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Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?
(“¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?”)
¿Hasta cuándo veremos los monumentos en total oscuridad, señores gobernantes? Me refiero al estado de los monumentos que ilustran y adornan nuestra ciudad capital, dejados en penosa oscuridad desde hace semestres.
¿A quién se debe tan fría injuria? ¿Por qué y con qué fin fueron erigidos y plantados allí? Seguramente para recordar y llamar a honrar hechos históricos y personas beneméritas y honorables cuyo ejemplo debemos cultivar. Pasan los años y nos alegra ver a los constituyentes y fundadores en el bellísimo y artístico Obelisco, ¡inexplicablemente a oscuras!
¿Cómo no recordar al papa Juan Pablo II, que distinguió a nuestro país y a su grey católica con dos visitas y cuyo gesto hizo eternizar en esa cruz monumental un presidente agnóstico pero admirablemente respetuoso de los credos, como Julio María Sanguinetti? Pero increíblemente está a oscuras, como también lo están el monumento a la V de la victoria de Luis Batlle Berres, en bulevar Artigas, y el monumento al Ejército, en General Flores.
¿Quién no admira hasta la emoción monumentos como el de la diligencia, en el Prado, o el de la carreta, tan propia nuestra, en Parque de los Aliados, y tantos otros, como el de los charrúas, junto al Rosedal? ¿No hay quien los repare y reconstruya de los atentados de los que han sido objeto?
Así podríamos seguir lamentando sacrílegos atentados contra esos altares de la memoria patriótica.
Por todo esto, cuando vemos derramar tanto dinero en festivales casi artísticos y pasajeros, nos preguntamos: ¿a quién corresponde el cuidado y cultivo de los monumentos que hermosean nuestras avenidas y paseos? Recursos hay. ¿Cómo es posible que desde hace semestres pasen las noches a oscuras y sin que se reparen los estragos que les han infligido esas manos incalificables?
Sería inimaginable que los ministerios de Educación y Turismo, con la Intendencia de Montevideo, crearan un “equipo de cuidado”, integrado por arquitectos y empleados, cuya única finalidad fuera el mantenimiento y renovación de los munumentos, verdaderas cátedras de patriotismo y memoria histórica.
Hacemos votos por su pronto y luminoso cambio para alegría de todos los ciudadanos, especialmente de las generaciones en desarrollo. Ojalá que nuestros Catilinas nos alegren con su luminosa y pronta gestión; ojalá que nuestra Montevideo luzca en el coro de capitales luminosas como París, Roma y Buenos Aires y sus monumentos desfilen como los más destacados del barrio.
Ángel Alfonso