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La situación de Venezuela, una vez más, ha expuesto el grado de insensatez de nuestra clase política y, lamentablemente, el pobre o inexistente análisis de muchos de nuestros periodistas. Esto plantea una duda: ¿se trata de simple incompetencia o de una estrategia con intereses ocultos? A continuación, un análisis de la realidad venezolana:
Desde hace varios años Venezuela se ha convertido en un Estado totalitario, donde las instituciones democráticas han sido sistemáticamente desmanteladas.
Nicolás Maduro no detenta realmente el poder; lo representa. Su retórica grandilocuente sirve para justificar el régimen y proferir bravuconadas que captan la atención de la prensa internacional y sectores de derecha.
Presos políticos, persecución a periodistas y cierre de medios de prensa, represión violenta de las protestas, detención de menores, prohibición de partidos políticos y proscripción de líderes opositores conforman la cruda realidad venezolana. El Poder Judicial no es independiente, está completamente subordinado al régimen.
Más de 7 millones de venezolanos han emigrado, buscando escapar de la violencia estatal y las carencias. Quienes permanecen enfrentan escasez de alimentos, medicamentos y servicios básicos, mientras que el acceso a ayudas estatales depende del controvertido Carnet de la Patria.
El verdadero poder lo detentan, en gran parte, las fuerzas armadas. ¿A nadie le llama la atención que se estime que en Venezuela hay 2.000 generales? Esto es para hacer muy difícil, o casi imposible, una insurrección. El mando real está en manos de dos personas, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López. Las fuerzas armadas son supervisadas por la inteligencia cubana, la que ha diseñado su organigrama y actúa como un “gran hermano”.
Los vastos recursos de Venezuela han sido hipotecados o vendidos a países como China, Rusia, Irán o Turquía, son controlados por militares y empresas extranjeras, estatales y privadas, dejando al pueblo venezolano sin sus beneficios. Recuperarlos requerirá algo cercano a un milagro.
Cuba, a través de sus agentes, ha infiltrado todas las instituciones del Estado venezolano, asegurando el control y garantizando recursos para su propio régimen.
Los altos mandos civiles y militares han saqueado el país. Las inversiones inmobiliarias de miembros del régimen en ciudades como Miami, Madrid o Panamá son una prueba de ello. Hugo Carbajal, mas conocido como el Pollo Carbajal, mayor general del Ejército y luego diputado en la Asamblea Nacional, extraditado desde su exilio en España a Estados Unidos, ha revelado delitos, malversación y atrocidades del gobierno que exponen la corrupción que impera en Venezuela.
El Cartel de Soles (supongo que saben por qué se lo denomina así) controla el tráfico de drogas en todo el territorio, consolidando a Venezuela como un narco-Estado.
Michelle Bachelet, dos veces presidenta de Chile, miembro del Partido Socialista de Chile y alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, entre otros múltiples cargos que ocupó y ocupa, designada por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas redactó un informe entre el 2019 y el 2022 que documenta graves violaciones sistemáticas de los derechos humanos.
El Partido Comunista de Venezuela (PCV) rechaza la toma de posesión de Nicolás Maduro por considerarla un “golpe a la voluntad popular” y afirma que este momento “demanda mayor resistencia democrática y popular, mayor unidad en la acción y mayor movilización”. El PCV pidió al TSJ que anule el fallo que convalidó el resultado de las presidenciales y reiteró su denuncia de “recrudecimiento de la represión” tras las presidenciales, cuyo resultado es señalado de fraudulento.
El Centro Carter, que lleva a cabo la supervisión electoral enviando equipos de observadores para determinar la legitimidad de 115 elecciones en 40 países desde 1989 y cuya opinión no es cuestionada, al menos hasta ahora, por nadie, incluso es aceptada por nuestro Frente Amplio, emitió un contundente comunicado sobre las elecciones del pdo. 28 de julio en Venezuela, expresando: “La elección presidencial de Venezuela de 2024 no se adecuó a parámetros y estándares internacionales de integridad electoral y no puede ser considerada como democrática”.
Uruguay frente a la dictadura venezolana:
Nuestro país poco puede hacer más allá de emitir comunicados y expresar solidaridad con el pueblo venezolano.
Las opiniones sobre Venezuela no cambiarán la realidad del país, y los pronunciamientos políticos parecen buscar más exposición mediática que soluciones concretas.
El apoyo incondicional de algunos integrantes del Frente Amplio (no de todos), en forma especial del Partido Comunista, tiene una sola explicación, la solidaridad y comunión con Cuba, ya sea por subordinación ideológica, compromisos políticos y personales o goce de algún privilegio. Esto resulta evidente y preocupante.
Pasemos en limpio lo antedicho, Corina Machado y González Urrutia bien saben a quiénes tienen que convencer y dónde deben buscar apoyo: en las Fuerzas Armadas Venezolanas, donde realmente radica el poder. Resulta poco entendible que arenguen al pueblo venezolano a salir a las calles a protestar, absolutamente indefensos, a enfrentar a los colectivos chavistas armados por el régimen y a las fuerzas de choque. La batalla democrática se librará, si alguna vez sucede, en los cuarteles, no en las calles.
Uruguay, como país democrático, debe garantizar la libertad de pensamiento, por lo que son tan válidas, desde el punto de vista de la libertad de pensamiento y expresión, pensar y decir que Maduro es un presidente democráticamente elegido o que es un dictador. Mas aún, en representación de quienes opinan que Venezuela es una democracia plena puede haber integrantes en el Parlamento uruguayo que representen a quienes así piensan. Sin embargo, ningún miembro del Poder Ejecutivo debería justificar o apoyar a un régimen que reprime, tortura y viola derechos humanos.
Este breve resumen surge de la búsqueda de información y prestar atención a los detalles que se esconden detrás de los titulares. Se dice que hay tres verdades: la nuestra, la de ellos y la verdad.