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La actualidad. Vivimos en una época en la que los relatos falsos ganan cada vez más terreno, es decir, parece cada vez más sencillo alterar la realidad; es que los medios virtuales por supuesto que nos acercan, pero también nos alejan.
Actualmente, existen personas especializadas en IA y con muy buen manejo de esta herramienta, incluso, con maestrías; con el paso del tiempo parecería que será una herramienta que ganará más y más fuerza y logrará romper la percepción de la realidad. En este contexto, uno dirá que hay que adaptarse, que el ser humano es un ser que se va adaptando a medida que avanza la tecnología y rompe los paradigmas.
La realidad es que esto está bien, pero estamos llegando a un punto en el que esto se nos está yendo de las manos, rompiendo las barreras tecnológicas y la ética. Antes, por ejemplo, nuestros errores y papelones quedaban en la memoria, hoy en día existen videos que demuestran estos errores. Todo excelente orador, cantante o lo que fuere, aprende —y aprendió— gracias a innumerables muestras de fracasos, de papelones. ¿Qué sucedería si, actualmente, esos papelones estuvieran en la web?
A su vez, me hacer recordar a un video viral que se llamaba Maniquí Challenge, que hacia énfasis en quedarnos quietos en un contexto de redes sociales. Esto fue alrededor del 2015, y, en este sentido, ¿no estaremos vivificando cosas de este estilo actualmente? ¿No tendremos todo el tiempo teniendo miedo de estar expuestos? ¿No nos está matando la autenticidad?
Incluso, esta columna que escribo aquí seguramente quedará por mucho tiempo en la memoria del metaverso. Seguramente, muchas de las cosas que escriba acá me voy a arrepentir con el paso del tiempo, sin embargo, perdurará en internet. Algo que tenemos los seres humanos es la capacidad de cambiar de opinión, pero en este sentido es que en internet todo es cada vez más estático y perdura en el tiempo.
Los vínculos en época del metaverso y la política. El desprecio en lo sexual por supuesto que tiene su que ver con la cuestión política, y resulta sumamente grave cuando se utiliza lo sexual como un arma para destrozar y desmoralizar al adversario sea cual sea su color político, profesión o lo que fuere; claro, no hay que ser ingenuo, esto no es de ahora, sucedió siempre, pero tengamos en cuenta que aquí llegamos al punto de la amoralidad absoluta.
Es que si el amor se convierte en un negocio y en una “prueba a pasar”, termina siendo algo muy poco emocional y cada vez más racional, se destrozan los vínculos, cuando hay dinero de por medio se está manipulando la forma de relacionarnos.
Todos sabemos que ninguna expresión sexual está mal, ni de género, pero ¿qué sucede si se utiliza esto para despreciar y desvalorizar al adversario? Es decir, si a un hombre heterosexual se le intenta menoscabar su sexualidad diciendo, por ejemplo, que es homosexual. No es que sea un insultó en sí, porque ser homosexual no es algo que esté mal, pero lo que sí termina sucediendo es que se degrada su masculinidad y esto genera comportamientos que tendrán consecuencias. Decirle a un varón heterosexual que es homosexual afecta su masculinidad y genera una afectación en su autoestima y su forma de relacionarse con los de su mismo sexo y con los del sexo opuesto.
También el hombre heterosexual sufre de la otra contracara, incluso acusándolo de promiscuidad, de donjuanismo, desvalorizando siempre su figura, no como un ataque a él, sino como un ataque a lo que piensa, sus ideas. Nunca se difama y desvaloriza a un don nadie, siempre a ciertas figuras que pueden lograr cuestiones o que son una amenaza para el poder, personas, en definitiva, cuando hay dinero de por medio, cuando hay algo en juego.
Sin embargo, me interesa analizar esto desde el punto de vista político, porque para mí acá está lo interesante.
Hablar y hacer énfasis en la cuestión sexual del hombre intentando herir su sexualidad termina generando una forma de despreciarlo, pero no a él, sino a sus ideas políticas. En este contexto es que el insulto y el desprecio a ciertas formas de vivir tienen una contracara, es así, entonces, que muchas veces quien cuida su cuerpo, milita cuestiones medioambientales y tiene una buena alimentación sufre violencia simbólica. Por poner un ejemplo, una forma de estigmatizarlo es acusándolo con la contracara de lo que hace, por ejemplo, decir que es drogadicto, quien se dedica al ámbito de la gestión muchas veces se lo cataloga de cleptómano, así con muchas cosas, siempre intentando desprestigiar, haciendo énfasis en la contracara. Esto genera una gran cantidad de falsos relatos, lo cual se multiplica de forma completamente exacerbada.
Es decir, estamos viviendo en circunstancias muchas veces de intentar deslegitimar como una forma de menoscabar no a la persona, sino a sus ideas, a su forma de opinar y de mostrarse ante el mundo. En este contexto es que siempre, todo lo que hacemos es política y político. Nuestra alimentación, nuestra ropa, todo es político, destruir los hábitos termina siendo una forma de destruir la ideología, intentando generar algo contra la hegemonía.
En este contexto, los valores de nuestra democracia occidental aluden a una forma de ver y sentirse basado en estereotipos inalcanzables, aunque termina sucediendo que se suele asimilar al hombre homosexual con el hombre que se viste bien y ve bien. Sin embargo, también de menoscabar la figura del hombre heterosexual al que los atributos de lo estético le son esquivos, el hombre heterosexual come asado, toma birra, come chivitos, tiene panza porque es parte del buen vivir.
Esto en la actualidad, donde cada vez más se está volviendo a la concepción de una heterosexualidad bien masculina arraigada en los valores de los hombres de antes, incluso nuestro gran amigo Fer Vázquez sacó un tema nuevo que se llama Lo viejo sí funciona.
Es en este contexto que esto se potencia mucho más en la política y, sobre todo, en los ámbitos democráticos, el hombre heterosexual que apela al diálogo, es tolerante, diplomático termina siendo un gatito tierno, pero el hombre que grita y es agresivo es un león al mejor estilo Javier Milei.
Entonces, de nuevo, la concepción del tibio y gato, al león y agresivo. Esta práctica siempre fue utilizada por el peor patriarcado, el más tradicional, el de antes, la política vieja trataba de acusar al político que se estaba destacando como homosexual; era una forma de menoscabar su masculinidad, a su vez, se vivía en un contexto de constante machismo.
Sin embargo, estas tácticas tradicionales resurgen con fuerza, y en ámbito político al carismático, seductor, buen orador se lo desacredita. La figura de Zelmar Michelini fue siempre una figura muy bien recibida en el ámbito femenino, era el prototipo de hombre que realizaba ejercicio, jugaba al tenis, etc. ¿Cómo sería recibida hoy en día en tiempos donde estas cosas en política ya no pasan de la misma manera?
El papel del feminismo, en este sentido, pasa por otro lado, se intenta generar mecanismos de deconstrucción y, en ese intento, suele ponerse en cuestión la figura del hombre heterosexual, atacando su masculinidad o, en algunos casos, acusándolo de homosexual. Es un intento de querer moldear, pero cabe preguntarse hasta qué punto no son las mismas prácticas del patriarcado más conservador.
El capital. Me interesa hacer énfasis en la teoría de Bourdieu; él habla de diferentes capitales, el simbólico, cultural, social, patrimonial; sin embargo, hay una socióloga llamad Eva Illouz que suma un nuevo capital, que es el estético.
El capital estético por supuesto que es un capital superficial, pero suele ser bastante más democrático que los demás capitales; el patrimonial es de herencia, el social también, el cultural depende de un contexto económico alto y el simbólico también.
Sin embargo, el estético basa su poder también en una cuestión económica, pero suele ser bastante más democrático en comparación a otros capitales. El capital estético suele darse en diferentes sectores socioeconómicos, mas allá de que termina siendo también una forma de estatus y que muchas veces pertenece a determinados sectores socioeconómicos.
Pero quiero hacer énfasis en esto de destrozar el capital estético, el ideal de belleza hegemónica ¿No termina ayudando a que determinadas figuras mantengan su poder y estatus? Es decir, denotar este capital es denotar el capital más democrático, el que hace énfasis en la salud física, también mental, pero no patrimonial, no de herencia, no económica, que a su vez, estos capitales son los más patriarcales de todos, y el que termina generando que el ciclo de la riqueza termine en manos de las mismas personas. El capital estético hace énfasis en el carisma, el atractivo, el poder de oratoria, por encima de la cuestión estética únicamente. Termina siendo, en definitiva, una forma más natural de conseguir éxito que los otros capitales, los cuales muchas veces son heredados.
Y aquí está el otro tema, en un mundo tan virtual, cada vez se pierde más la cuestión del capital estético, es mucho más sencillo manipular las fotos; una foto puede destrozar a alguien o potenciarlo, sin importar la verdad de su atractivo.
Por supuesto que hablamos de esto cuando también hacemos énfasis en la cuestión de la violencia simbólica, y aquí está lo interesante, quienes tienen alguno de estos capitales que será poseedor de algún tipo de violencia que es impedir subir de escala social, es así que quien tiene capital estético es posible que sufra violencia simbólica, un ejemplo sería decirle que es homosexual o narcisista, cuando no hay ningún elemento que lo demuestre. Por poner un ejemplo, quien tiene capital cultural se puede decir que es un pedante, quien tiene capital patrimonial es un terraja y así con los diferentes capitales. Estas son formas de generar que determinadas personas no suban en la escala social.
La canción del Cuarteto de Nos cabe a la perfección con esta frase entonces: “Nada es gratis en la vida”.
Por ultimo… Si pienso en un prototipo de hombre batllista, se me viene a la cabeza no una figura moderna, sino al revés, tradicional, bastante antigua. Si pienso en un prototipo de hombre demócrata, se me viene a la cabeza algo completamente poco moderno, incluso, una figura medio nerd.
¿A qué voy con esto?
Que lo que trasladamos e imaginamos en nuestro inconsciente tiene que ver con figuras, y que estamos constantemente desprestigiando a determinadas personas por algunos motivos particulares; estas imágenes que creamos muy poco socialmente aceptadas tienen su que ver con el desprecio a valores tradicionales, como los valores democráticos.
Es en este sentido que difamar a los demócratas puede salir caro para la democracia. Por razones obvias, ellos son sus aliados naturales: el sistema democrático se sostiene con hilos muy finos y, por lo general, son los militantes demócratas quienes lo defienden.
Deslegitimarlos, atacarlos, es un impulso que varios libertarios (desde la expresión conservadora) y personas aliadas a la expresión de las nuevas derechas, pero también con visiones mas ortodoxas de izquierdas radicales utilizan como una forma de deslegitimar el sistema, generando así, por qué no, las condiciones para una polarización excesiva y que terminará, en definitiva, erosionando nuestras democracias.
Recordemos que el ladrón no entra en casas vacías y que solo ataca donde hay valor.
Germán Mato Alves