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    Un llamado a la sensatez

    Sr. director:

    Motivan la presente una carta del Dr. De Posadas y un artículo de la Sra. Scorza de la edición del 24 de julio de este semanario. Ellos enfocan la urgencia de atender la situación de la pobreza infantil desde una mirada ética; eso es muy loable y compartible a lo ancho de toda la sociedad uruguaya, pero me permito agregar una visión adicional, personal y profundamente egoísta.

    Según indicadores recientes, cerca del 30% de niños y adolescentes enfrenta situaciones de pobreza multidimensional; no solo se ven privados de ingresos suficientes, sino también de acceso adecuado a educación, vivienda digna, salud y oportunidades de desarrollo. Si, además, consideramos que la evolución demográfica del Uruguay apunta a que este rango etario sea cada vez más chico en términos relativos y absolutos, todos tenemos razones para estar preocupados.

    A mis 60 años, con la esperanza de mantenerme en pie por al menos un cuarto de siglo más, no puedo dejar de preguntarme quién aportará para que mi jubilación llegue puntual cada mes si hoy alrededor del 60% de esos jóvenes no logran culminar la educación secundaria. ¿Quiénes nutrirán el mercado de trabajo formal de calidad si la mayor parte de la juventud queda varada entre el desencanto y la falta de oportunidades educativas?

    El país enfrenta hoy demandas presupuestales infinitas; algunas muy atendibles a corto plazo, como dedicar más recursos a la rehabilitación de presos. Pero muchas otras de las que se plantean son necesidades mucho menos acuciantes que atender a esos niños hoy para darles un futuro mejor.

    Se está constituyendo un grupo de análisis de la seguridad social en la que aparecen la política y diversos grupos de interés; es de esperar que surjan de allí propuestas de asignaciones de recursos que favorezcan a sectores adultos y ancianos de la sociedad. Otra vez estaremos priorizando a la gente equivocada.

    El ministro Oddone ha dicho que hay un pequeño espacio fiscal en este próximo Presupuesto de US$ 140 millones; parece claro que la mayor parte de esa plata debería destinarse a ese esfuerzo por la infancia. No solo se estaría dando una señal ética respecto a dónde están las prioridades de la nación; también se nos dará a los viejos un mensaje positivo respecto a que tendremos la seguridad de cobrar nuestras jubilaciones, y, de yapa, gozar de una sociedad más integrada, y, sin lugar a dudas, con mayores niveles de seguridad a mediano y largo plazo.

    Sincerémonos, sin una base sólida de futuros trabajadores, quienes ya peinamos canas veremos peligrar más que nunca nuestros ingresos de retiro. Si la empatía intergeneracional no nos conmueve, que al menos funcione el instinto de autopreservación.

    Ing. Ernesto Bastarrica

    CI 1.706.449-1

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