—La producción del “núcleo duro” industrial acumulaba una leve caída hasta octubre pasado. Superada la sequía y la diferencia cambiaria con Argentina, ¿por qué siguió frenada la actividad?
—La primera parte del año pasado fue en caída, luego se empezó a estabilizar y hubo un repunte, y después el sector se quedó en una meseta. Todo el sector industrial va a cerrar el 2024 con crecimiento leve, básicamente por la puesta en marcha de la segunda planta de UPM. Cuando uno saca las zonas francas, el sector industrial permaneció estable, sin crecimiento. Son varias las razones. Tuvimos bastantes problemas con el comercio con Argentina, que afectó mucho. Este año hay que monitorear que no nos suceda lo mismo con Brasil. Pero la mayor dificultad para que el sector industrial por fin empiece a crecer en forma sostenida es la competitividad. Necesitamos competitividad.
—¿Qué nivel de actividad proyecta para el sector en 2025?
—El año que pasó fue de transición en el crecimiento del sector y en puestos de trabajo. Si a eso agregamos las incertidumbres con un nuevo gobierno —que no importa de qué signo político sea— y lo que está sucediendo con Brasil y con la economía mundial, va ser un año bastante estable, no de grandes crecimientos. Eso genera cautela, porque no hay grandes inversiones en el sector industrial; diría que la inversión del último año fue bastante chata.
—El de la competitividad es un reclamo repetido en los últimos años, además del “atraso cambiario”...
—No analizo la competitividad por atraso cambiario, un tema más que nada monetario, que, obviamente, afecta en la forma que nos medimos con los países. Hablo de algunas variables que son internas, que dependen solo de nosotros como país, que son las que tenemos que ir atacando para que la industria pueda competir y crecer sostenidamente.
—Con el dólar llegando a $ 44, ¿mejoró la competitividad de las empresas?
—El tipo de cambio impacta tanto al que exporta como al que se dedica al mercado local. Porque, con atraso cambiario, los productos importados que vienen son mucho más competitivos que los nuestros. El salto que dio el tipo de cambio obviamente da un alivio en cuanto a competitividad, a los costos internos que tenemos en pesos. Pero se da en un contexto donde también hubo salto cambiario en todos los países; el salto en Brasil fue muy superior al que hubo acá.
Un gran desafío para el nuevo gobierno es controlar el déficit fiscal y mejorar la regla fiscal. En la medida que Uruguay no empiece a controlar su déficit, va a seguir habiendo una diferencia cambiaria, porque al ser un país seguro van a seguir entrando dólares y Uruguay va a seguir teniendo una necesidad de endeudarse.
—¿Se recuperó rentabilidad?
—En general, no tenemos sectores con buena rentabilidad. Hay empresas que están endeudadas en dólares. Mejoró la situación en algunos meses y generó un alivio en algunos costos en pesos, como el energético o la mano de obra. De ahí a llevarlo a mejora de rentabilidad, hay que analizar puntualmente por empresa.
—¿Qué otros factores internos es preciso cambiar para mejorar la competitividad?
—La cantidad de regulaciones que tiene el Uruguay para la industria, que afectan el comercio y se transforman en barreras de entrada.
Hay que apoyar y ayudar a crecer a las micro y pequeñas empresas, que son las que más nacen en Uruguay, pero a las que les cuesta mucho sostenerse y evolucionar. Es decir, las que nacen micro, mueren micro. A las que son pequeñas, les cuesta pasar a ser medianas, y así. Tenemos que buscar mecanismos para darle cierta facilidad a ese tipo de empresas para que se desarrollen y ayuden al crecimiento del país.
Me ha tocado hacer muchas mentorías en estos años a mipymes y el mayor problema es que les cuesta mucho transformarse en una empresa estable, en que ese emprendimiento no sea un autotrabajo. Hay muchos programas dispersos en distintas partes del Estado, pero son como parches que tratan de ayudar en determinado momento. Pero tiene que haber una política país para que este tipo de emprendimientos sean autosuficientes, darles los instrumentos para que se puedan establecer y desarrollar, porque si no, los estamos matando antes de que empiecen. Por ejemplo, el trámite de habilitación del Ministerio de Salud Pública (MSP) cuando se desarrolla un producto alimenticio, de maquillaje, químicos, etcétera, cuesta US$ 1.300. Desarrollar cinco productos es inviable. Ni hablar que ese trámite puede durar ocho meses o un año. No hay una diferenciación entre una multinacional y un emprendedor que está arrancando. Pasa lo mismo con el tema salarial, porque el Consejo de Salario determina un mínimo por rubro o por sector y es el mismo si tengo cuatro empleados que si tengo 150. Es una barrera fuerte de entrada que limita el crecimiento, que lo termina frenando. Hay espacio para una diferenciación, si es que queremos darle prioridad a la microempresa, al emprendedor.
Pueden venir a establecerse determinados proyectos grandes, con ciertos beneficios, porque es muy bueno y traccionan, pero hay que apoyar mucho más a las empresas pequeñas.
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Mauricio Zina, adhoc/FOTOS
—¿Qué otras medidas incluiría en esa “política país” para las mipymes?
—En las compras públicas, por ejemplo, que, además del precio de preferencia, puedan tener una reserva de cuota de mercado, como ocurre en otros países. Un instrumento bien utilizado, sin que se genere un sobrecosto para el Estado.
Que en todas las áreas del Estado los trámites sean mucho más accesibles, que tengan costos diferenciales, con escala (de valores) y que sean mucho más rápidos.
Hay un fondo industrial que hay que potenciarlo y quizás haya que crear uno específicamente para las microempresas.
Hay que encararlo como una política integral, sentarse a diagramarla y darle prioridad.
—¿Qué expectativas tiene la CIU con el futuro gobierno del Frente Amplio y las primeras señales del equipo designado?
—Siempre que hay un cambio de gobierno se genera cierta incertidumbre. Lo importante es que se vayan dando mensajes claros que ayuden a definir lo que tenés planificado para adelante.
Me quedo con las señales que tuvo el presidente electo cuando estuvo reunido en la CIU, donde le entregamos el plan para el desarrollo de la industria nacional. Fue una reunión superproductiva; él sabe la importancia de la industria nacional y la prioridad que tiene para que el Uruguay crezca.
No analizamos las personas, sino los cargos, y después empezaremos a ver la gestión.
El que termina fue un período complejo. Empezamos con problemáticas muy fuertes, como la pandemia. Destaco que estuvieron muy cerca, fue muy fácil acceder a los jerarcas y directores de la cartera. Esa cercanía va generando confianza, lo que ayuda mucho al sector empresarial. Lo mismo en el Ministerio de Trabajo.
Los puestos de trabajo en el sector venían cayendo desde el 2013 y, a pesar de la pandemia, de la seca, del problema con Argentina, se frenó la caída y hoy estamos estabilizados en 165.000 empleos directos. Eso es producto de que (el entonces ministro de Trabajo, Pablo) Mieres generó cierta confianza, claridad en las reglas del juego.
—¿Le preocupa la gestión que pueda hacer Juan Castillo como futuro ministro de Trabajo?
—No miro personas, sino cargos. Lo menciono a Mieres porque hay que destacar cómo se comportó como ministro. Y hemos tenido diferencias, pero siempre con base en un buen diálogo y reglas de juego claras. Entonces, si se replica ese modelo, va a ser muy sencillo.
La CIU tiene diálogo siempre con todas las autoridades, no importa el signo político, no importa el cambio de gobierno.
—¿Ve riesgo de que se retroceda con los cambios que en lo laboral aprobó esta administración?
—Creo que no, el país en general revisa muy poco, muy pocas veces va hacia atrás. Obviamente, las cosas buenas van a permanecer y lo que entiendan que haya que modificar, como todo gobierno, lo harán.
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Mauricio Zina, adhoc/FOTOS
—¿Prevé un aumento de la conflictividad sindical?
—No creo que suceda, porque en el sistema político en general hay gran preocupación por el empleo. Entonces, no se puede permitir más conflictividad. La conflictividad genera desconfianza, inseguridad y hace que el empresario deje de invertir y deje de tomar gente. No creo que eso sea bueno para el país. Van a tener que tener la habilidad, como todos los gobiernos anteriores, de manejar las cosas de la mejor manera para generar certezas. No puedo hacer futurología, pero, si la conflictividad es permanente, afectará directamente los puestos de trabajo.
—La carga impositiva también incide en las decisiones empresariales. ¿Confían en las medidas que sobre ello pueda tomar el futuro gobierno?
—Si nos guiamos por los intercambios que hemos tenido, no vemos que existan espacios para aumentos de impuestos o generar nuevos, porque se afectaría directamente la competitividad y las inversiones. Y, si uno empieza a analizar qué está sucediendo en la región, se va al revés, en el sentido de aliviar la carga. Hay que estar atentos, pero no lo vemos como una preocupación. Hay que seguir trabajando con los proyectos de la Comap (Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones), hacer que el trámite sea más rápido, porque hay muchos trámites del Estado que no tienen tiempo… Si ingresás un proyecto en la Comap, estás dos o tres años para que se apruebe.
—La competitividad en la región mejoró con Argentina y se complicó con Brasil por la brecha cambiaria, ¿cómo la evalúa la gremial?
—Creo que a partir de marzo o abril se va a empezar a notar un crecimiento importante en Argentina, que nos va a ayudar a traccionar la industria nacional. Lo que está pasando en Brasil es negativo y me hace acordar mucho a lo que pasó en los últimos años con Argentina. Nos genera una diferencia cambiaria importante y dificulta la competencia. Eso no solamente va a afectar las exportaciones; hay que tener mucho cuidado con el contrabando. Ahí tiene que hacer foco el gobierno, porque cuando la brecha es poca se afecta la zona limítrofe, pero cuando empieza a crecer el contrabando llega hasta el Centro de Montevideo. Eso, a la industria, la afecta en forma inmediata y también al empleo. Uruguay tiene que estar atento, no importa el signo político de los países vecinos y tener muy claro hacia dónde se va.
Es muy importante seguir de cerca qué pasa entre Argentina y Estados Unidos. Uruguay puede tener la oportunidad de favorecerse de ese relacionamiento por lo que significa el mercado de Estados Unidos.