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    Recuperar la insignificancia

    La perspectiva nos permite encontrar los ángulos necesarios para construir un punto de vista; y, más importante aún, nos da también la posibilidad de tener una expectativa, una mirada sobre el futuro

    Columnista de Búsqueda

    Una de las cosas que mejor hacía el astrofísico y divulgador estadounidense Carl Sagan era recordar en qué consiste el sentido común, ese que muchas veces queda sepultado por las presiones diarias. Ese que se supone debería servir de guía para nuestras acciones, las chiquitas y las enormes, y que casi siempre termina siendo difícil de definir. Sagan lo hacía como todo lo que hacía: a lo grande y con argumentos más que sólidos. Con esa pizca de ironía autoflagelante que no tiene su sucesor, Neil deGrasse Tyson, quien por lo general resulta más expansivo. Lo que en Sagan era una suave distancia irónica, en DeGrasse Tyson se convierte en una absoluta convicción, muy sonora. Diferentes estilos pero similares recordatorios sobre lo fácil que es enredarse en los laberintos de lo diario, lo cercano, y perder de vista la foto aérea.

    Esa clase de recordatorio fue la que Sagan hizo con su famoso Pale Blue Dot, el texto que escribió para la fotografía de la Tierra (que él mismo había encargado) tomada el 14 de febrero de 1990 por la sonda espacial Voyager 1, desde una distancia de aproximadamente 6 mil millones de kilómetros de nuestro planeta. “Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestro hogar. Eso somos nosotros. En él, todos los que amas, todos los que conoces, todos de los que alguna vez escuchaste, cada ser humano que ha existido vivió su vida. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de religiones seguras de sí mismas, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, niño esperanzado, inventor y explorador, cada maestro de la moral, cada político corrupto, cada ‘superestrella’, cada ‘líder supremo’, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie, vivió ahí, en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol”, escribió Sagan, quien en el resto del mensaje recordaba, justamente, nuestra insignificancia en la arena cósmica.

    Sagan ya había hecho algo parecido en su “calendario cósmico”, la escala que propuso en su serie Cosmos, en la que condensaba la historia del universo en un solo año y en la que dejaba claro el espacio ínfimo que ocupa nuestra especie en el total de esa trayectoria. En esa escala, el Big Bang tuvo lugar el 1 de enero cósmico, exactamente a medianoche, y el presente es la medianoche del 31 de diciembre. En ese calendario, el sistema solar aparece recién el 9 de setiembre, la vida en la Tierra surge el 30 de ese mes, el primer dinosaurio aparece el 25 de diciembre y los primeros primates el 30. Los más primitivos Homo sapiens aparecen 10 minutos antes de medianoche del último día del año, y toda la historia de la humanidad ocupa apenas los últimos 21 segundos.

    En fin, que Sagan era insistente en recordar que, a pesar de lo definitivos e importantes que creemos ser, vistos desde lejos (6 mil millones de kilómetros) o puestos en la perspectiva de la historia del cosmos (21 segundos en un año), somos apenas un soplo en el viento, casi la nada misma. Esa es precisamente la cualidad de la perspectiva, palabra que tiene al menos tres dimensiones. En la primera de ellas, es un “método visual que sirve para representar la distancia y el espacio tridimensional usando líneas de fuga y un punto de vista fijo”. En relación con el pensamiento, “una opinión, actitud mental o punto de vista particular sobre un problema o situación”. Y, last but not least, como mirada sobre el futuro, es una “expectativa, panorama o desarrollo probable para los próximos tiempos”.

    Todo esto ¿cómo se vincula con nuestra realidad inmediata? ¿Con, qué sé yo, la Rendición de Cuentas? ¿Con la construcción de la represa de Casupá? ¿Con el devenir del caso Cardama? ¿Con el discurso de Lacalle Pou? En sentido estricto, se puede decir que no se conecta. No todo lo que pensamos, hacemos, deseamos, creemos, apostamos tiene necesariamente que estar conectado con la política local. O con los ejes tradicionales del análisis político. No todo se puede resumir en el clásico Peñarol-Nacional al que somos tan afectos. Y es que eso es lo que hace, justamente, la perspectiva. Nos permite construir distancia sobre lo inmediato. De hecho, la perspectiva nos permite encontrar los ángulos necesarios para construir un punto de vista. Y, más importante aún, nos da también la posibilidad de tener una expectativa, una mirada sobre el futuro.

    Por todo eso es que es relevante la posición política de Sagan: la política no es, no puede ser, solo una batalla por lo inmediato. No es tampoco una contienda que ocurre en el vacío absoluto, sin trayectoria, puro combate en el barro. Sin un contexto que nos permita proyectarnos más allá de lo que se nos dice, es realmente importante. Y es que, con la mirada fija en la punta de los zapatos, es muy difícil ver lo que se viene encima. Casi tanto como lo es hacerlo con la vista clavada firmemente en el pasado. Y un poco eso es lo que nos ocurre como país: tenemos un pasado tan idealizado que nos cuesta un disparate escapar de ese recuerdo construido. No solo no todo tiempo pasado fue mejor, a veces ese pasado ni siquiera ocurrió en los términos en que lo “recordamos” hoy. La memoria, muy frecuentemente, recurre al ejercicio de completar la línea punteada desde el presente, y eso ya no es estrictamente memoria.

    ¿Quiere esto decir que no importan el Presupuesto, Cardama, el Pacha, Lacalle Pou, la sequía o la ausencia de sol que nos deja cada día más húmedos? No, quiere decir que a veces conviene recordar la pequeñez de nuestros asuntos dentro de un contexto mayor. Y es que a veces esa perspectiva amplia, esa que podemos llamar reflexiva, nos puede servir como plataforma de despegue para acometer las tareas y decisiones más concretas. La certeza de ser pequeños peces en un mar inconmensurable puede resultar desalentadora a veces, pero seguro nos recuerda lo relativo de nuestra importancia y la de nuestros asuntos. Se diría que, sin perspectiva, sin distancia, sin escala, es casi imposible construir una trayectoria. Al menos una que no ande pegándose contra todos los muebles de la casa mientras intenta desplegarse. Por eso la mirada política de Carl Sagan es relevante hoy. Política porque Sagan se implicó, de forma explícita y contundente, en cada debate relevante de su tiempo, que también es el nuestro. Y porque su mirada casi siempre se mantuvo fuera de los ejes más convencionales de la política partidaria.

    Por supuesto, Sagan tuvo posiciones políticas concretas, esas que responden al pegoteo de la política diaria de las cosas reales. Pero, pese a considerarse un “liberal estadounidense moderado”, partidario de la democracia representativa, la economía de mercado, con una fuerte inclinación progresista en temas sociales, ambientales y de bienestar humano, el científico no se resignó a encasillarse dentro de la derecha y la izquierda tradicionales. Eso se logra tomando distancia, construyendo una perspectiva que, con un poco de suerte, se puede llegar a llamar propia. Por eso es importante ser saganista y recuperar la convicción de lo relevante que es nuestra propia insignificancia.