Según un informe publicado este mes por Uruguay XXI, la facturación del sector aumentó 9% en 2024 y alcanzó los US$ 3.681 millones, equivalentes al 4,5% del PIB. Las ventas al exterior —63% del total— crecieron 7%, hasta US$ 2.323 millones. La CUTI reúne unas 400 empresas, la mayoría pequeñas y medianas, señaló su secretaria general, Inés Jakubovski.
“Somos una industria que no accede a financiamiento porque los bancos no les prestan a las empresas tecnológicas; al no entender nuestro negocio, no son capaces de valorar el riesgo”, afirmó. “No es como el resto de las industrias. Nosotros no tenemos maquinaria que prendar, no tenemos activos fijos, que es lo que muchas veces ayuda a solucionar”, agregó.
Esa dificultad se vuelve especialmente relevante ante el objetivo de modificar la composición del sector. Actualmente, explicó Jakubovski a Búsqueda, el 70% del negocio tecnológico corresponde a servicios, y el 30% a productos o propiedad intelectual. La CUTI pretende que el crecimiento futuro se concentre en esta segunda categoría, que permite escalar las ventas sin depender exclusivamente de la cantidad de personas y horas disponibles.
Para Perea, ese cambio requiere instrumentos financieros capaces de evaluar empresas basadas en activos intangibles. “Tenemos que encontrar soluciones, y nada de eso está en la ley de competitividad”, cuestionó.
A comienzos de este año, tras una sucesión de anuncios de cierres, reestructuras y despidos en compañías de servicios globales, la CUTI y el Poder Ejecutivo conformaron un ámbito de trabajo para analizar la pérdida de competitividad. Según Perea, hubo avances, aunque “hay cosas que todavía están por instrumentarse”. La cámara también detectó dificultades para que las empresas utilicen herramientas que ya están disponibles. “El instrumento y la intención están, pero después no impactan como tienen que impactar”, afirmó.
Perea señaló que, en algunos casos, el costo administrativo que supone acceder a un beneficio puede terminar siendo mayor que el propio beneficio. “No alcanza con buenas intenciones, hay que tener buenas implementaciones”, remarcó.
“No nos sentimos priorizados”
La CUTI también entiende que falta avanzar en la inserción internacional. Según Uruguay XXI, Estados Unidos recibió 77,6% de las exportaciones del sector en 2024, frente a 82,4% en 2023; Reino Unido concentró 9,8% y Chile 4%. “Uno de esos mercados se resfría y nosotros nos engripamos”, ilustró Perea.
La tecnología todavía no recibe suficiente prioridad dentro de las actividades oficiales de promoción de Uruguay en Estados Unidos. Perea sostuvo que el sector es uno de los principales exportadores hacia ese mercado, pero que la presentación internacional del país continúa girando, en buena medida, alrededor de los productos tradicionales. “Vemos que estamos promoviendo en Estados Unidos orgánicamente como país y hablamos de la carne y el vino. Y nosotros (…) no nos sentimos priorizados”, afirmó.
Paralelamente, la cámara participa en iniciativas para ampliar la presencia en Brasil y la Unión Europea, pero su presidente considera que no se ha logrado “avanzar juntos con el gobierno en abrir esos mercados realmente”.
La CUTI respalda el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, pero “no tiene nada específico (…) pensado para la industria” uruguaya, afirmó Perea.
A su juicio, “la inserción internacional (…) tiene que hacerse con otra velocidad, con otra impronta”, no solo para promover las empresas de software, sino a toda la industria del conocimiento. “No quiere decir que no hagamos el esfuerzo, no quiere decir que no nos llevemos divino con todas las autoridades”, aclaró. “Lo que les decimos es que estamos muy acostumbrados al tema de los bienes y como que nos cuesta, cuando llegamos a las acciones concretas, entender que realmente el futuro del Uruguay para nosotros está en combinar esos bienes y esos activos con la industria del conocimiento”.
Estrategia “más explícita”
Aunque Uruguay ya cuenta con infraestructura de centros de datos —entre ellos, Antel—, Google construye un centro propio en Canelones y la telefónica estatal acordó alojar infraestructura de Google Distributed Cloud en Pando, Perea considera que todavía hay espacio para desarrollar una “estrategia más explícita” e integral. Eso, sostiene, podría “atraer más jugadores de gran porte en el mundo” a Uruguay. “Vemos países así como Chile, que armó una estrategia que básicamente es plug and play; es decir, ‘tenemos todo listo, los lugares predeterminados, las conexiones energéticas y la energía asegurada, los marcos regulatorios, etcétera, y vení y ponelo acá y te doy todo armado’”, explicó.
“Creo que Uruguay no está a ese nivel, y la verdad es que nos encantaría que estuviera”, agregó.
Perea reconoció que los centros de datos, considerados de forma aislada, no producen grandes cantidades de puestos de trabajo. El interés de la CUTI radica en la posibilidad de atraer junto con ellos laboratorios, espacios de experimentación regulatoria y centros de desarrollo de compañías globales.
Jakubovski coincidió en que la relevancia excede a la infraestructura. “Ese desborde que genera la industria data center lo que refuerza es el concepto de Uruguay como hub tecnológico”, sostuvo.
El temporal todavía no pasó
La CUTI aún está procesando la información correspondiente a 2025, por lo que no dispone de un dato cerrado que permita determinar si el sector volvió a crecer en su actividad.
Perea entiende, de todos modos, que los efectos de la irrupción de la IA todavía no se han constatado. “No vemos hoy en día que esa etapa de expansión haya llegado. Creemos que la estamos sorteando bien”, dijo.
La transformación asociada a esta tecnología también alcanza al mercado laboral. La IA está redefiniendo los puestos junior y elevando las capacidades exigidas para ingresar al sector. Perea resumió ese cambio de manera contundente: “No es más ‘desempleo cero’. No es más ‘cualquiera que se forme un poquito enseguida consigue’”. Según explicó, todavía existe una demanda fuerte de trabajadores con mayor experiencia, pero “la barrera de entrada a la industria está más alta”.
La IA también puede convertirse en una palanca para que empresas uruguayas relativamente pequeñas atiendan clientes que antes requerían estructuras mucho mayores. “Hoy en día las empresas para impactar en el mundo necesitan equipos mucho menos multitudinarios”, sostuvo Perea.
“Estamos campeando bien el temporal, pero el temporal no pasó”, graficó. Luego corrigió la metáfora: “Esto cambió todo, es un tsunami, llámale como quieras, no importa”.
A pesar de esa transición, la nueva directiva mantendrá el objetivo de llevar la participación del sector desde en torno al 5% hasta el 10% del Producto Interno Bruto en 2030. Para conseguirlo, sostiene la CUTI, no bastará con que las empresas se adapten a la IA: será necesario resolver el acceso al financiamiento, acelerar la apertura de mercados y convertir la industria del conocimiento en una prioridad efectiva de la política económica.