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El auge de las ventanas gastronómicas a la calle en Montevideo

Un formato ágil, urbano y cada vez más visible redefine la forma de consumir y de vivir la ciudad

Redactora de Galería

En una ciudad donde el café de especialidad, la panadería artesanal y la gastronomía de autor ganan cada vez más terreno, hay un formato que, casi inadvertido, empezó a multiplicarse: las walk-up windows. Pequeñas ventanas abiertas a la calle que funcionan como barra, mostrador y punto de venta materializan una nueva forma de consumir y de vivir la ciudad.

Aunque hoy atraviesan un auge global, su atractivo está lejos de ser un fenómeno nuevo. La lógica de vender comida y bebida directamente hacia la calle es compartida por kioscos, puestos de comida callejera, heladerías, food trucks y otros formatos de venta al paso. Uno de sus antecedentes más emblemáticos son las buchette del vino de Florencia, pequeñas ventanitas abiertas en los muros de antiguos palacios italianos que, desde el siglo XVI, permitían vender vino directamente al público. Cinco siglos después, y tras resurgir con fuerza durante la pandemia, este formato vuelve a vivir un gran momento.

Como en tantos otros ámbitos, la pandemia fue el gran catalizador de este formato. Las ventanitas resurgieron como una solución práctica para sostener el take away sin comprometer el distanciamiento social y, una vez pasada la emergencia sanitaria, demostraron que habían llegado para quedarse. Hoy se consolidan como un modelo atractivo tanto para consumidores como para gastronómicos.

Las walk-up windows responden especialmente bien a las nuevas formas de consumir. Requieren menos infraestructura, agilizan el servicio y favorecen una experiencia más espontánea y descontracturada. Desde el punto de vista de los negocios, permiten reducir costos operativos y optimizar la dinámica de trabajo. Para el público, en tanto, ofrecen inmediatez, cercanía, y una relación más directa tanto con el producto como con las personas que están al otro lado del mostrador.

Pero su atractivo va mucho más allá de la practicidad. Estas ventanitas no solo despachan café, laminados, sándwiches, helados o platos al paso, también reactivan la vida sobre la vereda. Generan espacios de encuentro, conversación e intercambio. Transforman la calle en una extensión de los locales gastronómicos y contribuyen a que las ciudades se sientan más vivas.

La más irrepetible - Plato

Pasteles en tempura crujiente rellenos de camarón, verdeo y provolone, servidos con emulsión de kimchi, de Plato.
Pasteles en tempura crujiente rellenos de camarón, verdeo y provolone, servidos con emulsión de kimchi, de Plato.

Pasteles en tempura crujiente rellenos de camarón, verdeo y provolone, servidos con emulsión de kimchi, de Plato.

En tiempos en que la gastronomía suele multiplicar opciones, Plato eligió ir en dirección contraria: simplificar. Su propuesta parte de la premisa, tan sencilla como inusual, de ofrecer un único plato al día. Solo una preparación diaria, pensada, cocinada y servida desde una pequeña ventana abierta a la calle.

Mateo Bardier y Nahuel Abelenda decidieron emprender después de años trabajando juntos en gastronomía. Junto con su amigo Santiago Confalonieri, desarrollaron una identidad visual en sintonía con una cocina honesta, cercana y accesible.

Su objetivo era llevar comida de calidad a la vida cotidiana sin perder identidad y para hacerlo cada jornada piensan, cocinan y venden una elaboración distinta. Desde que abrieron sus puertas, hace poco más de un año, no repitieron ni un solo plato. Son más de 250 recetas diferentes. Esa decisión convierte a Plato en una experiencia marcada por lo efímero: aunque un plato guste especialmente, es probable que no vuelva a aparecer.

Lejos de entenderlo como una limitación, sus creadores lo viven como una invitación a probar cosas nuevas y a salir de la comodidad de pedir siempre lo mismo. En ese gesto hay también una postura sobre cómo comer y sobre el tipo de gastronomía que quieren promover. “Queremos que la gente pruebe cosas que normalmente no pediría”, aseguran.

Claro que esa libertad también implica una exigencia extra. En Plato no hay recetas fijas ni procesos repetitivos. Cada día comienza casi desde cero. “Todos los días estás rindiendo un examen nuevo”, resume Mateo.

Fachada de Plato
Plato.

Plato.

Aunque la propuesta gira en torno a un único plato, el equipo procura que nadie se quede afuera. Cuando es necesario, adaptan las preparaciones para quienes eligen una alimentación vegetariana, manteniendo el espíritu del menú del día.

La cocina abierta permite que los clientes vean todo el proceso, desde la preparación hasta el emplatado, generando una relación de confianza poco habitual. Y el intercambio directo con la calle refuerza, además, el vínculo­ con el barrio, una dimensión central para los emprendedores.

Los postres están a cargo de la pastelera Lara Milnitski, amiga del equipo y responsable de desarrollar una propuesta dulce que cambia semanalmente.

Plato ha construido una comunidad fiel, siendo bienvenido tanto por el público como por el ambiente gastronómico montevideano. El boca a boca, la recomendación entre cocineros y una propuesta que desafía las reglas habituales ayudaron a consolidar un formato singular que apunta a que a veces menos realmente puede ser más.

San José 1186, Centro. De lunes a viernes de 11 a 16 h. Contacto: 091 640 124 Instagram: @plato.mvd

La más familiar - Ventanin

Fachada de Ventanin
Ventanin.

Ventanin.

En esta antojería y café todo parece girar alrededor de la ventana. Desde el primer día, el proyecto fue pensado para abrirse hacia la calle. Esa decisión arquitectónica terminó definiendo también su identidad cercana, cálida y sin barreras.

Detrás de Ventanin se encuentran los hermanos Eugenia y Nacho Nin. El proyecto nació a partir de The Vegan Place, el emprendimiento de pastelería vegana que Eugenia había comenzado desde su casa durante la pandemia y que con el tiempo fue creciendo hasta pedir una estructura más grande. El impulso definitivo llegó cuando Ignacio, economista y ajeno al rubro gastronómico, regresó de un viaje de Ciencias Económicas en el que se encontró con el formato de las walk-up windows y vio el potencial de trasladarlo a Montevideo.

Tarteleta mantecol de Ventanin
Tarteleta mantecol, sin gluten, de Ventanin: base crocante con chispas de chocolate, relleno tipo mantecol, dulce de leche de almendras, ganache de chocolate, mousse de maní y garrapiñada.

Tarteleta mantecol, sin gluten, de Ventanin: base crocante con chispas de chocolate, relleno tipo mantecol, dulce de leche de almendras, ganache de chocolate, mousse de maní y garrapiñada.

La idea fue crear un espacio pequeño, funcional y al paso, donde la ventana no fuera simplemente un detalle arquitectónico, sino el corazón del proyecto. Encontraron el local en una zona de gran circulación, cerca de Tres Cruces, un punto estratégico para un proyecto pensado para quienes están en movimiento, aunque también cuente con espacio para frenar un rato y conversar.

El nombre terminó de dar forma a la idea. Ventanin combina el guiño a la ventana con el apellido de los hermanos y resume el espíritu familiar que define al proyecto. Esa lógica colaborativa estuvo presente desde el inicio: mientras ellos se repartieron la cocina y la gestión, un hermano arquitecto diseñó el local y otro aportó en diseño y comunicación.

La carta combina antojos dulces, antojos salados y cafetería, con una oferta 100% basada en vegetales, pero que no busca hablarle únicamente al público vegano. La estrategia es simple: conquistar al público en general desde el sabor.

Nudo de nutella de Ventanin. Masa trenzada con ganache de nutella casera.
Nudo de nutella de Ventanin: masa trenzada con ganache de nutella casera.

Nudo de nutella de Ventanin: masa trenzada con ganache de nutella casera.

Entre los productos más pedidos, aparecen el alfajor Surprise (con merengue seco y dulce de almendras), el roll de canela y las margaritas rellenas de crema pastelera o dulce de leche de almendras. La propuesta salada incluye medialunas, croissants, escones y sándwiches. A eso se suma una carta de café de especialidad, matcha, kombucha, smoothies y jugos.

Parte del encanto está en que la experiencia no termina en el intercambio por la ventana. Desde afuera también puede verse la producción: alfajores armándose, tortas decorándose y bandejas saliendo del horno. Esa cocina a la vista refuerza la sensación de cercanía.

Sacramento de queso de Ventanin: masa laminada rellena de queso tipo parmesano.
Sacramento de queso de Ventanin: masa laminada rellena de queso tipo parmesano.

Sacramento de queso de Ventanin: masa laminada rellena de queso tipo parmesano.

La sustentabilidad es otro de los pilares del proyecto. Compostaje, separación de residuos, incentivo al uso de envases reutilizables y trabajo con proveedores para reducir descartables forman parte de la dinámica diaria. En medio de velocidad y consumo de paso, Ventanin propone algo menos frecuente: calidez, atención al detalle y, si la agenda lo permite, la posibilidad de hacer una pausa.

Eduardo Víctor Haedo 2053, Cordón. Abierto de miércoles a sábados de 8.30 a 20 h. WhatsApp: 098 977 530. Instagram: @al_ventanin

La más cosmopolita - Wild

Fechada de Wild.
Wild.

Wild.

A primera vista, Wild llama la atención por su estética. Hay algo en su fachada metálica, en sus líneas limpias y en su ventana abierta hacia bulevar España que rompe con la imagen más tradicional de panadería montevideana. El lenguaje visual es industrial y contemporáneo.

Lo llevan adelante cinco socios y amigos, entre ellos, Gastón Roselló, con una idea clara: crear una panadería y cafetería con impronta callejera, inspirada en propuestas vistas en ciudades como Berlín, donde la estética y experiencia son valoradas al mismo nivel que el producto. Para lograrlo trabajaron con el estudio Toro, que ayudó a traducir esa visión en una identidad arquitectónica fuerte y reconocible.

La ventana fue pensada desde el diseño inicial, no como un agregado, sino como parte central del proyecto. Sobre una avenida de gran circulación, el formato encajó muy bien con la dinámica del barrio.

Milanesa de pollo con ensalada de repollo, sesamo y mayonesa de miso de Wild.
Milanesa de pollo con ensalada de repollo, sesamo y mayonesa de miso de Wild.

Milanesa de pollo con ensalada de repollo, sesamo y mayonesa de miso de Wild.

Lo visual impacta pero el producto termina de explicar el fenómeno. Wild construye su propuesta en un equilibrio entre tradición e innovación, en su mostrador conviven clásicos de la panadería rioplatense con tendencias internacionales.

Hay bizcochos, tortas y sabores reconocibles para el paladar local, pero también laminados, fermentados y combinaciones menos habituales. En su propuesta aparecen ingredientes como kimchi, matcha o fermentos naturales, integrados a una carta que mira tanto hacia lo nuevo como hacia lo propio. “Las tendencias están divinas, pero no hay que borrar nuestra historia”, resume Roselló.

Ese equilibrio se ve con especial claridad en uno de los focos más fuertes del proyecto: la sanguchería, que es uno de los grandes diferenciales del lugar. Tienen una línea de sándwiches consolidada entre los favoritos del público y, además, especiales de fin de semana que exploran combinaciones nuevas y más arriesgadas, que usualmente incluyen ingredientes de temporada. El café de especialidad de Forajida también ocupa un lugar central.

Galleta de chocolate y naranja de Wild: ganache de chocolate amargo, crema de dulce de leche y maní y sal marina
Galleta de chocolate y naranja de Wild: ganache de chocolate amargo, crema de dulce de leche y maní y sal marina.

Galleta de chocolate y naranja de Wild: ganache de chocolate amargo, crema de dulce de leche y maní y sal marina.

A dos años de su apertura, logró consolidarse como un punto de encuentro en Pocitos, barrio que, según cuenta Roselló, los recibió especialmente bien, en parte porque había espacio para una propuesta de este estilo. El resultado es un público diverso compuesto por liceales, parejas jóvenes, familias con niños y ciclistas que frenan durante el fin de semana.

La ventana de Wild no funciona únicamente como punto de venta, también genera movimiento entre la gente que pasa, pide un café y sigue su camino y los que se sientan en los bancos exteriores para comer y pasar el rato.

Br. España 2758, Pocitos. De martes a sábados de 8 a 20 h y domingos de 8.30 a 20 h. WhatsApp: 099 663 261. Instagram: @wild.bakery

La más irreverente - Clonaze Pan

Fachada de Colanze Pan
Clonaze Pan.

Clonaze Pan.

Antes de abrir tenían dos certezas: cuál sería el nombre y dónde sería el local. El primero condensaba el tono que querían darle al proyecto: descontracturado, provocador y con humor. El segundo era ese espacio sobre bulevar España, en Parque Rodó, por el que se encapricharon desde el inicio y que no estuvieron dispuestas a negociar. Con esas dos cosas claras, Pilar Canabal y Romina Macchi comenzaron a darle forma a una panadería que, detrás de una identidad lúdica, esconde una búsqueda muy seria sobre producto, calidad y creación de comunidad.

Ambas se conocieron trabajando en gastronomía y encontraron en la panadería un terreno fértil para crecer profesionalmente desde lugares complementarios. Pilar atiende la gestión y administración mientras que Romina se ocupa de la producción y el desarrollo del producto. Tienen, además, dos socios, Ernesto Guaraglia y Denisse Sleseris.

Aunque el nombre acapare miradas y despierte debate —algo que sus creadoras asumen con naturalidad—, el corazón de Clonaze­ Pan se encuentra en la calidad del producto. La propuesta nació con una idea clara de rescatar cierta tradición panadera que, según ellas, empezaba a perder espacio frente al boom de cafeterías y bollería de impronta más internacional.

Mostrador de Clonaze Pan
Mostrador de Clonaze Pan.

Mostrador de Clonaze Pan.

“Queríamos rescatar eso de tomarte un mate con unos bizcochos de grasa”, cuenta Romina. Esa búsqueda se traduce en una carta que combina, por un lado, clásicos uruguayos —como los bizcochos, los pastelitos de membrillo y los ojitos— con productos en tendencia, como rolls de canela o cookies. Entre los favoritos, el podio lo lideran los bizcochos, las cookies y las medialunas, seguidos de cerca por los alfajores.

Todo lo que sale al mostrador se elabora ahí mismo. No compran productos congelados ni tercerizan producción. Panes, bizcochos, empanadas, tartas, galletas y repostería salen íntegramente de su propio obrador. Esa decisión también explica por qué, a veces, el stock se agota antes del cierre. Lejos de verlo como un problema, lo entienden como parte del formato de un proyecto que prioriza la calidad por sobre el volumen.

La ventana a la calle refuerza esa dinámica de cercanía y agilidad. Hay clientes que entran, otros que compran directamente desde afuera y muchos que incorporaron esa parada a su rutina diaria. Están quienes pasan con perros, quienes van con cochecitos y también quienes aprovechan los minutos de espera en la parada de ómnibus cercana para tomar un café o comprar algo al paso antes de que llegue su línea. Esa circulación constante también hizo que el local se volviera cada vez más visible dentro del barrio.

Medialuna hojaldrada de manteca rellena de jamón y queso de Clonaza Pan
Medialuna hojaldrada de manteca rellena de jamón y queso de Clonaza Pan.

Medialuna hojaldrada de manteca rellena de jamón y queso de Clonaza Pan.

Otro de los rasgos distintivos del proyecto está en su equipo, integrado mayoritariamente por mujeres. “La panadería siempre estuvo vinculada a la idea del varón que levanta bolsas de harina. Nosotras también podemos hacerlo”, resume Romina. Hay en esa postura una intención concreta de resignificar el oficio y demostrar que la panadería es un rubro también de mujeres.

Esa mirada alcanza la forma de trabajar. Aunque el producto remite a lo más tradicional de la panadería, utilizan herramientas y procesos actuales que les permiten sostener calidad sin replicar viejas dinámicas. Gracias a la tecnología —como fermentadoras programadas y hornos automatizados—, lograron correrse de las jornadas de madrugada que históricamente definieron al rubro.

En menos de un año consolidaron una clientela diversa, fiel y cercana. Hay quienes compran y siguen de largo, pero también quienes se quedan a charlar, hacen encargos especiales o terminan compartiendo algo más que una compra rápida.

Br. España 2138, Parque Rodó. De martes a domingos de 8 a 19.30 h y lunes de 16 a 19.30 h. Contacto: 095 100 105. Instagram: @clonaze___pan

Ventanitas al mundo

Buchette del Vino NYC
Buchette del Vino: en esta ventanita de vino en pleno Times Square, Manhattan, sirven comida italiana y distintas cepas de vino directo a la calle.

Buchette del Vino: en esta ventanita de vino en pleno Times Square, Manhattan, sirven comida italiana y distintas cepas de vino directo a la calle.

Las walk-up windows forman parte del paisaje urbano de muchas ciudades. Aunque algunas existen desde hace décadas, en los últimos años el formato ganó un nuevo impulso y hoy es habitual encontrar cafeterías, panaderías y otro tipo de propuestas que eligen abrirse directamente a la vereda. Buenos Aires fue una de las primeras ciudades de la región en adoptar esta tendencia, con locales que hicieron de la ventana un sello de identidad. Desde allí hasta ciudades como Los Ángeles, Nueva York o París, el formato demuestra que una simple abertura puede transformar la manera de comprar, comer y habitar el espacio público.

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The Win-Dow en Los Ángeles.

The Win-Dow en Los Ángeles.

L’As du Fallafel
L’As du Fallafel es una ventanita gastronómica en el Marais, París. Se especializan en cocina de Medio Oriente y convierten la vereda de uno de los barrios más vibrantes de París en un comedor improvisado.

L’As du Fallafel es una ventanita gastronómica en el Marais, París. Se especializan en cocina de Medio Oriente y convierten la vereda de uno de los barrios más vibrantes de París en un comedor improvisado.

Cruasan buenos Aires
En Cruasán se venden croissants de autor y café de especialidad directo a la vereda. Esta ventanita gastronómica en Villa Urquiza es una de las panaderías más buscadas de Buenos Aires.

En Cruasán se venden croissants de autor y café de especialidad directo a la vereda. Esta ventanita gastronómica en Villa Urquiza es una de las panaderías más buscadas de Buenos Aires.

Oss kaffe
ÖSS Kaffe nació en Núñez, Buenos Aires, y hoy está en distintas ciudades de Europa. Es una cafetería de especialidad que lleva su concepto de ventana al mundo.

ÖSS Kaffe nació en Núñez, Buenos Aires, y hoy está en distintas ciudades de Europa. Es una cafetería de especialidad que lleva su concepto de ventana al mundo.