• Cotizaciones
    sábado 28 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Sobre el reestreno de ‘Los muertos’, de Florencio Sánchez

    Sr. director:

    El reestreno de la adaptación musical, el 17 de julio próximo en la Sala Balzo del Sodre, por Tabaré Rivero, de Los muertos, de Florencio Sánchez, y la presentación de la pieza en la gacetilla de prensa y en diversos programas de televisión como una “obra sobre los males del alcoholismo” nos sugiere las siguientes observaciones.

    La incomprensión de Sánchez por su posteridad, incluyendo a los uruguayos de hoy, es flagrante en Los muertos (1907). Se la considera una obra sobre el alcoholismo: “Un dramón que explota todos los recursos de la sensiblería para mostrar la ruina de un hombre y su familia a causa del alcohol” (Giusti); “Lisandro, víctima de su vicio alcohólico irrefrenable, ha perdido poco a poco todas las partes nobles y respetables de su yo. Le queda solamente su sentimentalismo enfermizo de borracho” (Dora Corti, Florencio Sánchez, Buenos Aires, 1937). Zum Felde, en Proceso intelectual del Uruguay, escribió: “La abulia, que ha llevado a Lisandro por el despeñadero del alcoholismo... Los muertos es una de sus más hondas manifestaciones de piedad fraternal hacia los vencidos de la vida”.

    Calificar a Los muertos como una obra sobre el alcoholismo es calumniar a Sánchez, adjudicándole el propósito parroquial de mostrar los peligros del alcohol; y tal vez para no enfrentarse con la obra como es, ningún comentarista enuncia su argumento. Helo aquí.

    Amelia se ha separado de su marido, Lisandro, un alcohólico con quien tiene un niño, Lalo; no se ha decretado el divorcio. Decidida a disfrutar de su juventud y de su vida, emprende amores con Julián, rico y buen mozo, a quien dice querer; también en el mismo párrafo dice que lo ha aceptado “antes que seguir pasando miseria”. Lisandro conoce y tolera la relación extraconyugal de su esposa.

    Julián, que fuma cigarros de hoja, inferioriza a Amelia y le ordena, “porque se me antoja”, que se muestre a medio vestir y alude groseramente a sus relaciones sexuales: “Jesús!... Te alcancé a ver un poquito y... Bueno vos tenés la culpa. ¡Nunca te habré visto los brazos!”. Aun la reprende: ”¿Te pensás que inútilmente se tienta la curiosidad de un hombre?”.

    Amelia sabe enrostrar a Lisandro este vibrante discurso: “¡Matame! Sería lo único que te quedara por hacer... estarías en tu derecho, desde que sos el marido... A ustedes les permite todo la ley, la sociedad, y qué sé yo, hasta la religión... ¡Encima el marido se arroga el derecho, amparado por la ley y la sociedad, de matar a la infeliz mujer que ha tenido el coraje de emanciparse... y reclamar su parte de dicha en esta vida!”.

    No obstante esta vibrante declaración de derechos del erotismo femenino, Amelia se deja dominar por Julián, que la induce a concurrir a un bar donde, en vez del encuentro de enamorados que ella supone, será presentada a Ricardo, Luis, Antonio y Jorge, jóvenes y bullangueros amigos de Julián, afectos a provocaciones y desmanes en lugares públicos; borrachos y pendencieros. Detenidos el día anterior por la Policía y liberados mediante un soborno, estos señoritos patoteros provocan a una familia alemana que se retiraba del bar, tirándoles un platillo de estopa; hacia el fin, Agustín incorpora al grupo a una prostituta, María Julia. Lisandro llega al bar y fraterniza con el grupo; Julián aplacará con dinero a un policía que acude por un incidente insensato entre Lisandro, un camarero y el supervisor. Amelia, que va “a iniciarse” con Julián, según dice Ricardo, es examinada y sopesada por el grupo de señoritos, que la llaman “la nueva”, comentan que “es regular” (Agustín), “no… muy turra” (Ricardo) y “bastante competente” (Jorge). Se prometen: “Ya la amansaremos” (Ricardo).

    En el tercer acto, el grupo de juerguistas, guiado por Julián, llevando a Amelia y provisto de tres botellas de champagne francés Cordon Rouge, invade el hogar donde viven Amelia, su hijo y su madre, Doña Liberata. Amelia intenta inútilmente expulsarlos, Julián quiere trasladar la juerga a allí y aun subirla de tono, sacando de escena a doña Liberata, a quien intenta sobornar; al lector le corre aquí un frío por la espalda presintiendo una orgía sin límites, en la que Amelia será de todos. El plan es interferido por la llegada de Lalo, el hijo de Amelia y Lisandro; para sacarlo de escena, Julián le hace beber whisky.

    Durante toda la obra, Lisandro, que se ha unido a los juerguistas y los acompaña en su invasión a lo que fue su hogar, ha tenido fantasías de muerte: matarse él, matar a Amelia, a un mozo del bar y al supervisor. Al adivinar los planes de los juerguistas, degüella a Julián; se propone, además, matar a Ricardo, a Jorge, a Luis, a Amelia y aun a su hijo. Al razonar que ya están todos muertos, desiste y deja caer el cuchillo.

    El propósito aparente de Sánchez en Los muertos al comienzo de la pieza es declarar el derecho a la libertad sexual de la mujer separada del marido, aunque no haya comenzado el juicio de divorcio, con tal de que, fiel al principio del respeto por la verdad, no medie engaño; pero su tema es el abuso de poder de los hombres de clase alta, el señoritismo en acción. María Julia dice que ni Julián ni uno cualquiera de sus amigos es malo: son portadores de un espíritu de clase depredador, más que explotador, ya retratado por Sánchez en una de sus primeras obras, Los curdas. No son depravados: son la juventud dorada, los “pitucos”, para emplear un argentinismo-uruguayismo hoy fuera de moda; son caprichosos y derrochones, disfrutan con humillar y corromper, ven en la mujer un juguete. El destino de Amelia, una vez disciplinada, es ser usada por todos los amigos de Julián y, al fin, acompañar a María Julia en la calle.

    Lisandro no es, contra lo que cree Zum Felde, el destinatario de una “piedad fraternal hacia los vencidos de la vida”. La escena del primer acto en que Lisandro se acerca a Amelia con el pretexto de regalarle unos botincitos a su hijo Lalo lo muestra mucho más rastrero que paternal; y la pieza toda dice que Lisandro es tan autoritario como Julián y que, con dinero, actuaría como los demás juerguistas. Es un borracho, como todos ellos, pero en el último cuadro redime a su familia y es su vengador.

    Creo que Florencio Sánchez no sentía ninguna “honda manifestación de piedad fraternal hacia los vencidos de la vida”. Su vida política fue decirles a los “vencidos de la vida”: “Basta ya de lágrimas. Levántate como un hombre y lucha por tu emancipación, tu libertad, la igualdad y la justicia”.

    Jorge Arias

    // Leer el objeto desde localStorage