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El pasado domingo 19 de enero fue un día histórico: fueron liberadas las primeras tres rehenes de los 33 acordados en el acuerdo de tregua en la guerra de Gaza. Solo resta esperar que se cumpla todo el acuerdo y que el desarrollo de los acontecimientos conduzca a días más parecidos al domingo pasado y menos a los 470 días que lo antecedieron. Nadie en su sano juicio podría desear algo distinto una vez que llegamos a esta instancia; el tiempo no retrocede.
Dicho esto, creo que pocos podemos evitar lo que habitualmente llamamos sentimientos encontrados, que son, en realidad, sentimientos contradictorios. Las excepciones, como suele suceder, están en los extremos del espectro humano y de la opinión pública: por un lado, los ingenuos que creen que esto es ‘la paz’, y, por otro, los halcones que creen que esto es una sentencia de muerte para Israel. Las mayorías creemos que del complejo ‘menú’ de opciones que se nos presentaron, este es el plato que debíamos elegir: un mix de esperanza fresca y una bien madurada resignación. Se come sin conservantes ni condimentos.
Durante 470 días la imagen de los niños Bibas en redes sociales me ha violentado. Ahora que se ha llegado tan forzadamente a este acuerdo el empuje mediático se ha intensificado. Circularon datos y fotos de las tres rehenes liberadas. Nadie que salga de Gaza hoy, mañana, pasado, o cuando suceda, tendrá nada que ver las imágenes que inundan redes y medios. Ellos no serán los mismos que la madrugada del 7 de octubre de 2023; sus familias tampoco; y el resto de Israel y el pueblo judío, tampoco. ¿Cómo nos miraremos a nosotros mismos a partir de ese momento?
Nuestra historia y nuestra tradición no son de resurrección, sino de renacimiento. Por eso salvamos a nuestros hijos a cualquier precio y porfiamos en enterrar a nuestros muertos para siempre. Los cementerios judíos crecen, las letras sobre las lápidas se desdibujan o borran, pero ellos seguirán allí sepultados mientras los vivos seguimos ocupados en vivir. No hay confusión: en vida se construye con realismo y pragmatismo, en la muerte se construye memoria.
A partir del día 471 desde #Oct7, el pasado domingo, solo resta desear, esperar y construir algo más parecido al sueño que siempre supuso el sionismo que a la pesadilla que nos ha tocado transitar estos 15 meses. Ante la caída del Templo en 70 E.C., el judaísmo respondió con su versión rabínica; ante la Shoá en el siglo XX, culminación del antisemitismo milenario, el judaísmo respondió con la visión sionista propuesta por Herzl.
Ojalá a partir de hoy podamos volver a sumar la sabiduría de milenios a la soberanía del último siglo. ‘Amalec’, el enemigo bíblico y arquetípico de Israel, siempre existirá. No lo borramos de nuestra memoria precisamente para que no vuelvan a suceder hechos como #Oct7 o la 2ª Intifada hace veintitantos años. Honramos a nuestros muertos y nos hacemos cargo de nuestros heridos, pero siempre elegimos la vida.
Ianai Silberstein
CI 1.412.860-4