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    Las instituciones públicas y los que viven en la calle

    Sr. Director:

    Hace una semana, llegando a mi casa, un flaco con una prepotencia sorprendente me pregunta: “¿Vivís acá?”. La evidente inexperiencia para encarar la situación, sumada a su explicación pidiendo ayuda por comida y ropa (que incluía mantenerse lejos del Mides, donde, según él, le robarían), me convenció de que necesitaba ayuda y le di lo que encontré a mano: un paquete de galletas y fruta.

    Hoy, llegando a mi casa, me encara otra vez esta persona: “Hola, soy al que le diste la otra vez”. Lo quedo mirando con cara de “ok, ¿y?”, entonces me aclara que está viviendo en la playa mientras lo sigo mirando con la misma cara y él, con la misma frescura de la primera vez, se extiende en una lista de alimentos con los que yo podría colaborar, terminando en “aceite y sal” (¡?). Entré, busqué algo, se lo di, pero esta vez quedé soliviantada con la institucionalización de clientes a domicilio.

    Para dejar más claro el panorama, transcribo unos comentarios del chat con los vecinos, que no requieren de mayor explicación ni contexto:

    “[22:09, 26/01/2025]: A mí me pasó el viernes en la tarde al salir de casa. Tuve q entrar de nuevo xq me dio miedo sinceramente // [23:49, 12/01/2025]: Están robando el auto por figueira esquina patria. Está el tipo adentro ahora. Volví a salir, y al regreso esquivo a los bomberos que apagan el contenedor incendiado, y mientras guardo el auto, otro flaco que también pidió de comer en la semana —y se fue pelando las bananas que le di, obviamente con hambre—, aparece pidiendo comida. Con firmeza le pregunto por qué no recurre al Mides. Con el más respetuoso tono me explica muy correctamente que ‘está complicado, cambió el protocolo del Mides…’”.

    Entré a buscar aunque sea más bananas, pero lo perdí. Lo que no me perdí es el tremendo asombro por un coterráneo en esa situación capaz de expresarse en términos de “protocolo”, describiendo su gestión buscando ayuda por comida.

    Usualmente salgo de mi casa con una escoba en la mano para despejar basura descartada por hurgadores del contenedor, y ayer, trabajando desde mi escritorio, bajé la ventana para tapar un poco el sol justo cuando un hombre de unos 35 años se metía al contenedor que tengo en frente. Verlo oler y probar los restos de comida descartada fue una escena digna de reflexión.

    Con esta muestra de vida cotidiana que ocurre en el Parque Rodó, no se necesita ser filósofo iluminado para motivar reflexiones. A mí la primera que se me ocurre es, solo para empezar, tenemos serios problemas de competencias entre la intendencia, el Mides y la Policía, resultando en in-competencia general.

    Mi siguiente reflexión: ¿qué clase de patada en el trasero necesitan estos (todos) gobernantes que nos ponen a navegar olas de enterococos, pretendiendo deslindar competencias por ser incompetentes en mantener vigentes estándares que reflejen situaciones impresentables?

    Estimados gobernantes de todos los partidos, es impresentable que el Mides no pueda alimentar a los hurgadores de contenedores, que la Policía no pueda desalojar habitantes de espacios públicos y que la intendencia solo sepa barrer para adentro de sí misma y dar déficit mientras recauda con multas que no son para ordenar el tránsito, sino para arrancar los carnavales en enero.

    Los impuestos son para resolver estas situaciones impresentables, no para engordar oficinistas votándose entre pares. Este panorama cotidiano impresentable será cada vez más impresentable mientras los impresentables gobernantes sean incapaces de verse en esta triste imagen que dan y encaminar soluciones.

    Irene Pazos

    CI 1.736.292-2

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