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Viene de antes. Superada la era industrial, las poblaciones alrededor del lugar de trabajo se dispersaron con este. El transporte de todo tipo, desde birrodados hasta buses, pasó a integrar la vida de las mayorías y la vivienda dejó de ser fija para toda la vida de una familia por nuevas generaciones que tienden a ser trashumantes, casi ciudadanos del mundo. Los barrios obreros se amplificaron tomando difuso carácter urbano para la vida y actividad de las mayorías. Y, por ende, también las ciudades, pero con menores densidades de población sobre el territorio. Las distancias físicas y las conexiones entre ellas configuran metrópolis regionales cuyas infraestructuras y servicios sirven a todas. Por eso en nuestro país la división administrativa en departamentos e intendencias necesita integrarse al respecto.
Un nuevo abordaje. Los buenos propósitos de los flamantes intendentes hacen referencia a la sociedad, sus necesidades actuales y futuras sobre el territorio. Deben basarse en estudios e investigaciones adecuados a la actualidad y al comportamiento de dicha sociedad y con el planeta. Sobre todo, con dos actividades en ejercicio desde escaso tiempo con respecto a períodos de la humanidad sobre dicho planeta: habitar y movilizarse en la globalización liderada por comunicaciones y transportes. El hecho de habitar merece un análisis que haré por separado al focalizado por los intendentes actuales. En sus anuncios admiten la difuminación de los límites departamentales perforados por la descentralización y la dispersión de ambas. Se deben cuantificar sus flujos horarios entre salidas y destinos y deducir configuraciones del complejo sistema vivo que protagonizan.
Dos imprescindibles insumos. No basta con obtener cifras, incluso demográficas y tendencias. Debe incluirse la diversidad de nuevos y eficientes transportes con las nuevas tecnologías y, sobre todo, asociados a una urgente disminución de energías que atentan sobre el ambiente. Implicados en este, la elección del medio físico, terrestre, acuático o aéreo, en el cual transportar. Si a esta altura de la lectura creen que desvarío, les recuerdo que Uruguay tiene una topografía afín al uso de cualquiera de ellos. El uso primordial de las vías terrestres ha hecho olvidar que otrora barcos y aviones conectaban ciudades de la mitad del país. Y que ambos son más seguros que el transporte carretero saturado por vehículos de carga material y humana.
Otro insumo. La relación costo-beneficio debe medirse en función de sus prestaciones a la sociedad no supeditadas a usuarios y su contribución, léase, pasaje. Experiencias cercanas en la región se unen a otras en tierras de mis ancestros. En Montpellier el transporte público es gratuito al estar basado en el derecho a la movilidad. Es solo un ejemplo que en nuestro país se puede financiar con impuestos de emprendimientos inmobiliarios privados que usan las infraestructuras de suministro de agua, corriente eléctrica, carreteras e instituciones públicas como la educación y el cuidado de la salud. Todo ello incluido en el valor-ciudad producido por generaciones de habitantes históricamente. Y el daño colateral de gentrificación que analizaré en otro artículo.
Efectos sobre y desde la ciudad. En verdad la selección de transporte público debe tener en cuenta la relación habitante-ciudad. El ciudadano integra la ciudad física y psíquicamente, con su cuerpo y sus sentidos. La visión, el habla, el oído y hasta el olfato alimentan su pertenencia e identidad en sus actividades vitales, que incluyen la movilidad.
Neutralizar daños colaterales. Es oportuno retrotraer la saturación y la ineficiencia del tránsito monopolizado por automotores privados en rutas territoriales y calles urbanas. Competir para ello con transportes públicos menores en costo y tiempos por usuario y mayores en seguridad agregada por la exoneración de manejo. Hasta ideológicamente es mejor, pues nada más democrático y eficiente que el transporte colectivo.
Objetivos de un sistema multimodal. Del aprovechamiento de todos los medios físicos se desprenden sistemas multimodales de transporte con nodos de flujos usuarios. En teoría, análogos a la trama de la infraestructura eléctrica en el país que permite entradas y salidas de energía en todo el territorio. Y, también análogamente, conexión con los países vecinos.
Abarcar la metrópolis. Percibo las dificultades técnicas y financieras para este megaemprendimiento en un ámbito adecuado conformado por los departamentos de Montevideo, Canelones y San José. Pero aprecio sobremanera lo que proponen los intendentes. La oportunidad histórica para obras trascendentes se abre a la concreción de excelentes propósitos.
Arquitecto (j.) Luis Fabre