—El maridaje de guitarra, voz y piano es la célula sonora fundamental en la música de ustedes. ¿Cómo sintieron esa química inicial que los llevó a hacer música juntos?
L. V. —Juan tuvo la idea de hacer canciones juntos. La idea primero era hacer un disco dividido en dos: un lado con canciones de nuestra generación, tirando al rock y a la música rosarina, y otro lado dedicado al tango y al folclore. Pero cuando estábamos grabando esos temas más tradicionales nos pareció que era bastante más interesante nuestro aporte en esa línea que el rock. Por eso empezamos a trabajar específicamente en el folclore en ese primer disco. Después hicimos otro de la serie Postales, que es Postales del alma, en 2000. Siempre hemos tratado de que nuestros álbumes tengan ideas conceptuales y por eso este último, Bodas de coral, es un disco de versiones de canciones románticas que nos gustan mucbo.
Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale
Difusión
—Más allá de los géneros y las estéticas, ustedes se han consagrado a la canción. ¿Qué significa la canción para ustedes?
J. C. B. —Los dos venimos de lugares musicales diferentes y nuestro punto de encuentro es la canción. Vitale viene de la música instrumental, formó tríos, cuartetos y quintetos. Yo vengo de la canción y las canciones son para nosotros el nexo, lo que nos une, el territorio en común, lo que nos permite trabajar juntos. Describir la canción es muy arduo porque no hay una única concepción de canción. No hay lógica en la canción. Las canciones que nosotros abordamos son, para nosotros, hermosas músicas y además hermosos textos. No concebimos la melodía sin además un texto artístico y poético que la acompañe. Y siempre abordamos canciones con las que nos sentimos representados. No somos simplemente un pianista que acompaña a un cantante. Somos un dúo, por lo cual las decisiones y el abordaje de las canciones son siempre compartidos. Por eso seguimos juntos.
—Han pasado por el tango, por los folclores, por el rock, por la canción en diversas formas, argentina y latinoamericana. Pero parecen tentados en seguir el estilo de moda. Claramente ustedes van por su trillo, el de la canción y el de la melodía. ¿Se han tentado de ir al reguetón y afines?
J. C. B. —Vamos hacia el fuego, como la mariposa (risas).
L. V. —Siempre intentamos hacer lo que nos gusta a los dos, lo que nos emociona. Tenemos una edad vinculada a su determinada música instalada en el inconsciente colectivo y las canciones de los artistas de esta época las vemos como algo de una generación muy diferente. Podemos respetar y admirar algunas de estas manifestaciones pero es difícil que podamos integrarlo. Lo hemos intentado pero no para hacernos los modernos o los jóvenes, no para vender más o tener más audiencia, sino porque ya que el dúo se dedica a interpretar canciones ajenas, nos interesaba intentar algún sonido nuevo. Pero la verdad que por el momento no le encontramos la vuelta, no nos encontramos nosotros ahí. Y sí le encontramos la vuelta a donde nos sentimos auténticos, donde vemos reflejada nuestra historia. Nunca nos tentamos porque los productores saben que con nosotros no van a lograr nada. ¡Nos sentiríamos ridículos! (risas).
—Este disco nuevo es de canciones de amor. ¿Cómo se encontraron con esta temática?
L. V. —La verdad que son canciones que nos encantan y nunca habíamos pensado en grabarlas hasta ahora porque nos parecían de un universo musical completamente ajeno a nuestra historia. Sin embargo, en un momento de la vida todo cobra forma y se acomoda. Entonces pudimos cantar una canción de Sandro o de Nino Bravo o de Leonardo Favio. Obviamente que las canciones fueron elegidas para que le quedaran cómodas a quien las interpreta, que es Juan. Pero a nivel de producción y arreglos traté de que él se sintiera lo más cómodo posible en su interpretación. Traté de ponerle una buena colchoneta para que las cantara con el mayor placer. De nuevo, esa es la manera que tenemos de trabajar en equipo, a dúo.
—Han dicho que este disco está inspirado en la amistad que ustedes se prodigan. Y eligieron un repertorio de grandes estrellas de la canción. ¿Cómo eligieron estas canciones?
J. C. B. —Hay autores con los que nos identificamos desde siempre, como Joan Manuel Serrat y Pablo Milanés. Hay otros, como Sandro, Nino Bravo y Leonardo Favio, que durante mucho tiempo, cuando nos sentíamos únicamente roqueros, la verdad que los mirábamos medio de costado. Uno suele pensar que la música romántica es un género menor.
—La soberbia del rock...
—La soberbia del rock y de la juventud, ¡que quizás es indispensable! En ese momento te tenés que rebelar contra algo; si no, todo te da lo mismo. Pero bueno, pasa el tiempo y empiezan a caerte algunas fichas. Nosotros como dúo aplicamos una especie de tamiz a las canciones. En nuestros conciertos, más allá del repertorio, hay una sonoridad común, un modo común de encarar las distintas obras.
—¿Cómo eligieron la orquestación de este disco?
L. V. —Está el piano, la guitarra y la voz, por supuesto, pero también incorporamos desde el álbum anterior, Ahora rock, un conjunto de bronces, cuatro músicas que tocan trompeta, trombón, saxo barítono y saxo tenor que les da un brillo particular a los arreglos. Antes fue un conjunto de cuerdas, ahora es de vientos. Pero están en un territorio sonoro similar y creemos que funciona muy bien. Era por ahí.
J. C. B. —En vivo ese sonido de brass rinde muchísimo. No es una orquesta sinfónica, es algo de cámara, que suena muy compacto. No somos 32 arriba del escenario pero somos nueve, y es un buen número. No sobra ni falta nada. Estamos muy cómodos y muy a gusto con este sonido, en gran medida porque está Vitale en la interpretación, en la producción, en la grabación y en la consola. Coincidimos en el gusto sonoro y eso es fundamental. ¡Y en vivo suena aún mejor que en el disco!
—En su reivindicación de autores postergados para ustedes ponen a Leonardo Favio adelante, con Ella ya me olvidó como primer tema del disco. ¿Es como decir “la verdad que tenías razón, Leonardo”?
J. C. B. —(Risas) ¡Claro que sí! Está primero porque pensamos: “No tenemos nada de lo que avergonzarnos”. Es un temón. Igual que Penumbras, de Sandro, que tiene una poética que está buenísima, con metáforas notables. Nos emociona, realmente. Tiene cierta oscuridad que la vuelve muy sugestiva. No es la fiesta total, no es todo pum para arriba, como nosotros, que no somos todo pum para arriba y también tenemos nuestros vaivenes emocionales, como todo el mundo. Nunca fuimos ni somos ni seremos solemnes, pero en vivo defendemos fundamentalmente la emoción. Ese es el plato de la casa. Pero por sobre todo es un espectáculo muy enérgico, no es un show tímido. El álbum no lo es, y en vivo cobra una dimensión tremenda.
—Y en tu caso tenés la suerte de seguir cantando a pleno, con tu voz en magníficas condiciones...
J. C. B. —Sí, es más por genética que porque hago las cosas bien (ríe). Por suerte puedo seguir cantando en las tonalidades originales. Por lo menos Vitale y mi mujer dicen que canto mejor que antes, aunque no sé si es para tomarlo en cuenta (risas).
L. V. —Es realmente así. ¡Todos los que han visto el show también lo creen, Juancito!
J. C. B. —Gracias por decirme Juancito a los 70, Vitale.
—Igual los 70 de ahora no son los de antes...
J. C. B. —Eso desde ya, se ha extendido mucho la permanencia en los escenarios, en todo el mundo.
—Lucía, de Serrat, es un himno. ¿Pero eligieron alguna porque los haya sorprendido recientemente?
L. V. —De Serrat también queríamos cantar Curro “El Palmo”, que es un temazo imponente, pero era un poco extensa. La verdad que Serrat tiene millones de canciones que podrían haber estado porque es un cancionista gigante. Pero elegimos Lucía porque tiene la frase más hermosa de todas las canciones de amor que existen: No hay nada más bello / Que lo que nunca he tenido / Nada más amado que lo que perdí. Esa frase ya vale la canción.
—Cartas amarillas, de Nino Bravo, qué temón. Es una canción cantada desde un lugar de madurez y son canciones de amor y también de desamor...
L. V. —Cartas amarillas es otro temazo...
J. C. B. —Son canciones adultas. Son canciones de amor y de desamor y por sobre todo con un gran valor artístico, algo que a decir verdad no todas las músicas tienen. No nos ensañemos con la música romántica. La mayoría de las canciones de amor, salvo algunos bolerazos o algunas canciones románticas muy potentes, suelen ser para gente joven. Hay algo como hormonal, lo que más garpa es el amor adolescente. Pero hay otro puñado de canciones de amor, como estas, que están cantadas desde otro sitio, más sereno y muchas veces resignado. Por suerte estas canciones no tienen fecha de vencimiento. Sobre todo son canciones que valen.
—El breve espacio en que no estás, de Silvio Rodríguez, otra tremenda canción...
J. C. B. —Otra enorme canción de desamor. Elegimos un tango también, Cuando tú no estás, de Gardel y Le Pera, un género especialista en el desamor. No hemos cantado mucho a Gardel y nos parecía bien esta canción de amor tan tremenda, que además completa un abanico de emociones.
L. V. —El breve espacio en que no estás es de esas canciones que escuchamos y conocemos desde siempre, como Lucía, y Amándote, de Jaime. Después están las que “robamos” de otro universo, como la de Sandro y la de Favio, inclusive la de Lerner (No hace falta que lo digas). A decir verdad, en algún momento nos daba un poco de pudor que nos gustaran esos temas. El placer culposo. Y creemos que es un desafío y que es la parte más jugada de este disco. Y lo cierto es que en los shows son las que más rinden. Hay que ver a Baglietto cantando a todo trapo Ella ya me olvidó (risas).
—Cuando nadie me ve, de Alejandro Sanz es un tour de force más contemporáneo, quizás...
J. C. B. —Sí, es más contemporáneo pero yo soy rosarino y él es gitano. Si bien los rosarinos tenemos una característica modal, la verdad que un gitano cantando canciones de amor es una cosa superintrincada. Fue un gran desafío para mí cantar esa canción y gracias a Vitale creo que salimos airosos (ríe).
—El candombe es un ritmo exigente para los no montevideanos, pero se atrevieron con Amándote...
L. V. —Sí, hay que tenerle respeto porque tiene un feeling muy particular. Es más, como nosotros no tenemos una cuerda de tambores de candombe, salimos con una pista con la percusión candombera grabada y va la batería arriba. Pero hacer eso en Montevideo sería casi una falta de respeto, por lo que por intermedio de nuestros amigos de la Catalina nos agenciamos de tres grandes músicos que toquen los tambores. Estamos muy contentos con eso.
J. C. B. —No lo conocemos personalmente. Hacer esta canción, tan conocida en Argentina, es una forma de saludarlo y de expresarle nuestro reconocimiento, nuestro respeto y nuestra admiración por su música, por su obra. Si lee esta nota queremos decirle que está invitado al concierto. Nos encantaría poder conocerlo.