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Con el verano llegan los duraznos más ricos y en Mesa Garzón nos encanta sumarlos a nuestros platos. Son ideales para ensaladas porque aportan perfume, dulzor y textura. Esta combinación la servimos varias veces en las cenas al aire libre: duraznos bien marcados, palta cremosa y almendras crocantes. Simple, estacional y perfecta para acompañar cualquier comida de verano.
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Lavamos los duraznos y los cortamos en cuartos o en tercios, según su tamaño.
Ponemos una sartén o una plancha de hierro al fuego. Una vez caliente, colocamos los cuartos de duraznos separados entre sí para que se doren bien. Agregamos un poco de aceite de oliva y dejamos que se doren sin mover. Cuando vemos que ya está dorado de un lado, retiramos a un plato y dejamos enfriar.
Mientras, hacemos la vinagreta, emulsionando bien los componentes.
Preparamos una bandeja o un plato grande y vamos armando la ensalada. Comenzamos colocando los duraznos en diferentes zonas del plato, cortamos la palta y la colocamos al lado de cada durazno. Agregamos las hojas de albahaca, las almendras tostadas, la sal, la pimienta y, por encima de todo, la vinagreta.