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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿Derrota, resiliencia o triunfo de MAGA?
Madrugada, miércoles 4 de octubre. Resultado preliminar de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos.
La democracia se expresó de forma clara en lo que —de forma natural e intuitiva— se fue transformando en un plebiscito. Varios pensaron que lo que estaba en juego era si Trump seguía como venía o se lo detenía. Esa es una fracción micro del mensaje en las urnas.
Lo sucedido trasciende al personaje, ocupante circunstancial de la Casa Blanca. La cuestión no era ni debía ser ad hominem. Era algo mucho más trascendente y urgente: la vigencia y supervivencia de valores y principios que el mundo occidental viene cultivando y practicando con dificultades y tropezones desde la declaración de la independencia de Estados Unidos. Precedida en Inglaterra en el siglo XVIII con el cese del absolutismo real vía el Parlamento. Continuada luego en Francia a partir de la Bastilla. A la que podemos agregar, sin violentar la racionalidad, la peculiar senda que nos trajo a lo que hoy somos y, sobre todo, seguimos queriendo ser en Uruguay.
Lo sustancial y esencial de estas elecciones estuvo en el concepto MAGA (Make America Great Again). Se lo puede ver cómo un sí o un no al desacatado mechón rubio o interpretarlo de forma más ambiciosa y liberal, en cuyo caso debiera ser MOGA. En lugar de acotarlo a América, expandirlo a Occidente. Sin perder la ilusión que, en un futuro, se alcance a compartir valores de comprensión global en diálogo con Oriente.
En suma, el pueblo de Estados Unidos, al retomar la senda democrática y el sentido común de convivencia, vuelve a aportar una señal positiva y constructiva hacia un mundo mejor. Detener la avalancha que venía arrasando. Buena noticia. No alcanza. El camino que resta es auspicioso si se retoman valores y principios esenciales. Que hoy están, aquí, allá y acullá, semiolvidados y violentados.
Salir del pesimismo es bueno pero no alcanza. El desafío que resta es retomar caminos virtuosos hacia el progreso y el desarrollo integral. Falta allá y acá.
Vuelvo al título: lo de ayer en Estados Unidos fue una derrota bien merecida. Fue también constatar que la resiliencia fundacional americana sigue vivita y coleando. No todo se compra y se vende con un puñado de dólares ni con un puñado de ametralladoras.
Fue un triunfo parcial pero insuficiente; los principios y valores democráticos no se avasallan con prepotencias y avances radicales. Recordar que al freno hay que agregarle el acelerador y una conducción criteriosa. O sea, buenas noticias parciales que resultan insuficientes. Seguimos y seguiremos por los siglos de los siglos con y en estos vaivenes. Generación a generación avanzando, deteniendo y retrocediendo.
Hoy se esbozan pequeñas sonrisas. Varios fueron a llorar al cuartito y lamer sus egos malheridos. No es cuestión de revanchismo, es retomar la senda del simple equilibrio vital, intelectual y espiritual que nunca debiera perder la política. Y que obtusamente surge y resurge generación a generación. Aquí, allá y acullá.
G. P.