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Fue en el lejano diciembre de 2013 cuando el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, anunció que en los primeros meses de 2014 instalarían cámaras de vigilancia en puntos estratégicos de la avenida 18 de Julio.
Todos sabemos que a nuestros gobernantes les gusta anunciar proyectos dos veces: “Primero como tragedia, después como farsa”. Entonces llegó febrero de 2014 y, nuevamente, Eduardo Bonomi, acompañado por el director de la Policía Nacional, Julio Guarteche, anunció las “medidas de avanzada”, refiriéndose a la instalación de cámaras.
Ha pasado más de una década, incluso hasta nos dimos el lujo de festejar anticipadamente 300 años de Montevideo, o como dijo Carolina: La Montevideo.
Cualquier comerciante del Centro sabe que sus fachadas serán vandalizadas, el grafiti en cortinas comerciales es otra postal que disfrutan los turistas, mientras pasean por la desolada avenida los fines de semana. Porque, además, no queda otra, museos y espacios municipales no ofrecen programación o permanecen cerrados.
Ninguna cámara de seguridad supo ver la vandalización de 18 de Julio desde el año 2013. Tampoco las cámaras de seguridad pudieron evitar que un hombre fuera apuñalado en febrero de 2025 en la esquina de Julio Herrera y Obes y 18 de Julio.
En este mayo, frío y gris de 2026, Diego Olivera, prosecretario de la Intendencia de Montevideo, anuncia en su red social X la instalación de cámaras en 111 monumentos. Se seleccionaron las estructuras más “difíciles de controlar…”. Seguramente fue un trabajo arduo que estuvieron trabajando en el primer año de gestión, sobre todo en tiempos en los que Google ya ha mapeado y contabilizado absolutamente todo el planeta. Una tarea que puede llevar segundos de conexión a internet. Pero Diego ya nos tiene acostumbrados a sus anuncios rimbombantes y a sus reels futuristas sobre una Montevideo que nunca llega. ¿Recuerdan la rambla del Cerro prometida por Daniel Martínez?
Hace casi un año, desconocidos robaron el brazo derecho de bronce (que pesaba unos 20 kilos) de la escultura de Albert Einstein, ubicada en la plaza de los Treinta y Tres (plaza de los Bomberos) en Montevideo. ¿Seguirán investigando?
En cada caso de vandalismo, las autoridades —elegidas para gobernar, lo que implica actuar y no solo aparecer en los medios con frases de casete— evaden responsabilidades con la clásica: “los montevideanos no valoramos nuestro patrimonio”. ¿Acaso los vecinos del Cordón son responsables de que un delincuente serruche un monumento?
En un país donde los delincuentes coleccionan antecedentes como figuritas, ¿importa ser filmado y detenido? Desde ahora los ladrones usarán casco y seguirán robando monumentos, como roban perfumerías, y todos los lunes tendremos videítos en el noticiero central del nuevo monumento saqueado.
Pobre Uruguay.
Javier Abreu