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    El gobierno baja proyección de crecimiento del PIB: ¿“optimismo” oficial o correcciones tardías?

    Analistas privados admiten que ellos tienen más instancias para corregir sus estimaciones macro en comparación con las autoridades económicas

    El Poder Ejecutivo corregirá a la baja sus proyecciones de crecimiento económico en la próxima Rendición de Cuentas, que enviará al Parlamento en pocos días. No es la primera vez que ocurre un recálculo —y probablemente no será el último—, y con ello se vuelve a instalar una discusión que se ha dado en diferentes administraciones en torno a cuánto puede crecer realmente Uruguay, cuánto de exceso de optimismo en las estimaciones oficiales y qué implica para las cuentas públicas proyectar una economía más dinámica de la que finalmente aparece en los datos.

    El tema está lejos de ser meramente técnico. Las proyecciones de crecimiento son la base sobre la que se construye la planificación fiscal: ingresos, gasto, resultado y deuda. Cuando el crecimiento es menor al esperado, la recaudación tiende a acompañar, y eso obliga a ajustar la trayectoria de las cuentas públicas.

    El último dato del Producto Interno Bruto (PIB), divulgado el lunes 15 por el Banco Central (BCU), confirmó un patrón que se viene repitiendo: la economía crece, pero sin demasiado impulso. En el primer trimestre del año, el PIB avanzó un 0,9% frente al mismo período de 2025. El consumo y las exportaciones mostraron cierta tracción, pero la inversión volvió a retraerse. Por sectores, el agro y la construcción se contrajeron.

    El año pasado, al elaborar el Presupuesto quinquenal, el Ministerio de Economía (MEF) previó que el PIB en el promedio de 2026 crecería un 2,2%, pero ante los efectos de la guerra en Medio Oriente y de alta incertidumbre internacional anunciaron que de cara a la próxima Rendición de Cuentas bajarán esa previsión a una cifra en torno a 1,6%. De todas maneras, el oficialismo está discutiendo una eventual ampliación del gasto para el 2027.

    El Consejo Fiscal Autónomo (CFA), que forma parte de la institucionalidad asociada a la regla fiscal, recomendó al MEF adoptar medidas de reducción de gastos en un escenario de menor crecimiento económico que el proyectado. “No sería bueno para la credibilidad” de la regla que se incumpliera en su primer año después de haber sido modificada en la Ley de Presupuesto, dijo en marzo en Búsqueda Jorge Roldós, uno de los tres consejeros.

    Errar es habitual

    En 2020, después de presentado el proyecto presupuestal de la administración de Luis Lacalle Pou y en un escenario de pandemia, también estuvo planteado un debate en torno a si las proyecciones macro gubernamentales eran o no “optimistas”. “Que me diga el analista que sostiene eso cuánto entiende que va a crecer la economía uruguaya en el quinquenio: ¡¿1% anual?, ¿1,5% anual?! Realmente creemos que un 2,3% de crecimiento promedio anual (...) es claramente realista y alcanzable”, defendió en Búsqueda Marcela Bensión, entonces coordinadora de Política Económica del MEF.

    Silvia Rodríguez, investigadora del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve) y de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, advirtió que, cuando se habla de errores en las actuales proyecciones oficiales, hay que precisar qué se está evaluando. “Cuando dicen los errores de pronóstico del gobierno, ¿en qué estamos pensando? En lo que se presenta en el Presupuesto y cinco años después se evalúa. Porque si eso es así, seguro que va a haber errores de pronóstico siempre”, sostuvo consultada por Búsqueda.

    Según explicó, las proyecciones puntuales tienen una probabilidad muy baja de cumplirse exactamente, porque la información disponible cambia a lo largo del tiempo. Rodríguez comparó las proyecciones oficiales incluidas en distintos presupuestos con lo que finalmente ocurrió y encontró errores en ambos sentidos. En el de 2020-2024, dijo, se proyectó que la economía iba a crecer a un promedio anual de 2,3% y lo hizo un 1,4%. Para 2015-2019 la estimación era de 2,8% y fue 0,9%. En cambio, en 2010-2014 se pronosticó 4,6% y el PIB creció 5,2% promedio anual, mientras que en 2005-2009 se proyectó 3,8% y finalmente fue 5,9%.

    “Ahí ves que hay errores de pronóstico con un signo y con otro” y “uno no podría afirmar que, en forma sistemática, los gobiernos tienen un sesgo optimista de sus proyecciones”, afirmó la economista del Cinve, un centro de análisis al que han estado vinculados actuales y exjerarcas de gobiernos del Frente Amplio.

    Rodríguez recalcó que sus comentarios son a título personal. Ella acaba de ser designada por el Poder Ejecutivo como nueva integrante del CFA.

    Un escenario que algunos ven exigente

    Esa lectura no impide que algunos analistas consideren que el escenario actual ya era exigente desde el arranque. Ramiro Correa, economista jefe del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), afirmó a Búsqueda que las estimaciones oficiales partían de una tasa de crecimiento promedio de 2,4% anual para el quinquenio, por encima del 1,3% registrado en la última década. “Mirando el pasado, uno ya veía que esas proyecciones de crecimiento eran bastante optimistas sin haber ninguna razón de fondo”, agregó.

    A su juicio, el desvío combina un escenario inicial exigente y un deterioro posterior de las condiciones externas. “Luego lo que terminó pasando, lamentablemente, es que el contexto internacional se volvió algo más adverso, lo cual recarga nuevamente más dificultad para lograr las tasas de crecimiento optimistas que previó el gobierno”, dijo.

    El resultado es una convergencia de proyecciones hacia números más moderados. “Desde el CED proyectamos un 1,2% de crecimiento para este año”, afirmó Correa. El consenso privado relevado por las encuestas de expectativas se ubica más cerca de 1,3%.

    El CED fue ajustando a la baja sus proyecciones para 2026, que inicialmente eran de una expansión del PIB de 1,9% en el supuesto de que no sucediera ningún shock inesperado.

    ¿Los privados aciertan más o corrigen antes?

    El debate suele derivar en otra pregunta: si los analistas privados son más precisos que el gobierno o si simplemente corrigen antes. Los economistas consultados se inclinan por la segunda explicación.

    La diferencia principal no está tanto en la capacidad de anticipación como en la frecuencia con la que se comunican públicamente los ajustes. El gobierno actualiza formalmente en instancias más espaciadas, como las rendiciones de cuentas anuales.

    “Somos más flexibles” que lo que son las autoridades económicas al mostrar las proyecciones, dijeron desde BBVA Research. En el caso de ese banco, explicaron que revisan sus estimaciones trimestralmente, una vez que se publican los datos del PIB, y que siguen distintos indicadores para evaluar cómo viene la economía.

    Reconocieron que esa mayor flexibilidad no implica necesariamente mayor precisión. “Quizás pecamos por ser muy conservadores y en realidad no es 1,3% y es 1,5% (el crecimiento de la economía uruguaya en 2026); nadie tiene la bola de cristal”.

    ¿Cómo se arma una proyección?

    Los economistas consultados coincidieron en que las estimaciones combinan modelos estadísticos, supuestos sobre los componentes del PIB, indicadores recientes y juicio experto. Rodríguez lo resumió así: “Cada cual tiene su modelo”. Pero ningún modelo puede capturar toda la realidad. “Un modelo es como un croquis de lo que considerás más relevante para tomar en cuenta”, dijo.

    En la práctica, se parte de variables claves relacionadas con el nivel de actividad —consumo, inversión, exportaciones, importaciones y gasto público— y luego se ajusta el escenario con la información nueva.

    Correa explicó que en el CED utilizan modelos que toman datos históricos de la economía uruguaya y buscan “extraer patrones del pasado” para proyectarlos hacia adelante, pero aclaró que después esas estimaciones se van “calibrando” con los datos de la coyuntura.

    En una economía chica y abierta como la de Uruguay, también pesan factores externos, como el desempeño económico de los países vecinos, los precios internacionales de productos de exportación e importación —en particular el petróleo—, las condiciones financieras globales y los aspectos climáticos. Así, una proyección no es una predicción cerrada, sino una estimación que se actualiza cuando cambia la información disponible.

    El límite de crecer solo con consumo

    Uno de los puntos en los que coincidieron los analistas es que, últimamente, el consumo ha sido un sostén relevante de la actividad económica. Los expertos de BBVA Research marcaron que “el 60% es el consumo privado” y que eso “le ha permitido no caer en desgracia” al PIB uruguayo.

    Pero el consumo no alcanza para elevar el crecimiento de mediano plazo si no mejora la inversión. Sin un aumento significativo de la capacidad productiva, el país no va “a lograr ese crecimiento fuerte del PIB”, advirtieron.

    Ese es, para los analistas, uno de los principales límites de Uruguay. En una presentación para periodistas efectuada el martes 16, BBVA Research describió una etapa de crecimiento estructuralmente bajo, con baja productividad, inversión reducida y escasa escala de mercado.

    Correa hizo un diagnóstico similar: “Uruguay precisa invertir más”. Según una estimación del CED, para crecer a una tasa de 2,5% anual, la inversión debería ubicarse en torno a 20 puntos del PIB, frente a los 16 puntos registrados en 2025.

    El impacto fiscal de crecer menos

    La discusión sobre el crecimiento se conecta con las estimaciones fiscales. Como explicó Rodríguez, el ritmo al que crece la economía “involucra una trayectoria prevista tanto de ingresos como de gastos del gobierno” y eso “es determinante”.

    Correa señaló que “la recaudación que haga el Ministerio de Economía y Finanzas de impuestos, de tasas, de tarifas, de todo lo que recauda, obviamente está íntimamente ligado al dinamismo de la economía”. Por eso, advirtió, si el crecimiento proyectado fue optimista, también puede serlo la recaudación esperada.

    Desde el CED se ha cuestionado la gestión fiscal de la actual administración, en el entendido de que no ha hecho un ajuste por el lado del gasto. El ministro de Economía, Gabriel Oddone, replicó entrevistado en el programa En perspectiva atribuyéndole a ese centro de análisis un sesgo “partidario, o por lo menos (...) un enfoque ideológico claro y de orientación cercana” a la administración pasada.

    Desde BBVA Research coincidieron en que un menor crecimiento implica una corrección más lenta del déficit fiscal. “Pensamos que va a haber una mayor gradualidad”.

    Para la economista del Cinve, que el gobierno revise sus proyecciones en la Rendición de Cuentas es una señal positiva: “Está muy bien incorporar la nueva información y corregir”. La discusión de fondo, sin embargo, vuelve al mismo punto: cuánto puede crecer Uruguay.