Los vecinos han estado en conflicto durante décadas, incluso cuando su creciente importancia para la economía global ha aumentado lo que está en juego para ambos. Las relaciones tocaron fondo tras los enfrentamientos en el Himalaya, cuando al menos 20 soldados indios y un número desconocido de soldados chinos perdieron la vida, y decenas más resultaron heridos. El diálogo político se estancó, las relaciones se desplomaron y el comercio y la inversión disminuyeron.
Desde entonces, Xi y Modi han buscado un acercamiento tentativo en foros regionales, desde Rusia hasta Kirguistán, y en China el año pasado. Pero el viaje de Xi a la próxima cumbre del BRICS en Nueva Delhi, programada para el 12 y 13 de setiembre, será su primera visita a India en siete años, y una muestra de los intentos de dejar de lado las desavenencias y proyectar un papel global mientras Estados Unidos (EE.UU.) se encuentra sumido en un conflicto con Irán.
“Las diferencias estructurales y el déficit de confianza estratégica en las relaciones bilaterales son significativos, por lo que los foros multilaterales como el BRICS ofrecen una plataforma para gestionar estos desafíos”, dijo Praveen Donthi, analista principal de Crisis Group.
Encabezadas por funcionarios como el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, y asesores de Modi, entre ellos el alto funcionario de seguridad Ajit Doval y el ministro de Relaciones Exteriores S. Jaishankar, ambas partes han ido acercándose poco a poco.
Este año, los principales negociadores comerciales celebraron su primera reunión bilateral desde 2019. Poco después, Nueva Delhi autorizó a dos grandes compañías estatales a adquirir componentes esenciales de China, levantando así las restricciones impuestas en 2020.
El comercio bilateral entre China e India aumentó el año pasado un 12.4% hasta alcanzar un récord de US$155 mil millones, más del doble de los US$71.6 mil millones registrados 10 años antes, según datos de la aduana china. En los primeros siete meses de este año, el comercio bilateral se disparó un 23% más en comparación con el mismo período del año anterior.
Los flujos de inversión también están repuntando. En los últimos 18 meses, compañías chinas de los sectores de tecnología y energía han explorado cada vez más oportunidades en India, entre ellas la desarrolladora de tecnologías limpias Envision, el proveedor de motores Horse Powertrain —respaldado por Geely— y el fabricante de baterías CosMX.
En marzo, el gobierno de Modi tomó medidas para flexibilizar la evaluación de las inversiones chinas en los sectores de energía solar y electrónica. Un cambio provisional en las normas de inversión extranjera significa que las compañías chinas obtendrán autorización automática para participaciones no mayoritarias de hasta un 10% en entidades indias.
En 2024, ambos países acordaron reanudar las patrullas en su frontera de 3,500 km, que habían sido suspendidas tras los enfrentamientos de 2020. Además, el año pasado reanudaron los vuelos directos por primera vez desde 2020, y este año reabrieron el comercio fronterizo en tres cruces del Himalaya y organizaron conjuntamente una peregrinación hindú y budista a lugares sagrados en el Tíbet.
Donthi describió esto como un “cauteloso restablecimiento de los contactos”, que los devuelve a una “rivalidad regional disfrazada de competencia y cooperación” que se remonta a décadas atrás.
“Ha comenzado un deshielo en la relación, pero una vez que empiezas a desconfiar de una nación, lleva mucho tiempo arreglar las cosas”, dijo Amitabh Kant, exemisario de India ante el G20. “Ese proceso de arreglar las cosas está ocurriendo ahora porque el primer ministro Modi ha invertido mucho capital político en China”.
Brian Wong, miembro del Centro sobre China Contemporánea y el Mundo de la Universidad de Hong Kong, señaló que sin duda ha habido “señales claras y positivas”.
La distensión también ha coincidido con la tumultuosa política exterior del segundo mandato del presidente estadounidense, Donald Trump, que ha deteriorado las relaciones de EE.UU., particularmente con India, la cual buscaba una relación más estrecha con Washington.
Beijing parece tener la esperanza de que India se aleje aún más de la influencia de EE.UU., al tiempo que ofrece a la economía china, en desaceleración, un gran mercado potencial para sus compañías.
Yun Sun, directora del Programa de China en el Stimson Center, un grupo de expertos en Washington, señaló que China consideraba que India se encontraba en un período de ajuste debido a las políticas de Trump, por lo que las iniciativas y medidas para mejorar las relaciones estaban orientadas a acercar más a Nueva Delhi.
“China quiere influir en la decisión estratégica de India. Quiere que India no vea a China como una amenaza. También quiere que India no se alíe con EE.UU. por defecto debido a China”, dijo.
En un artículo de opinión publicado por los medios estatales chinos tras las últimas conversaciones entre India y China en Beijing, Ding Gang, comentarista del Diario del Pueblo, señaló que ambas partes habían “reconocido que la influencia de EE.UU. marcaba su relación, una presencia constante, aunque tácita”, pero sostuvo que esto estaba cambiando.
“La sombra de EE.UU. que se cernía de manera tan palpable en ese diálogo hace años ahora se está desvaneciendo, no por los esfuerzos diplomáticos de ninguna de las partes, sino debido a un ajuste más profundo que se está llevando a cabo en el propio orden internacional”, señaló.
En India, sigue habiendo resistencia hacia la participación china en sectores sensibles, incluyendo la tecnología de la información (TI).
Beijing, por su parte, sigue preocupada de que India se convierta en una alternativa para la fabricación de productos de exportación, ya que el país mantiene sus esfuerzos por fortalecer la industria manufacturera nacional para competir con China, por ejemplo, al tratar de atraer a Apple para que fabrique iPhones y al diseñar y producir semiconductores a nivel nacional.
A pesar de que Beijing acordó atender las solicitudes de Nueva Delhi durante la visita de Wang hace un año, las compañías indias siguen teniendo dificultades para obtener las licencias chinas que permiten el envío de imanes de tierras raras y maquinaria industrial, según diplomáticos familiarizados con el asunto.
Sanchari Ghosh, un experto indio en política exterior que escribe para el centro de estudios Lowy Institute, argumentó que los enfrentamientos de 2020 cambiaron de manera fundamental la visión que Nueva Delhi tiene de China.
“India parece estar adoptando una forma de coexistencia competitiva“, dijo Ghosh, “aceptando a China como un rival a largo plazo, al tiempo que mantiene un nivel de interacción suficiente para evitar que la competencia se convierta en una confrontación perpetua”.
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