Sr. director,
Sr. director,
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSr. ministro de Educación y Cultura, Prof. José Carlos Mahía:
Le escribo en mi calidad de artista plástico, veterano y frenteamplista.
Lamento tener que decirle que como artista plástico me siento traicionado por su gestión; como veterano, decirle que no es la primera vez que nos pasa, y como frenteamplista, que me duele ver que somos tan simples que nos volvemos funcionales a las clases dominantes.
Solo voy a referirme a dos ejemplos para ilustrar el rumbo que estamos tomando.
El primer ejemplo es que el 1 de diciembre abrimos la sala Hugo Balzo del Sodre, para que el Sunca entregara los premios de su Encuentro de las Artes de los Trabajadores de la Construcción, un concurso literario abierto solo a trabajadores del gremio y familiares.
La consigna del encuentro fue “Promover el desarrollo del arte en los trabajadores y sus familias y fomentar otras formas de esparcimientos“ (sic). Si nos hubiésemos quedado en esto, si dijéramos que para el Sunca el arte es una forma de “esparcimientos” y se hubiera hecho con plata del Sunca, sería descorazonador pero válido. El problema es que lo estamos vendiendo una vez más, bajo la consigna de “El arte en su rol transformador”, que el MEC avaló esta venta con la presencia de la viceministra de Educación y Cultura y que explícitamente dio su apoyo, junto con UTE y el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, entre otros.
No me malentienda, es absolutamente cierto lo que dijo en su texto (se leyó en el lanzamiento del concurso) Eduardo Larbanois: “El arte siempre ha sido cuestionado por los centros de poder, porque el solo hecho de disfrutarlo nos hace libre” (sic).
Pero entienda que las claves para comprender esta frase son dos: arte y disfrute, y que en general son muy malinterpretadas.
Lamentablemente, una vez más, ahora en su gestión, se pretende defender una línea de razonamiento populista y falaz, de acuerdo con la cual cualquier regularidad mínimamente resaltable desde el punto de vista antropológico constituye cultura, para inmediatamente asumir que si es cultura, es arte.
Para volver gráfico el ejemplo, si en lugar de la premiación de un concurso literario entre familiares de agremiados, el MEC hubiera avalado reunir en la sala Balzo a los mismos actores para cantar a capela La gallina turuleca, se podría defender que también es arte usando los mismos argumentos.
El segundo ejemplo, quizás más doloroso que el primero, es que volvimos a errar el tiro con la elección de la directora del Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) del parque Rodó, nos estamos volviendo a comer otro sapo, y digo volviendo porque esto ya nos pasó.
La nueva directora, Roxana Fabius, es una prima antipática, un presente griego que nos legaron (entretejiendo la trama oficial) las responsables de la deplorable gestión cultural anterior: Wainstein y Bergson (Warner Brothers, para los veteranos como yo).
Y lo recibimos de buena gana (igual que los troyanos), aunque hubo que esperarla seis meses y debimos presentir en esto un síntoma. La recibimos con los brazos abiertos porque usted sabe que tenemos un plantel muy humilde para la gestión cultural en este período y traer una jugadora del exterior nos daba brillo.
El primer problema es que la trayectoria de esta jugadora, si hiciéramos un paralelismo futbolero, no incluye a los grandes clubes: solo podríamos decir que jugó en algún club de Israel (no sabemos bien en qué puesto) y en la B de la liga de Estados Unidos.
El segundo problema (el peor) es su falta de ética y su desprecio por el trabajo de los artistas.
Supe por una nota en redes que la novel directora había cortado, después de muchos meses de trabajo de preparación, las exposiciones comprometidas por la gestión anterior de Jorge Satut y Nelson Romero.
Averiguando un poco más, resulta que para empezar su gestión, Fabius decidió no honrar ninguno de los compromisos asumidos (ni la programación legada) por la brillante gestión de Enrique Aguerre. Borró de un plumazo sin miramientos y sin culpa, con desprecio (y hasta ahora sin consecuencias para ella), la participación de los artistas: borró la impresión del catálogo final de la muestra realizada por Mónica Packer, borró las exposiciones comprometidas, programadas y trabajadas con ilusión durante meses por Fernando Álvarez Cozzi, Oscar Larroca, Daniel Gallo y Eloísa Ibarra (todos artistas de prestigio, trayectoria y premiados, la última es incluso una de las pocas mujeres que recibió el Gran Premio Nacional).
La excusa (de los mediocres) de siempre: falta de fondos.
Sabemos que miente porque el mínimo apoyo de cualquiera de los organismos que auspiciaron el concurso del Sunca hubiera pago los costos de todas las exposiciones eliminadas.
Sabemos que miente porque la exposición de Ibarra estaba financiada (con el aval de Fabius) por privados (la siempre muy leal Fundación Itaú, entre otros) y no le costaba un peso al museo.
Esto en Uruguay nunca debió pasar y, aunque, como decía mi abuelo, “ningún cagado se huele”, pasó en su gestión, Sr. Ministro.
El panorama es que tenemos como directora del MNAV a un personaje para quien el fin justifica los medios, que no tiene los galones necesarios para el cargo que ocupa, que desprecia el trabajo de los artistas y que solo pretende aumentar su ego y construir (desviando recursos que debieran ir a los artistas reales) una carrera propia.
Pretende hacer una gestión en la que el brillo esté en dar una mirada nueva (la suya, que muy poco importa a nadie) a la colección construida durante décadas (por otros) en el MNAV, mientras los artistas pierden su único lugar prestigioso de exhibición, pierden la meta anhelada, pierden la posibilidad de jugar en la selección uruguaya.
Para mí, que soy veterano, es similar a lo que veo acontecer en la música. Para una parte del mainstream (la peor parte), los músicos son despreciables, las estrellas son DJ (DJ Fabius, en este caso), donnadies exóticos devenidos famosos sin talento ni motivo aparente, iguales, ciudadanos del mundo que bailan levantando los índices mientras suena su enganchado de música electrónica que solo es funcional a la venta de éxtasis.
Por estos rumbos estamos extraviados.
Yo sé que no tiene plantel y que la cultura no es su palo, pero le pido, Sr. ministro, que alguien de su confianza le prepare un buen resumen de Roland Barthes (arte) y de Jorge Wagensberg (disfrute).
Usted es un hombre inteligente.
Estoy seguro de que comprenderá lo que podemos definir (y lo que no) como arte y que su función bien entendida es conducirnos al goce por los hábitos de la inteligencia, en el equilibrio entre inteligibilidad y complejidad, que estos hábitos son los que nos mejoran como personas y, a partir de las personas, como sociedad.
Le pido que lea, recapacite y corrija.
Lamento tener que dar pasto a la oposición al decirle esto, pero ya estamos siendo funcionales a principios ajenos, y solo puede empeorar si no lo corregimos.
No da lo mismo si queremos ser mejores, que aprendamos a disfrutar realmente de la quinta de Beethoven, que nos aturdamos con un enganchado de electrónica o que sonriamos, estólidos, con la gallina turuleca.
A. P. V. F.