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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCorren tiempos de eutanasia, que desatan el debate de temas trascendentales para la vida y la moral de la sociedad uruguaya y que incluyen cuándo, cómo y por qué del final de la vida y cómo resolver con dignidad situaciones clínicas extremas.
Un insumo de reflexión en este sentido lo constituye el último año de vida de José Mujica, desde que anunció públicamante: “Tengo un tumor en el esófago, que es algo obviamente muy comprometido y que es doblemente complejo en mi caso, porque padezco una enfermedad inmunológica hace más de 20 años”, dijo en ese momento el expresidente.
Una evolución clínica prevista, tratamiento radiante mediante, mejoría transitoria y la aparición de metástasis hepáticas marcaron su vida. Pese a lo cual continuó con su actividad pública hasta casi el final, aportando múltiples reflexiones de vida —más que políticas— a una sociedad que las necesita y mucho, porque estamos sumidos en una profunda crisis de valores, nos guste reconocerlo o no.
Con plena conciencia de su inmediato futuro, en enero, Mujica pidió a los medios que no lo acosaran con entrevistas. “Lo que pido es que me dejen tranquilo. Que no me pidan más entrevistas ni nada más. Ya terminó mi ciclo. Sinceramente, me estoy muriendo. Y el guerrero tiene derecho a su descanso”, expresó. En ese momento agregó que se iba “totalmente tranquilo y agradecido”. Nunca habló de dolor ni sufrimiento extremo, a pesar de la repercusión nutricional y la imposibilidad de alimentarse que conlleva inexorablemente la enfermedad que sufría.
Su reserva política y afectiva final así lo demuestran, había dejado de comer pero no de planificar el futuro y pedir una “una vigüela” y una canción.
Un año de vida intelectual plena y digna; un ejemplo de la función y eficacia de los cuidados paliativos y de la necesidad imperiosa de su universalización a través de un programa nacional que los desarrolle y los sostenga técnica y económicamente.
Solo podremos resolver el dilema de la eutanasia luego de tener un fuerte sistema de cuidados paliativos que otorgue sustento técnico y seguridad moral a las decisiones que se tengan que adoptar, más allá de los límites de su eficacia. Un mensaje implícito en la evolución clínica del Pepe.
Luis Ruso Martínez