconocemos. Pero sí hay algo que merece una especial atención gubernamental y ciudadana. Todo lo que aconteció debe llevarnos a la reflexión como parte de una sociedad globalizada. Lo que ha ocurrido en la última Copa América de Fútbol en los Estados Unidos es una señal fuerte de que muchas sociedades no comprenden cabalmente y no interiorizan emocionalmente que un espectáculo deportivo debe ser una oportunidad de regocijo y no una posibilidad de desatar frustraciones. Así no puede prosperar una sociedad, considerada como un todo de administradores y administrados, que deseen convivir libremente.
Le saluda atentamente.
Ing. Carlos Petrella PhD
CI 1.308.975-0