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    El no código es el nuevo código

    El dress code de altas figuras políticas se flexibiliza y se vuelve más personal con el avance del milenio y gracias al estilo que marcaron algunos de los presidentes más populares de los últimos años

    Sucedió el miércoles 28 de junio. Tom Brake —un legislador demócrata liberal del Parlamento británico— pidió la palabra en una de las sesiones de la Cámara de los Comunes, y habló. Cuando se incorporó vestía traje azul, camisa celeste con el primer botón desabrochado y no llevaba corbata.

    Quizás esto parezca una jornada más en el Parlamento, pero no lo fue. Por eso, al día siguiente, el conservador Peter Bone le consultó a John Bercow, presidente de la cámara, por qué le había dado la palabra a un parlamentario que no llevaba corbata. En los usos y costumbres de los MP (como se les llama comúnmente a los Members of Parliament en el Reino Unido) estaba el estricto uso de traje y corbata. Y aunque no hay una regla escrita sobre el asunto, se le presta mucha atención. De hecho, antes de la galería de la prensa hay un rack con blazers y corbatas para aquellos periodistas que no lo tomaron en cuenta. Sin embargo, a Bercow le gusta romper con la rigidez y las costumbres, y a principios de año decidió que los secretarios (conocidos como clerks), que llevaban 300 años usando pelucas, abandonaran ese hábito. Ahora aquel estricto código de vestimenta en el que se daba por sentado que todos los legisladores debían llegar al Parlamento de riguroso traje y corbata se flexibilizó. Por supuesto que las críticas de los más conservadores se escucharon de inmediato y todas las páginas de moda de los diarios ingleses consignaron la pequeña revolución.

    Los involucrados también dieron sus opiniones. Brake, por ejemplo, declaró en The Telegraph que está de acuerdo con la decisión del speaker de tomar el dress code de una manera más relajada. “Si la apuesta es que el Parlamento sea más representativo no creo que eso suceda si la gente prende la televisión y ve una cámara llena de hombres con trajes oscuros. Esa no necesariamente es la imagen correcta de la diversidad”, opinó el legislador. Por su parte, Bone dijo que este cambio lleva a bajar el nivel de la Cámara de los Comunes. “¿Qué vamos a hacer después? ¿Permitir que la gente venga de remeras con slogans? ¿Si no usamos corbatas podemos venir de jeans? ¿O tal vez si antes fui al gimnasio me vengo directo sin cambiar?”, arremetió.

    En una columna de opinión de The Guardian, Simon Chilvers llevó la discusión un paso más allá y tituló su texto Perder la corbata es solo el principio. “Ahora los MP deben colgar sus trajes”. La discusión tiene sus años, claro, pero se potencia en una época en que varios mandatarios de alto perfil han decidido sacarse la corbata en situaciones que lo ameriten, mostrando que la elegancia no solo tiene que ver con tal o cual elemento de la vestimenta.

    Así, mientras los códigos se van suavizando y el look se moderniza, políticos y mandatarios se acercan a los ciudadanos y la moda deja de ser una cuestión solo vinculada a la mujer poderosa. Los hombres, evidentemente, también dicen mucho con sus elecciones estéticas. A continuación, algunas de las modificaciones ocurridas en los últimos años en el dress code de los hombres poderosos. 

    LAS MEDIAS

    A fines de junio, la editora de la sección de moda de The New York Times, Vanessa Friedman, dedicó una columna a hablar sobre las medias del primer ministro canadiense Justin Trudeau. Más allá del enamoramiento planetario que hay con el político, cualquiera diría que prestarle tanta atención a un detalle tan pequeño es un poco mucho. Sin embargo, Friedman anticipó la importancia desde el título: La diplomacia de las medias de Justin Trudeau. “Es una nueva táctica en el manual de estrategias de la política”, escribió la especialista en temas de moda.

    El carismático primer ministro canadiense viene jugando con las medias desde hace meses, pero el momento estelar fue durante la Marcha del Orgullo Gay que se celebró en Toronto. Para la ocasión, Trudeau eligió un pantalón beige pinzado, una camisa rosada, un saco azul, cinturón y zapatos marrones. Hasta ahí todo muy clásico. Pero el mandatario tenía un mensaje en sus medias. Eligió, como es habitual, un par estampado. En este caso era a rayas con los colores del arco iris, y por supuesto de la bandera de la comunidad LGTB. Además llevaba la frase Eid Mubarak, en referencia al festival islámico que marca el final de Ramadán que, este año, cayó en la misma fecha que la celebración del Día del Orgullo Gay.

    Así, con un acto tan diminuto, tan sencillo, el primer ministro honró a dos comunidades. Y como si eso no fuera suficiente declaración de motivos, adquirió por casi 15 dólares las medias en la tienda local Halal Socks, apoyando de esta manera la industria nacional.

    Entre otros de los momentos épicos de la diplomacia de las medias de Trudeau está el par que llevó a la reunión de la OTAN en Bruselas, que tenía estampado el logo de la organización. En la oportunidad, un punto extra fue para la canciller Angela Merkel, que se agachó para mirar las medias con mayor detenimiento. Otro par destacado fue el que usó el Día Internacional de Star Wars, por supuesto, con dibujos alusivos a la saga. Sin embargo, lo llamativo fue que llevó esas medias a su encuentro oficial con el entonces primer ministro de Irlanda, Enda Kenny. “Pocas veces los tobillos de un hombre han dicho tanto. Es bastante inteligente. Los hombres, después de todo, tienen mucho menos opciones que las mujeres a la hora de enviar un mensaje a través de la vestimenta”, puntualizó Friedman.

    Trudeau, por ejemplo, fue ubicado por la revista GQ en el puesto 14 de su lista de 2017 de los hombres mejor vestidos del año. Y el furor por las medias tal vez no tenga todo que ver con él, pero, casualidad o no, este artículo tan poco relevante hasta el momento apareció en las colecciones de primavera verano 2017 de Dries van Noten y Alexander Wang.  

    EL TRAJE

    La morfología, el corte, el color, la combinación con la camisa, con la corbata, con los zapatos. Tal vez, los hombres tengan menos margen de maniobra a la hora de jugar con su vestimenta, pero, por suerte, las opciones en términos de sastrería se han ampliado. Emmanuel Macron, el presidente más joven de la historia francesa, por ejemplo, elige siempre un traje azul oscuro de líneas entalladas, con dos botones (usa el segundo desabrochado) que suele combinar con una camisa celeste y una corbata oscura.

    Su elección el día de la asunción presidencial fue de la marca local Joans & Cie y costó menos de 500 dólares. En un artículo publicado por The New York Times, la investigadora del London College of Fashion Anja Aronowsky explicó que el estilo y la manera de presentarse de Macron hablan de un hombre saludable, vigoroso y valiente. “Sus trajes entallados lo muestran como disciplinado, pero también enérgico”, afirma. En tanto, Aronowsky opinó que su decisión de repetir el color y el estilo “hablan del respeto y la tradición y de cómo los hombres poderosos controlan a otros al controlarse a sí mismos”.

    En el caso de aquellos mandatarios que cuidan su figura, el traje siempre es plus. Igual que Macron, otros ejemplos son Obama, Trudeau, el mexicano Enrique Peña Nieto y el argentino Mauricio Macri, entre otros. El traje es, sin importar qué tan flexibles se hayan vuelto los códigos de vestimenta en la política, una declaración de motivos. Hay un cuento muy conocido que demuestra el valor que tiene el traje en política. Tiempo antes de ganar las elecciones, Mujica viajó a Brasil para encontrarse con el entonces presidente Lula da Silva. En esa charla, Lula le dijo: “Yo perdí tres veces sin traje. La cuarta me lo puse y gané”. El resto de la historia es conocida.

    Ahora, con Donald Trump como presidente de EE. UU., el traje cobra un sentido distinto. El multimillonario usó durante buena parte de su campaña y los primeros días como jefe de Estado sacos y pantalones rectos, un tanto pasados de moda, con hombros grandes, mangas largas y una gigantesca corbata roja, entre otros desaciertos. Las revistas de moda dedicaron espacio a explicar por qué Trump necesitaba con urgencia un fashion emergency. Recién en febrero, cuando Trump hizo su primera visita al Congreso, se evidenció un cambio en sus elecciones estéticas. Sin embargo, en el ínterin, el universo de la moda ya había prestado atención al estilo del flamante presidente, y en la pasarela masculina de Balenciaga, Vetements, Paul Smith y Prada, entre otros, los pantalones del traje se ensancharon, se volvieron más baggy, el oversize ganó terreno y el look Trump, casi que de manera irónica, se puso de moda.

    LA CORBATA

    En su columna de The Guardian, Simon Chilvers escribió que dentro y fuera del universo político, desde hace un tiempo, las corbatas se sienten sofocadas y fuera de moda. De inmediato, invitó a los políticos británicos a que observen el estilo de Barack Obama, uno de los mejores ejemplos de una manera de vestir descontracturada y effortless. “Fue un presidente que logró tener titulares vinculados a la moda con solo remangarse y dejar abierto el primer botón de la camisa. Obama hizo que el arte de vestirse más informal se viera fresco”, escribió Chilvers. Entre todos los looks que eligió el expresidente de Estados Unidos, el autor destacó uno que llevó en una celebración de Halloween, con un buzo de escote V, camisa sin corbata, par de pantalones informales y zapatos estándar. “Es un look que todos los políticos deberían estudiar. Es moderno pero no forzado, relajado pero no desaliñado. Y, al final, él está vistiendo la ropa, no es que la ropa lo esté vistiendo a él”, aseguró Chilvers. En consonancia, la moda y el universo de la política tuvieron otro momento de coqueteo, pues el escote V volvió a la pasarela en la colección de Prada que se presentó a principios de año.

    Además de Obama, algunos políticos ya han relegado la corbata en actos públicos. A comienzos de este siglo, por ejemplo, el ex primer ministro británico Tony Blair se dio el lujo de salir más descontracturado en acontecimientos públicos. Incluso en Uruguay, José Mujica se encargó de romper la tradición. De hecho, el particular estilo del expresidente le valió un espacio en la revista Monocle, que en octubre de 2012 lo incluyó en su sección de Líderes con estilo. Entre los rasgos de vestimenta que Monocle destacó del exmandatario estaba su decisión de no usar corbata. Por ejemplo, el 1º de marzo de 2015, Mujica le entregó el mando a Tabaré Vázquez. Mientras el segundo llevaba una corbata celeste, el primero vestía una camisa blanca con el primer botón sin abrochar.

    Más allá de los estilos más o menos relajados, la corbata sigue jugando un rol preponderante a la hora de demostrar poder. Y aunque hay muchas grandes firmas de moda que han elegido desterrarla de las pasarelas, el mundo más vanguardista, comandado por el excéntrico Demna Gvasalia, la volvió a poner en un lugar central. En la presentación de su colección otoño-invierno 2017 para Balenciaga, el diseñador decidió mostrar varios conjuntos en los que la corbata ocupó un lugar preponderante.

     

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