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    Las artes visuales en Uruguay

    Sr. director:

    “Vamos a mirarnos más de frente” (Urbano Moraes)

    El artista visual Ricardo Lanzarini (62 años) ha publicado en números recientes de Búsqueda dos cartas. El planteo esencial de ambas es la necesidad de que las artes visuales cuenten con financiamiento para los creadores. Pienso que a su reclamo le asiste razón. El referido expresó que los artistas visuales —su obra, que es el centro del asunto— no reciben financiamiento, mientras que el resto de las cuestiones involucradas, como transporte, montaje, imprenta, seguridad, difusión y otras, sí se pagan.

    ¿Cómo sería una subvención permanente a artistas visuales (concretamente, becas)? En primer lugar, se debe aceptar que no vivimos en un país rico; un 14% de los hogares subsiste en situación de pobreza y unas 400.000 personas tienen ingresos líquidos de 25.000 pesos mensuales. Por lo tanto, hay restricciones.

    El financiamiento a artistas se debe relacionar con etapas del ciclo de vida junto con los desempeños profesionales, la experiencia alcanzada. En este sentido, una persona que cultiva las artes visuales y aspira a una beca debe demostrar que tiene un compromiso constante con la actividad.

    Propongo que a las becas se pueda aspirar a partir de los 35 años de edad y hasta los 45, ni más ni menos. La trayectoria de los aspirantes incluirá como antecedentes al menos 10 exposiciones, muestras o intervenciones, dos de las cuales deberán ser individuales. No cuenta la suma de exhibiciones de los mismos materiales. Pueden ser acciones en el extranjero, no más de dos. Así se subvencionaría a los que muestran compromiso y ejercicio regular.

    ¿Quiénes eligen? Un jurado designado por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), compuesto de cinco personas, artistas visuales mayoritariamente y especialistas (críticos, historiadores del arte, directores de museos), todos con trayectoria reconocida. Puede citarse a algún extranjero. En conjunto deben asegurar la pluralidad, tanto de preferencias políticas como de orientaciones estéticas. Dicho de otra manera, el jurado no debe presentar sesgos. Como ejemplo positivo en este sentido se puede citar la tradición de los Fondos Concursables: 20 años con jurados con tendencia a la imparcialidad.

    ¿Cuánto sería el monto a financiar por artista? Aproximadamente, el equivalente a dos salarios mínimos, 50.000 pesos líquidos mensuales.

    ¿Cuánto duraría la subvención? Veinte años (si la obtuvo a los 35 años, culminaría a los 55; si la obtuvo a los 45, culminaría a los 65). Se propone financiar hasta 40 artistas al mismo tiempo; por lo tanto, el monto total de esta iniciativa sería de 720.000 dólares anuales incluyendo aportes sociales. Además, habría costos por administración. Hay que cuantificar todo.

    Se supone que, una vez finalizada la vigencia de la subvención, el artista habrá encontrado una manera de subsistir sin depender de fondos públicos, ya sea por ingresos de la venta de su arte, por ejercicio de la docencia o por otro tipo de fuentes.

    El artista deberá tener una actividad justificada durante la subvención que implique al menos una exposición, o similar, cada dos años. El incumplimiento de esta condición tendrá como consecuencia la suspensión definitiva de la beca, salvo que exista imposibilidad certificada por al menos dos médicos. Mientras dure la beca, el artista podrá recibir asignaciones del resto del sector público, tanto del Estado nacional como de administraciones departamentales (salones con premiaciones, exposiciones, envíos internacionales, fondos de incentivo fiscal u otros), y recursos de llamados internacionales, pero no podrá presentarse ni figurar en ningún rol en proyectos de Fondos Concursables. La beca implica un mérito muy importante, bastante desequilibrante, como es integrar una lista de selectos, lo que aumenta sus probabilidades de ganar, relegando a otros artistas (por ejemplo, a los más jóvenes). Otro detalle, el dinero puede provenir de aportes del MEC en conjunto con la Intendencia de Montevideo.

    Por otra parte, Ricardo Lanzarini denuncia la existencia de una burocracia innecesaria dentro del MEC que desplaza a los artistas. En este punto discrepo. Es más, creo que faltan funcionarios, por ejemplo, en la Comisión de Patrimonio, institución que conozco bastante. A su vez, el artista sostiene que entre esos burócratas hay algunos que están haciendo sus primeros recorridos. Se refiere a los cargos de confianza, como las direcciones de Cultura y de Patrimonio, las coordinaciones de institutos de teatro, de artes visuales, las direcciones de los museos como el de Artes Decorativas (Palacio Taranco), el de Artes Visuales (Parque Rodó) y otros (ver sitio web del MEC).

    Aunque no me gustan todas las personas que ocupan esos cargos, considero que son aptas para la responsabilidad conferida y, por cierto, no están dando sus primeros pasos. Ya tienen un recorrido importante y una edad mediana. Como gente mayor que somos (Lanzarini 62, Esmoris 66), no nos damos cuenta de que no podemos descalificar a esas personas por su edad. Gabriel Peluffo Linari asumió la dirección del Museo Blanes en 1991, a la edad de 45 años. Ángel Kalenberg tenía 33 cuando asumió en el Museo de Artes Visuales. Los burócratas a los que se refiere Lanzarini tienen en su mayoría igual o más edad que Peluffo en aquel momento.

    Por otro lado, plata hay en el sector público, pues hay servicios, como las orquestas sinfónicas, la Banda Municipal, la Filarmónica de Montevideo, la Orquesta Sinfónica del Sodre, la Orquesta Juvenil, que tienen un presupuesto total de unos 6 millones de dólares al año. Ofertan programas similares —música sinfónica—, son redundantes y tienen un público en sus ciclos principales no mayor de 4.000 personas distintas (alrededor del 30% concurre a más de un concierto al año). A su vez, en las temporadas especiales (no en las del verano) no se realiza más que un concierto por programa. Muy ineficiente. A mi entender sobra al menos una orquesta y eso está entre la Filarmónica y la Ossodre. No es este el lugar para explicarlo.

    La Comedia Nacional, con un grupo de actores pequeño (30) en relación con la cantidad de artistas de todo el teatro profesional, tiene un presupuesto de al menos 1,5 millones de dólares al año. El teatro llamado independiente recauda unos 800.000 dólares anuales; con ellos se financian ingresos personales, el mantenimiento de las infraestructuras y los bienes muebles de los recintos. Estos teatros y grupos de actores y actrices son los que realmente mantienen la oferta, con vigorosa diversidad. Si se eliminara la institución teatral municipal y se destinara la mitad del presupuesto a Fondos Concursables para teatro en Montevideo, todo florecería en ese sector y en barrios de la ciudad donde habría oferta constante de espectáculos. La otra mitad podría reasignarse para atender otras expresiones, como la danza, las artes visuales y la escritura de narrativa, historia, patrimonio, poesía, y todas estas tendrían también su primavera. Me permito citar también el servicio TV Ciudad, con un presupuesto de 5 millones de dólares, que en 30 años de existencia no alcanzó uno de los objetivos más relevantes: competir con los canales comerciales 4, 10 y 12.

    Por último, sería muy oportuno que la formación en gestión cultural tuviera lugar en la Universidad de la República. La Facultad de Artes, la de Comunicación, la Escuela de Bibliotecología, las carreras de Antropología e Historia, cursos de gestión cultural, dos semestres, de tres veces a la semana, de dos horas de duración cada clase. De esta forma los egresados estarían ilustrados en las herramientas para entender y elaborar proyectos, postular y definir acciones para instituciones como museos, salas de exhibiciones, publicaciones, ciclos de conciertos, habilidades de gerenciamiento para agrupaciones estables de músicos, etc. Planificación estratégica y proyectos son las formas en que se encaminó y se encamina en todo el mundo una parte de la praxis del sector cultural, y son tan útiles para organizarse como para captar fondos. Qué mejor que idóneos en disciplinas artísticas o servicios públicos como las bibliotecas sepan elaborar planes, acciones de gestión, y que en una misma persona habiten los dos saberes.

    Agradezco al artista Ricardo Lanzarini por haberme provocado a escribir estas líneas. De igual manera agradezco a usted, Sr. director, por este espacio.

    Manuel Esmoris

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