El duradero trauma de la guerra entre Irán e Irak convenció a Jamenei de crear una coalición de fuerzas indirectas en la región que participaran en una guerra asimétrica y, sobre todo, disuadieran a los enemigos de su pais de atacar directamente su territorio.
Para aumentar la disuasión, la República Islámica también se apresuró a aumentar su capacidad de fabricación de misiles y aviones no tripulados, adquiriendo lo que se creía que era el mayor arsenal de misiles de la región.
Estos elementos disuasorios permitieron durante mucho tiempo al gobernante de línea dura mantener su retórica de confrontación con EE.UU. y proyectar una imagen de poder que rivalizaba con la de Israel, al tiempo que mantenía el conflicto lejos de las fronteras de Irán y daba al régimen vía libre para reprimir la disidencia.
Sin embargo, desde los atentados del 7 de octubre de 2023 contra Israel, Jamenei vio con impotencia cómo sus principales aliados —el Hezbolá libanés, Hamás en Gaza, los hutíes yemeníes y el sirio Bashar al-Assad— eran debilitados, reducidos o derrocados, uno tras otro.
La desaparición del “Eje de la Resistencia” despojó al régimen de Jamenei de sus defensas exteriores, permitiendo a Israel llevar la lucha directamente a Teherán.
Las defensas aéreas iraníes sufrieron una primera paliza cuando los dos acérrimos enemigos intercambiaron ataques con misiles en octubre de 2023. Con los aviones israelíes controlando el espacio aéreo iraní y con capacidad para localizar lanzaderas de misiles iraníes, no quedaba claro cuánto tiempo podría mantener la lucha el otro elemento disuasorio clave de la República Islámica: su arsenal de misiles balísticos.
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Perdonado en la Guerra de los Doce Días
Jamenei, de 86 años, mantuvo su posición típicamente desafiante durante la embestida israelí de junio de 2025, declarando en un post en X: “Debemos dar una respuesta contundente al régimen terrorista sionista. No mostraremos piedad a los sionistas”.
Sin embargo, el éxito de Israel al matar a varios de sus principales colaboradores demostró hasta qué punto Israel había penetrado en las defensas y la inteligencia iraníes. También planteó la cuestión de si el primer ministro Benjamin Netanyahu podría dar la orden de intentar matar al propio Jamenei.
En declaraciones a ABC News durante ese conflicto, Netanyahu no negó ni confirmó los informes de los medios de comunicación de que el presidente estadounidense, Donald Trump, rechazó un plan israelí para asesinar a Jamenei. “No va a intensificar el conflicto, va a poner fin al conflicto”, insistió Netanyahu, añadiendo que Israel estaba haciendo lo que tenía que hacer.
El líder supremo no salió nunca de Irán desde que asumió el cargo e hizo su última visita al extranjero a Corea del Norte en 1989, cuando aún era presidente de Irán. Sus movimientos estaban sujetos a la más estricta seguridad y secreto.
En una publicación en las redes sociales durante el conflicto de junio de 2025, Trump afirmó que Washington estaba al tanto del paradero de Jamenei, pero que no quería que lo mataran “por ahora”.
“Sabemos exactamente dónde se esconde el llamado ‘líder supremo’”, escribió el presidente estadounidense. “Es un blanco fácil, pero está seguro allí. No vamos a sacarlo (¡matarlo!), al menos no por ahora”.
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Boomerang nuclear
Aunque sus mensajes fueron contradictorios, Trump parecía haber dado la bienvenida a la acción militar israelí como un medio para arrastrar a Irán de nuevo a la mesa de negociaciones en los términos de EE.UU.
Los analistas, sin embargo, advertían que cualquier intento de asesinar a Jamenei podría tener el efecto contrario, precipitando los esfuerzos iraníes por volverse nucleares y, por lo tanto, trabajando en contra del propósito declarado de la ofensiva de Israel.
A lo largo de los años, la República Islámica ha mantenido una forma de ambigüedad estratégica sobre su programa nuclear, que utiliza como moneda de cambio en las conversaciones con las potencias mundiales y como advertencia a los enemigos.
Según las evaluaciones de los servicios de inteligencia occidentales, esto implicó alcanzar un grado de enriquecimiento superior al necesario para fines civiles, pero sin tratar activamente de desarrollar armas nucleares.
Conocido por combinar la rigidez ideológica con el pragmatismo estratégico, Jamenei se había mostrado dispuesto a ceder cuando estuviera en juego la supervivencia del régimen, incluso en el terreno nuclear. En particular, respaldó con cautela el acuerdo nuclear iraní de 2015 con seis potencias mundiales, incluido EE.UU., al considerar que el alivio de las sanciones era necesario para estabilizar la economía y consolidar su control del poder.
Más de una década antes, en medio de las secuelas de la invasión de Irak en 2003, el líder supremo de Irán había emitido una fatwa, o edicto religioso, condenando las armas nucleares y químicas, aunque los críticos cuestionaron su valor real.
“La ironía es que Jamenei, con su indecisión y su supuesta fatwa, ha sido uno de los factores para que Irán no desarrolle armas nucleares”, consideró Rouzbeh Parsi, académico de Oriente Próximo y profesor titular de la Universidad de Lund (Suecia), en declaraciones a France 24 durante la Guerra de los Doce Días.
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Cambio de régimen
El mero hecho de que asesinar al líder iraní formara parte de la conversación daba una medida de hasta qué punto Israel había llevado su cambio de paradigma para Medio Oriente, con el apoyo tácito de la Administración Trump. Según Parsi, también reflejaba la falta de un objetivo estratégico claro para la operación militar de Israel.
En una entrevista concedida a Fox News con relación al conflicto de los 12 días, Netanyahu sugirió que el “cambio de régimen” podría ser el resultado de los ataques israelíes, aunque insistió en que correspondería al pueblo iraní propiciarlo. Afirmó que “el 80% del pueblo echaría a esos matones teológicos” cuando se diera cuenta de la debilidad del régimen.
Farid Vahid, experto en Irán, afirmó en Le Monde que “la ruptura entre el pueblo iraní y el régimen es tan profunda” que la República Islámica ya no puede contar con el sentimiento patriótico para conseguir el apoyo de la población.
Sin embargo, la oposición iraní, tanto en el país como en el exilio, sigue dividida y, aunque los canales de televisión en lengua persa con sede en el extranjero emitieron imágenes de grupos que gritaban consignas contra Jamenei, no hubo noticias de protestas masivas.
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Al menos se mantuvo así hasta los últimos días de diciembre, cuando una manifestación por la situación económica en bazares de Teherán se multiplicó y se reprodujo en varias ciudades de todo el país.
La respuesta gubernamental fue un apagón total de internet que encubrió una feroz represión. Al menos 7.000 personas murieron, mientras organizaciones independientes y sobrevivientes denunciaban que las fuerzas de seguridad usaron ametralladoras y otras armas de guerra para controlar los motines.
Fue esa ola represiva la que propició la acumulación de fuerzas estadounidenses en el golfo Pérsico, que a su vez obligó a Teherán a sentarse en la mesa de negociaciones con Washington, con la mediación de Omán, para reconsiderar las capacidades nucleares y armamentistas en general permitidas a Irán.
Sin avances ante las exigencias de EE.UU. de que Irán renunciara a su última palanca estratégica, los misiles balísticos, el fuego que se abatió este 28 de febrero sobre 24 de las 31 provincias de la República Islámica, terminó derrumbando el único liderazgo que han conocido varias generaciones de iraníes.
Con AFP, Reuters y AP
FUENTE:FRANCE24