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En el verano aparecen los morrones más dulces, ideales para quemar a fuego, dejar descansar, pelar y hacer un buen romesco. En las cenas de Mesa Garzón siempre buscamos acompañar los platos con algo fresco y lleno de textura, y esta combinación con queso de cabra y dukkah se volvió uno de esos favoritos que vuelven año tras año.
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Quemamos los morrones a fuego directo hasta que estén bien negros. Los pasamos a una bolsa limpia o tapamos el recipiente para generar vapor, lo que ayuda a que la piel salga fácil. Una vez fríos, retiramos piel y semillas.
Tostamos el maní y reservamos. Asamos la cabeza de ajo entera a 180 °C hasta que esté bien tierna; cuando se enfría, cortamos la punta y exprimimos la pulpa.
En un vaso de mixer colocamos los morrones pelados, el maní tostado, el pan, el extracto de tomate, la pulpa del ajo asado, el vinagre y el pimentón ahumado. Procesamos mientras agregamos el aceite de oliva hasta lograr una textura espesa y suave. Ajustamos de sal.
Extendemos el romesco en un plato grande. Sumamos el queso de cabra desgranado, espolvoreamos la dukkah, agregamos hojas de perejil fresco y terminamos con un chorrito de aceite de oliva.