Sr. director:
Sr. director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo se vende porque se consume: se vende porque se transporta. Según los datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), aproximadamente el 2% de la población de Uruguay consumió cocaína el último año, lo que equivale a unos 69.400 individuos, sobre una base poblacional estimada de 3,47 millones de personas. Esta cifra representa la prevalencia anual, es decir, personas que consumieron al menos una vez durante ese año.
Diversos estudios muestran que el consumo de cocaína (y de la mayoría de las drogas) suele seguir una lógica de distribución desigual alineada con el principio de Pareto: una minoría de usuarios —alrededor del 20%— concentra la mayoría del volumen consumido. En este caso, si 13.880 personas (el 20% de los consumidores) son usuarios intensivos, el 80% restante (55.520 personas) puede clasificarse como usuarios ocasionales o pasivos.
El usuario pasivo, que consume de manera esporádica, por ejemplo, una vez por mes o hasta 12 veces al año, suele ingerir entre 40 y 60 miligramos de cocaína por ocasión (una “línea estándar”). En términos anuales, esto representa entre 0,48 y 0,72 gramos por consumidor ocasional o un consumo agregado total cercano a entre 26.650 y 40.000 gramos anuales para este segmento, es decir, entre 26 y 40 kilos de cocaína. Sin embargo, dado que en los contextos recreativos es habitual que una persona consuma más de una dosis por evento, y a efectos de no subestimar el volumen, estimamos conservativamente que cada consumidor pasivo puede llegar a ingerir dos líneas por ocasión, elevando así su consumo anual estimado a un rango de 0,96 gramos a 1,44 gramos, lo que implicaría un consumo agregado de entre 53 y 80 kilos anuales para este grupo.
En contraste, el consumidor intensivo puede consumir entre 1 y 2 gramos por semana, a través de varias dosis o “líneas” por ocasión. Si se asume un promedio de 2 gramos semanales, esto representa un consumo anual de 104 gramos por persona, lo que totaliza unos 1.443 kilos anuales para este grupo de 13.880 consumidores intensivos. Por su parte, el segmento de usuarios pasivos, 55.520 personas, con un consumo estimado de entre 0,96 y 1,44 gramos anuales por persona, representaría un consumo agregado de entre 53 y 80 kilos anuales.
Sumando ambos segmentos, el consumo total de cocaína en Uruguay se estima en entre 1.496 y 1.523 kilos anuales, lo que representa un mercado moderado o bajo. Esta estimación incorpora tanto la concentración del consumo en una minoría intensiva como el peso agregado del uso recreativo ocasional (sin tomar en cuenta el corte del producto).
Desde el punto de vista económico, el volumen de ganancia en el mercado de cocaína en Uruguay es bajo. El precio al por mayor de un kilo de cocaína ronda los US$ 7.000, mientras que el precio promedio al consumidor final es de US$ 15 por gramo (equivalente a unos 600 pesos uruguayos). Esto significa que, una vez fraccionado, cada kilo puede otorgar un ingreso bruto de US$ 15.000 en el mercado minorista. La diferencia entre el precio mayorista y el ingreso por venta al menudeo representa una ganancia bruta estimada de US$ 8.000 por kilo, antes de descontar costos logísticos, pérdidas por decomisos o márgenes distribuidos entre intermediarios. Si el consumo nacional se sitúa entre 1.496 y 1.523 kilos anuales, el ingreso total del mercado podría oscilar entre US$ 22,4 millones y US$ 22,8 millones al año, reflejando una actividad ilícita de rentabilidad significativa incluso en contextos de consumo moderado.
Diversos informes confirman que Uruguay se consolidó como un punto estratégico para el envío de cocaína hacia Europa, en especial a través del Puerto de Montevideo, que ha ganado centralidad por su conectividad regional, los bajos niveles de fiscalización y la reputación de confiabilidad comercial. En este esquema, grupos criminales transnacionales pagan a organizaciones locales con producto (kilos de cocaína) a cambio de almacenamiento, acopio, protección y servicios logísticos. En consecuencia, una fracción de esa droga queda en territorio nacional para su distribución y consumo.
No tiene sentido económico introducir miles de kilos de cocaína solo para abastecer una demanda local que apenas supera la tonelada anual, con un margen de venta que apenas triplica el precio mayorista. En efecto, uno podría decir que no tiene sentido económico ingresar el producto a Uruguay para su venta al mercado local, ya que el valor de reventa de la cocaína en Europa multiplica por 10 el precio regional.
Por ejemplo, en Francia, se estima que el 2,7% de la población adulta consume cocaína anualmente. Con una población de aproximadamente 68 millones de personas, esto representa cerca de 1.836.000 consumidores. Aplicando nuevamente el principio de Pareto, podemos asumir que el 20% de estos usuarios (unas 367.000 personas) concentra el 80% del volumen total consumido, siendo consumidores intensivos. Si cada uno de estos usuarios intensivos consume en promedio 2 gramos por semana, el consumo agregado anual de este grupo sería de alrededor de 38.168 kilos (367.000 × 2 gramos × 52 semanas). Asumiendo un precio promedio de US$ 75.000 por kilo en el mercado francés, el valor económico del consumo de este segmento intensivo alcanzaría los US$ 2.862 millones anuales.
Esta estimación excluye el 20% restante del volumen total consumido, que corresponde al 80% de los consumidores (aproximadamente 1.468.800 personas), los usuarios ocasionales. Si este grupo representa el 20% del volumen total, entonces su consumo anual sería de unos 9.542 kilos. Este volumen, a un precio de US$ 75.000 por kilo, equivale a US$ 715 millones adicionales. Por tanto, el mercado total de cocaína en Francia asciende a alrededor de 47.710 kilos anuales, con un valor estimado de US$ 3.577 millones.
Si Uruguay no formara parte activa de la cadena de suministro hacia Europa, no existiría razón lógica ni económica para que la cocaína ingresara al país —a diferencia de lo que ocurre con otros países de la región donde el consumo interno sí justifica parte de la oferta—. El mercado local, limitado en volumen y con márgenes relativamente estrechos para este mercado ilegal, no alcanzaría para sostener por sí solo una operación criminal estructurada ni justificaría la inversión de grupos transnacionales. En consecuencia, los grupos transnacionales perderían, al menos de forma parcial, interés en el mercado de Uruguay y los grupos criminales locales. Una hipótesis plausible es que la cocaína que circula en Uruguay es un excedente residual del sistema de pagos y logística criminal que vincula a proveedores regionales con redes europeas. El país no es el destino: es una estación intermedia en un mercado ilegal global que genera miles de millones en mercados lejanos.
A pesar de las limitaciones de datos disponibles, el análisis se basa en supuestos conservadores y patrones documentados, lo que permite sostener la idea central: el mercado local es marginal frente al peso del rol logístico que hoy ocupa Uruguay en el tráfico internacional. Mientras el mercado uruguayo de cocaína genera poco más de 22 millones de dólares al año, el francés supera los 3.500 millones (solo considerando un país de la Unión Europea): para las redes criminales, Uruguay no es el negocio, es solo el puente.
Gonzalo Croci
Doctor en Ciencias de la Seguridad y el Crimen