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    Uruguay intenta aumentar recuperación de envases de vidrio sin tener todavía capacidad nacional para procesamiento

    El país consume unas 20.000 toneladas de envases de vidrio al año y recupera apenas 14%; mientras no haya una industria que los recicle localmente, proyectos puntuales buscan darles otros usos

    Según datos de la asociación civil Cempre, cada año en Uruguay se consumen cerca de 20.245 toneladas de envases de vidrio, de las cuales 17.373 son enviadas a vertederos sin tener la posibilidad de ser recicladas o utilizadas para otros fines. Del total, solo se logra recuperar cerca de un 14%: 13% mediante la exportación y 1% a través de las cooperativas del Plan de Gestión de Envases.

    Estas cifras reflejan la limitada capacidad de cerrar localmente el ciclo de vida del vidrio, uno de los mayores desafíos que enfrenta Uruguay en la gestión de este material. En 2019, con el cierre de la planta de Envidrio, dejó de funcionar el único horno del país para la fabricación y el reciclado de vidrio, lo que puso en evidencia la ausencia de un mercado capaz de absorber los envases recuperados y dejó sin alternativas al material posconsumo, que fue a parar, en su mayoría, a sitios de disposición final junto con otros residuos mezclados.

    “Hoy no existe reciclaje de vidrio en Uruguay. En el país se descartan cerca de 20.000 toneladas de envase de vidrio por año, más todo el vidrio plano que se descarta en demoliciones”, aseguró a Búsqueda Ana Paula Demaría, fundadora de Arenas de Vidrio, un proyecto que busca ofrecer una alternativa sostenible al descarte de envases, al convertir el material recuperado en arena utilizada en la construcción y como sustituto para filtración de aguas mediante triturado y molido.

    Es una de las pocas opciones —aún de pequeño porte— que existen en el país para el reciclaje de vidrio. En la actualidad lo poco que se recupera es exportado a países como Argentina, Brasil y Paraguay. Debido al bajo valor que tiene el vidrio en el mercado “no hay industria que lo tome” ni “nadie que compre el material ni haga algo con él”, explicó.

    Exigencias

    Hoy la industria enfrenta el desafío de cumplir con las metas de recuperación impuestas por el Ministerio de Ambiente. Para el 31 de diciembre de 2026, deberán alcanzar el 30% de valorización en peso global de materiales, con una valorización mínima del 20% por material, y para el 31 de diciembre de 2027, el 50% y el 35%, respectivamente.

    En paralelo, el año pasado se aprobó un decreto que reglamenta la gestión de los residuos de obras de construcción, por lo que el descarte de vidrio plano también quedó comprendido dentro de la responsabilidad del generador.

    “Se está diseñando y diagramando un circuito de entrega voluntaria de envases a través del Plan Vale. Se supone que a partir del año que viene los consumidores van a poder llevar sus envases aunque no sean retornables y en los comercios se les va a devolver parte de una seña que pagan al comprarlo”, explicó Demaría. Añadió que eso va a hacer que se recupere mucho más vidrio que hoy, pero es necesario que haya después “a dónde volcarlo”.

    “No sé cuál es el plan que tiene el Plan Vale para reciclar o recuperar el material. No está claro”, señaló.

    Destino incierto

    Con estos cambios, será el Plan Vale el dueño de los envases y, por tanto, el que definirá su destino, pero el destino sigue apareciendo incierto. “El costo del flete hacia Argentina está como barato en 2.300 dólares por camión de 25 toneladas. Y el precio que pagan en Argentina ronda los 80-100 dólares por tonelada. No tiene sentido”, dijo Demaría.

    En esa línea, opinó que, si bien se habla de la exportación como la única vía posible, hoy esa alternativa “es ínfima” respecto a los volúmenes de vidrio del mercado. Puso como ejemplo el caso de Depósito Pedernal, la única empresa gestora que exportaba hasta hace pocos años el residuo. “Si fuera negocio, continuarían haciéndolo. Hoy el único que exporta es Fábricas Nacionales de Cerveza porque envía parte de su descarte industrial (material limpio) hacia Argentina. Y aun así las exportaciones son aleatorias, no siempre hay comprador y tienen muchísimas trabas burocráticas”, señaló la experta. Y agregó: “La exportación en lo político-declarativo funciona. En la realidad no es viable en los volúmenes que se planea recuperar”.

    Marisol Mallo, gerenta del Área de Información, Planificación y Calidad Ambiental de la Dirección Nacional de Calidad y Evaluación Ambiental, del Ministerio de Ambiente, coincidió en las dificultades desde que cerró Envidrio en Uruguay señaladas por Demaría. Sin embargo, afirmó que el Plan Vale tiene la obligación de recuperar y asegurar que esos materiales vayan mayoritariamente a un canal de valorización, incluido el vidrio, “así tenga que pagar para eso”.

    “El Plan Vale, como otros planes que operan en el marco de la responsabilidad extendida del productor, les transfirieron a los que ponen los productos en el mercado la responsabilidad y el financiamiento, y apunta además a que esos materiales no vayan a enterramiento”, explicó.

    En ese sentido, señaló que mientras funcionó Envidrio, que producía botellas y envases, la empresa compraba parte del vidrio que se recogía por el sistema de envases para su producción. Pero al cerrar ya no había industria nacional que comprara esos materiales y, como el costo del traslado era muy grande, necesariamente se empezó a exportar. “Al no haber capacidades de procesamiento en Uruguay se empezaron a complicar las salidas del vidrio. La única solución que está quedando ahora es la exportación”, indicó.

    Ambas entrevistadas ven con expectativa el posible resurgimiento de Envidrio. En diciembre El País informó que la planta podía reabrir sus puertas de la mano de inversores privados uruguayos en el Parque Tecnológico Industrial (PTI) del Cerro.

    Arenas

    El dióxido de silicio es la materia principal del vidrio, que se encuentra en la naturaleza como arena de cuarzo. Para producir vidrio a partir de materia prima virgen, es necesaria la explotación previa de arena de cuarzo, que se encuentra por lo general en cursos de agua dulce.

    Esta explotación y extracción no es inocua y ha dado lugar incluso a un mercado negro de arena a nivel global que hoy produce un daño medioambiental difícil de calcular por su impacto en especies y ecosistemas, como humedales, ríos y dunas costeras. La arena de cuarzo de alta pureza es utilizada hoy en el sector de la electrónica, paneles solares y fabricación de fibra óptica, además de ser esencial para semiconductores —como chips— y células fotovoltaicas.

    En ese contexto, reciclar vidrio se vuelve aún más necesario. Además de evitar la explotación de la arena y sus posteriores consecuencias, la fundición y el reciclaje —que pueden hacerse de manera infinita— consumen mucho menos energía que producir vidrio a partir de arena virgen. El problema es contar con la infraestructura.

    En referencia a la arena, Demaría explicó que en Uruguay “todavía hay cierta abundancia del recurso” pero, al no ser renovable, una vez que se extrae “no hay de dónde volver a sacarlo”. “En el mundo hay mafias de tráfico de arena, pero eso no pasa en nuestro país. De todas maneras, la arena es un recurso muy barato en el mercado, por lo que transformar el vidrio en arena y venderlo como arena es muy difícil”, explicó.