El Pacha hacía días que andaba recabando información, con las embajadas, los consulados, las sedes de los organismos internacionales, las ONG y cuanto refugio diplomático o similar pululara en plaza, con vistas a organizar la fiestita de inauguración el 1º de marzo en Suárez y Reyes.
—No te olvides de que no puede terminar muy tarde, porque yo después me tengo que ir hasta Salinas a dormir, y es un tirón desde el Prado hasta mi casa —le había pedido muy especialmente el futuro presidente, que, como todos sabemos, piensa conservarse en el rincón donde empezó su existencia, como lo recomendaba, años atrás, don José Hernández en su Martín Fierro, sin que su afirmación haya perdido valor.
—Tranquilo, Yama —replicó manso el Pacha, que repasaba lista tras lista, tachando y agregando nombres e instituciones para que todos (o casi todos) quedaran satisfechos.
—¿Cuántos presidentes vienen? —preguntó don Yamandú, curioso por saber cuántas personalidades de primera línea estarían presentes—. No sea caso que me pase como a Maduro, que solo le fueron Díaz Canel, Ortega y el presidente del Congo, que ni idea tengo de cómo se llama —agregó el profesor Orsi.
El Pacha le aseguró que vendrían como 10 presidentes, y hasta capaz que algunos reyes —“con tal que no sean los Reyes Magos”, lo interrumpió Orsi, riéndose de su propia ocurrencia—, aunque no era seguro que vinieran algunas otras personalidades que él tenía en la lista, porque no terminaban de confirmarle la asistencia.
—¿Quiénes se están haciendo los interesantes? —consultó entonces el futuro primer mandatario.
—Bueno, Putin, Elon Musk, Trump, Milei, Palito Ortega, la China Suárez, el Lucho Suárez, Ele Gante, Xi Jinping, Kim Jong-un, la Mona Jiménez, Ronaldinho, Bill Gates y el Fibra Astesiano todavía no han confirmado, pero en fija que van a venir.
—¿La China y el Lucho son parientes? —inquirió Orsi, ignorando de un soplido todos los demás nombres, que no le importaban demasiado.
—No, Yamandú —replicó el Pacha—. La China es argentina y el Lucho es uruguayo, pero está entrenando en Miami en esa fecha, y es difícil que pueda estar.
—Vos sabés que yo soy manya, así que, si el Lucho no viene, no me importa demasiado. ¿Y habrá animación musical? —preguntó Orsi, más interesado en el bailongo posterior que en el besamanos previo e inevitable.
—Sí, quedate tranquilo —replicó el Pacha—, vas a poder tirarte unos pasitos del pericón y de algún carnavalito, porque vienen Los Unidos de Chivilcoy, un grupo de Buenos Aires que toca folclore tanto uruguayo como argentino, y que Milei dice que viene en representación de él, que tiene muchos problemas de agenda en esos días, pero que está seguro de que una sambita te va a hacer más feliz que un discurso sobre La Libertad Avanza, me aclaró en un mensaje que recibí hace un rato. Y vienen también varios de esos grupos de rock y de reguetón nuevos, con unos nombres impronunciables e inentendibles. Fijate que hay un grupo argentino que se llama Él Mató a un Policía Motorizado…
—No van a traer a algún tipo que haya tenido un accidente en la ruta y haya matado a alguien, aunque sea por error —razonó Orsi, que estaba medio distraído hojeando una revista española con comentarios sobre la Copa del Rey.
—No, Yamandú, el grupo se llama así, y hay otros con nombres imposibles como Las Serpientes Camaleónicas, Los Pibes de la Choncha de tu Prima; hasta hay otro que se llama Aplaudiendo al Bello Público…
—Me parece que se pasaron de rosca —protestó Orsi—. Lo de la choncha te la llevo, pero lo del vello púbico me parece ya una grosería…
—¡Bello público, Yamandú, tranquilo! —replicó el Pacha.
—Está bien, sigamos —dijo el futuro presidente, inquieto por la duración de la reunión, que le estaba haciendo perder la exhibición del episodio de Gran Hermano, que ya había empezado en la tele hacía como 10 minutos.
—Tenemos un problema porque no sabemos si invitar a Maduro —dijo el Pacha—. En todo caso, si lo invitamos, no sabemos si vendría, porque acá es capaz de agarrarlo algún loco suelto que lo vea salir del hotel y termine reclamándole a Estados Unidos los 25 millones de dólares del rescate, y andá a meterte en Casavalle donde lo tengan secuestrado al tipo para evitar un lío internacional…
—¿Y qué opina nuestra fuerza política de esa posible invitación? —inquirió el futuro presidente.
—Tengo recopiladas más de 10 interpretaciones diferentes, todas de nuestra fuerza política, desde los que dicen que Maduro ganó bien las elecciones, y que las actas no importan, hasta los que aseguran que es un dictador y que no debería venir de ninguna manera. A eso, agregale los que opinan que es una democracia conflictuada con problemas que se pueden resolver, un gobierno democráticamente imperfecto pero fuertemente comprometido con la libertad y los derechos humanos, y los que dicen que tiene que largar a los presos políticos y después sí venir a visitarnos, con las actas de las elecciones de julio en la valija. En fin, para todos los gustos —comentó el Pacha, agregando que estas no son las únicas interpretaciones variadas acerca de Maduro y su gobierno, porque están las que dicen que es el digno heredero de Chávez, hasta las que dicen que es un usurpador barato de las ideas del socialismo del siglo XXI, y que habría que repetir las elecciones de julio.
—Mirá, que venga y chau. Nos hemos bancado cosas peores en este país, y esperá que quiero ver cómo sigue esto en la tele, parece que lo echan al Tito de la casa del Gran Hermano… A ver, te decía, acá el presidente soy yo, como le dije a Oddone cuando se puso cabrero con la edad de jubilación. Soy yo y mis circunstancias, como dijo Ortega y Marset, ¿no te parece? —enfatizó.
—Lo que me parece es que es Ortega y Gasset, no Marset, pero, bueno, a esta altura ya no importa. A esta altura, alguien tendrá que venir de Venezuela: aunque sea el pajarito —concluyó el Pacha, marchándose y dejándolo tranquilo a Orsi con el Gran Hermano.