El consumo de ropa de segunda mano, moda vintage y de upcycling, es cada vez más evidente en Montevideo

Las ferias, showrooms y pop ups de este tipo de moda son tendencia y demuestran el cambio en la forma de consumir en las nuevas generaciones

Es la cuarta edición de la Feria Stickers, dedicada a la moda vintage, de segunda mano e independiente, y la música se escucha bien alto. Es difícil conversar y caminar entre los percheros de tanta gente que los recorre minuciosamente, yendo y viniendo de un lado a otro.

La feria se encarga de vestir —cuatro veces al año— el espacio en donde funciona Implosivo Instituto de Actuación (Sarandí y Zabala), desde agosto de 2023. Ya van varias ediciones en las que se arma fila en la puerta minutos antes de su apertura, y lo que propone hace que jóvenes de distintos barrios se desplacen hacia la Ciudad Vieja un sábado o domingo. Otra cola larga es la que se arma en la puerta del baño, que en este caso funciona como probador. El público es joven, se podría decir que el promedio de edad no sube de los 24 años, hay tanto mujeres como hombres, y el estilo de todos es digno de un coolhunting. Se ven jeans tiro bajo con tops bien cortos, pantalones bolsudos, cadenas que cuelgan de los bolsillos, camperas con logos de marcas en la espalda y más estilismos que atraen la mirada. El juego, la osadía y la expresión personal son la norma.

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La Feria Stickers se lleva a cabo cuatro veces al año y se posicionó como un referente de la moda vintage y de segunda mano en Montevideo.

La Feria Stickers se lleva a cabo cuatro veces al año y se posicionó como un referente de la moda vintage y de segunda mano en Montevideo.

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Feria Stickers

Feria Stickers

Ir a Stickers despierta las ganas de vestirse como en las revistas (o como en TikTok). Este nuevo place to be en Montevideo acerca una propuesta que hace unos años no se encontraba —o sí, pero para un nicho muy acotado—. En Feria Stickers, organizada por Diego Olivera, Germán Weingberg­ y Ximena Echevarría, participan alrededor de 15 tiendas de ropa de segunda mano (prendas que ya han tenido dueño) y vintage (hecha hace mínimo 20 años), y otras 15 de diseño independiente, entre las que se encuentran algunas de upcycling (aquel diseño que utiliza prendas o materiales existentes para crear piezas nuevas).

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Feria Stickers

Feria Stickers

La cantidad de propuestas que giran en torno a este tipo de ropa demuestra que algo está cambiando en la forma de consumir indumentaria y en el valor que los jóvenes uruguayos le dan a la vestimenta. Es una señal de que la moda circular, las prendas de segunda mano, vintage y de diseño independiente son la elección consciente­, cool y la tendencia a la hora de hablar de moda. Si bien es algo que lleva años instalado en otros países, se acomoda de a poco en Uruguay y se expresa a través de ferias que tienen cierta asiduidad (a veces se cuentan cuatro en un mismo fin de semana), en showrooms concentrados entre Parque Rodó y Ciudad Vieja, y en cuentas de Instagram o TikTok con un número de seguidores­ que solo crece.

Tendencia sustentable en alza

Ese mismo fin de semana, a unas cuadras de la Feria Stickers, abrió sus puertas por primera vez el pop-up Centro Market, ubicado en el espacio Universal (Piedras 544). Con sillones antiguos en el centro del espacio, percheros recostados sobre las paredes estéticamente resquebrajadas y varios probadores, Centro es otra demostración de la tendencia en alza (y otro place­ to be durante el fin de semana). Reúne a 12 tiendas que por primera vez cuentan con un espacio físico fijo para mostrar sus prendas, ya que la mayoría de este tipo venden exclusivamente a través de redes sociales. En principio, el pop-up estará abierto de jueves a domingos hasta mediados de julio (chequear sus redes antes de visitarlo para estar seguro de sus horarios), aunque es posible que se extienda.

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Nicolás Gorga, uno de los fundadores de Centro Market, junto a los fundadores y curadores Sofía Ortega, de Elder, y Agustín Rigoli, de G-funk

Nicolás Gorga, uno de los fundadores de Centro Market, junto a los fundadores y curadores Sofía Ortega, de Elder, y Agustín Rigoli, de G-funk

Sus tres fundadores, Nicolás Gorga, Ignacio­ Artensztein y Santiago Iraola, creen fuertemente que el crecimiento del deseo por este tipo de ropa es impulsado por las nuevas generaciones, de las que ellos forman parte. “La gente está cambiando su forma de consumo y está buscando productos con los que se identifica. Es una forma de expresión. El mercado de la moda está cambiando a pasos agigantados. En Centro creemos firmemente que vamos por un camino más independiente, de sentido de pertenencia y sustentable”, comenta Ignacio, también director de Universal y que ha organizado varias ferias de este tipo en el espacio. “La persona que hoy tiene 35 años en Europa ya consume esta ropa hace muchos años. En unos años, quienes tengan 35 en Uruguay serán personas que consuman moda circular hace tiempo”, agrega.

“La cantidad de gente que mueve la ropa de segunda mano y vintage es demencial”, comenta Candela Hermano, una de las 10 organizadoras de la feria Proyecta, cuya primera edición fue en setiembre del año pasado, hoy ya suma tres, y la cuarta será el 15 de junio en Montevideo Beer Company de Punta Carretas. Si bien Proyecta no es exclusiva de ropa de este género, gran parte de su público la visita en busca de eso, ya que en general reúne a algunas de las tiendas con mayor renombre de la escena, como Rakims, G-funk o Nostalgia. “Cada tienda tiene su público, este se mueve por la ciudad siguiendo a la que le gusta, porque sabe que va a tener algo en su selección de prendas que le va a gustar”, dice Candela sobre el estilo de cada propuesta.

Con identidad propia

Algo similar destaca la técnica en indumentaria textil María Antonella­, que dirige el evento cultural Montevideo Under Fashion (MUF), junto con Andrea Amato y Luca Michelin. MUF tuvo su primera edición en mayo de este año, en el espacio cultural Tatú 314 (ubicado en Buenos Aires y Colón), y reunió bandas en vivo, una feria de diseño independiente y locales de segunda mano, así como un desfile de todas las tiendas participantes en el que modelaron los organizadores del evento, diseñadores y curadores detrás de las colecciones presentadas. “Es difícil describir al público interesado en este tipo de ropa, porque cada tienda y marca tiene una identidad específica, por lo tanto cada una tiene su propio público”, comenta. “Diría que, en general, es un público amplio, de entre 15 y 30 años, que le gusta hacer una inversión a largo plazo, que le gusta tener contacto con las personas que están detrás de las tiendas. Cuando comprás en una tienda común y corriente en el shopping, no se te reconoce como persona sino como comprador, en cambio, cuando vas a una tienda con el diseñador o curador presente (son quienes atienden el stand en las ferias o sus showrooms), podés tener una conversación, te puede ayudar u ofrecer ajustar la prenda que te gusta. Hay un intercambio superhumano y yo creo que eso es algo que le interesa a este público”.

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Organizadores de Montevideo Under Fashion (MUF), un evento cultural e itinerante que incluye una feria de ropa, desfile y música en vivo.

Organizadores de Montevideo Under Fashion (MUF), un evento cultural e itinerante que incluye una feria de ropa, desfile y música en vivo.

La importancia de la selección

Muchas tiendas de segunda mano se encargan de ofrecer prendas inspiradas en los estilos que son tendencia en las redes sociales, como el y2k (año 2000), coquette, mob wife, old money, etcétera­. Otras destacan por su impronta rockera­, también están las que persiguen la ropa de streetwear o las que siempre cuentan con prendas de diseñadores o marcas reconocidas que en Uruguay son casi imposibles de conseguir. Las opciones son variadas porque hay tantos estilos como tiendas, la selección de cada una depende del curador que recorre ferias vecinales de lunes a lunes para encontrar stock. Y eso es justamente lo que alguien busca cuando recorre los percheros de un evento de esta clase, agenda hora en un showroom o comienza a seguir a una de las tiendas en redes sociales: identidad.

“El curador es mucho más que un intermediario”, asegura Sofía Ortega, la responsable detrás de la tienda de ropa vintage y de segunda mano Elder. “Somos quienes revalorizamos determinados productos que estaban olvidados, hacemos un arduo recorrido de ferias y distintos mercados, acondicionamos las prendas para que estén en buen estado y huelan rico. Investigamos tendencias para ofrecer productos que a la gente le interesa en determinadas temporadas, investigamos marcas que fueron importantes en su época y técnicas de confección que se hacían antes y ahora se perdieron”, explica Sofía, que fue de las primeras en vender por Instagram una selección curada de prendas, allá por 2015. Ella orquesta a la perfección prendas clásicas, como un corset, con otras más pop, como pueden ser unas plataformas rojas acharoladas. Los estilismos que arma para las fotos que comparte en Instagram resultan en una curaduría punk y auténtica, que inspira a muchos.

“Mi rol como curador es tanto el de escuchar al mercado como el de proponerle, y se suma a un trabajo de educación muy fuerte”, aporta Agustín Rigoli, fundador y curador de G-funk, tienda especializada en streetwear vintage, con presencia de las marcas Carhartt, Dickies, Stussy­, Levi’s, Harley Davidson, Nike, Champion­, Tommy Hilfiger y Adidas. “Me gusta captar las tendencias antes de que lleguen acá, curto mucha moda de afuera, para intentar estar a la vanguardia”. Agrega que hay que tener cuidado de no anticiparse demasiado a las tendencias que uno ve en el extranjero, ya que el mercado uruguayo puede no estar interesado (todavía) en cierto modelo de championes o estilo de ropa.

Una combinación de factores

Las razones por las que el mercado de la ropa de segunda mano y vintage crece son varias. Los precios, en general más bajos que en las tiendas de ropa de primera mano, atraen a muchos. La Madre­ de las Second Hands, feria fundada por los hermanos Nicolás y Carolina Ramos en 2017, gira en torno a ese factor: la accesibilidad. “Queremos que la gente pueda comprar barato. No creo que cambiemos el mundo con la feria, pero sí creo que vamos a cambiar el día a día de la gente, que necesita comprar ropa barata; que por ahí tiene una familia de cuatro personas y, aún así, puede ir con 1.500 pesos y llevarse tres camperas y dos remeras”, comenta sobre su evento, que se lleva a cabo en una antigua casona en Aquiles Lanza esquina San José, y su próxima edición será el 8 y 9 de junio.

En algunos casos, los precios bajos no son característicos de toda ropa de segunda mano y vintage o incluso de ropa antigua (la hecha hace más de 100 años). Muchos acceden a pagar precios iguales o hasta más elevados que en tiendas de primera mano por prendas especiales, como puede ser una de una marca de culto de los 90 o una campera impecable de los 70; y ni que hablar de las prendas vintage de marcas de lujo. Es indudable que unas botas vintage de Martin Margiela o un bolso Birkin de Hermés de los 80 van a valer bastante más que algo nuevo de otra marca.

Además del precio, la búsqueda de un estilo original y auténtico es lo que en general hace que alguien se desplace por la ciudad en busca de estas prendas. Es casi imposible encontrar dos prendas de segunda mano, vintage o de upcycling iguales y es ahí en donde está su valor. “Estas prendas se vuelven protagonistas de un atuendo, porque se reconoce su aura especial”, comenta Pamela Isabel Calquín Susarte, fundadora y curadora de La Resistencia. La chilena se mudó a principios del año pasado a Uruguay y apostó por la tienda de segunda mano que fundó en Santiago de Chile. Hoy se encuentra abriendo un showroom en el centro. “Se nota que estas prendas tienen una vida, un alma vieja. Por mucho que las marcas de retail intenten imitar lo vintage, es imposible”.

Es por esto que se escucha tanto las palabras joyita o tesoro al hablar de esta ropa. Como todo, siempre depende del ojo que esté mirando: dos personas pueden observar cosas completamente distintas al mirar una misma prenda; algo puede ser roto y viejo para alguien pero cool y una pieza de historia para otro. “Hay rotos, gastados y manchados que sí y rotos, manchados y gastados que no”, opina Rigoli. “No es lo mismo una campera de poliéster genérica con un agujero de quemadura accidental­, en un lugar que rompe la vista, a un jean Versace de los años noventa, fabricado con un material noble que ha ido adquiriendo heel bites por el uso (cuando la parte inferior y trasera del jean se gasta por ser muy largo). Valoramos y juzgamos el paso del tiempo según distintas perspectivas. Los sucesos que sacan a la prenda de su estado original le pueden agregar o quitar valor, pasa lo mismo en la arquitectura, por ejemplo”.

La excelente calidad de las prendas de otra época es también un factor que estimula la compra de una prenda de segunda mano o vintage­, y otra razón para llamarla “joyita”. Entre tanto poliéster, poliamida, nylon, lycra y demás materiales contaminantes y de baja calidad, característicos de la moda rápida y ultrarrápida, las prendas de materiales nobles y que han sobrevivido tantos años en buen estado son más codiciadas que nunca.

Usar lo que ya existe

Las faltas que comete la industria de indumentaria ya son conocidas y la tendencia hacia prácticas circulares responde a un mundo que busca cambiar su actitud frente al consumo masivo poco consciente característico de estos tiempos. El enfoque circular de la moda es sistémico y sostenible, busca minimizar el desperdicio y maximizar el uso de recursos a lo largo del ciclo de vida de los productos. A diferencia del modelo lineal tradicional de tomar, hacer y desechar, la moda circular se basa en principios de reutilización, reparación y reciclaje de materiales. Es por eso que la técnica del upcycling, bastante común en varios países, se asoma tímidamente en la escena fashionista de Uruguay. Joxfina, Gaia, Guidai y El Recy son algunas de las marcas que trabajan con esa técnica.

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La marca Joxfina trabaja con la técnica de upcycling. Crea piezas nuevas a partir de prendas y materiales ya existentes.

La marca Joxfina trabaja con la técnica de upcycling. Crea piezas nuevas a partir de prendas y materiales ya existentes.

“Nunca fue una opción emprender, crear un negocio de forma no sustentable”, cuenta Josefina Echeverría, diseñadora de Joxfina, marca que trabaja creando prendas nuevas a partir de denim ya existente. Josefina estudió Administración de Empresas y ahora se encuentra cursando una carrera de diseño de indumentaria. “En ambas carreras me han inculcado maneras de emprender de manera sustentable. Conocí el upcycling en facultad y me gustó mucho. Mi objetivo es, a medida que crezca mi marca, poder aplicar más técnicas de sustentabilidad”. El upcycling­ en la moda, también conocido como suprarreciclaje­, es un proceso que transforma materiales y productos desechados o de baja calidad en nuevas piezas de mayor valor estético y funcional. A diferencia del reciclaje tradicional, que a menudo descompone los materiales para reutilizarlos, el upcycling­ mantiene y realza la integridad del material original, dándole una nueva vida con un propósito mejorado.

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La plataforma online Vestiaire Collective, dedicada exclusivamente a la ropa vintage de lujo y que recientemente se unió con Chloé para diseñar juntos una experiencia de reventa de prendas, lanzó hace unos meses un reporte de acceso público con datos del impacto que producen sus prácticas. “En un mundo donde compramos más ropa de la que usamos, Vestiaire Collective está para alterar el comportamiento de consumo”, se lee al comienzo. Uno de los primeros datos que comparte es el siguiente: comprar una prenda usada alarga su vida una media de 2,2 años, reduciendo sus emisiones de carbono, la huella hídrica y de residuos en un 73%. Otro: un 82% de las ventas realizadas en 2023 sustituyeron una compra de primera mano. El 58% de sus usuarios compran menos artículos nuevos de moda rápida, porque encuentran artículos de mejor calidad por el mismo precio en el mercado de reventa. El 84% de sus clientes han vendido ropa que ya no usan. Le siguen innumerables datos más que demuestran que la adopción de la moda circular incrementa como resultado de una toma de conciencia sobre los impactos ambientales y sociales de la industria textil, y una exigencia de cambio.