Verónica Alonso. Foto: Nicolás Der Agopián

Alonso “aspira” a la vicepresidencia porque “los votos mandan” y la fórmula no la definen “iluminados entre cuatro paredes”

9min 2
Nº2018 - al de Mayo de 2019
entrevista de Federico Castillo

Hay algo que tiene maravillada a Verónica Alonso. Lo cuenta mientras se acomoda en una de las enormes salas vacías del segundo piso del edificio de Plaza Independencia donde funciona el comando del precandidato blanco Juan Sartori. Alonso, que ya tiene al menos un par de campañas políticas encima, dice que nunca vio el nivel de profesionalismo que se despliega en estas oficinas. Habla con genuino asombro del trabajo fino que hacen en el call center, de la microsegmentación, de la georeferenciación, de cómo saben hasta el detalle más mínimo de los posibles votantes, con un conocimiento complejo de sus gustos y preferencias, y de cómo los van a ir a buscar y llevar hasta las urnas el día de las elecciones internas. En esta lógica casi de marketing empresarial, Alonso asegura que le aportará a Sartori la tan mentada y necesaria estructura política. Y no tiene mucho problema en admitir que aspira a ganarse un lugar en la fórmula presidencial porque “los votos mandan” y a la dupla que salga a competir por el gobierno no la puede elegir un grupo de “iluminados entre cuatro paredes”. Lo que sigue es un resumen de la entrevista con Búsqueda.

—¿Qué aprendió en estos breves meses como precandidata, cuando decidió alejarse del paraguas de Jorge Larrañaga y salir a la intemperie?

—Que en la vida política tomar estas decisiones de animarse o tener la valentía de salir al ruedo me enseña que lo que pasó después no lo siento como una derrota o como una resignación. Aprendí a tratar de escuchar a la gente y no a mí misma. O no a los que están a tu alrededor y te dicen “tenés que ser vos”. A veces, los políticos, por el hecho de sobrevivir o mantenerse solamente están pensando en su ego. Aprendí a no tener un ego tan importante. Hay una frase que me gusta mucho, que la decía un grande que era Churchill, y es que muchas veces los políticos están preocupados en ser importantes y no en ser útiles. Yo prefiero ser útil a importante. Como precandidato uno va generando ese ego, ese “tengo que ser yo”. Pero primero hay que escuchar a la gente y entenderla. Y todavía creo que acá, incluso en los partidos políticos, no logran entender este fenómeno que está pasando con Juan Sartori. Hay una sociedad que es diferente y no todos están entendiendo de qué se trata. Si hay algo que aprendí es justamente eso: mirar lo importante y no el ombligo. A entender que puedo seguir sumando de otro lugar.

—Esa es una enseñanza positiva. ¿Tuvo de las otras?

—A ver, ser mujer en la vida política no es fácil. No en vano hoy hay solamente una precandidata. No me victimizo por ser mujer pero tiene una carga adicional y creo que no es un tema de la sociedad ahí. Creo que es un tema más de los partidos políticos, donde todavía hay barreras culturales que tienen que ver con quien detenta el poder…

¿Hay más machismo en los partidos políticos que en la propia sociedad?

—Sí, sí. Pero también uno se mide con la gente. Al principio lo que sentía en mis recorridas es que mucha gente me decía: “Yo no quiero a Luis Lacalle Pou ni a Larrañaga” y ahí se generaba un espacio entre esas dos opciones. Y ese fue el camino propio que me propuse recorrer porque siempre dije que si seguimos votando a los mismos vamos a tener los mismos resultados. Pero cuando venía en ese camino, encontrando un espacio propio, empecé a percibir otra cosa en la gente, especialmente con la irrupción de Sartori, que nadie se imaginaba. Para nosotros fue un estruendo dentro del partido. La gente empezó a decir otra cosa. Y en las recorridas se escuchaba que decían: “Me gusta ese muchacho, es alguien nuevo, no tiene contaminación”. Y varios me dijeron: “Por qué no se juntan ustedes que son jóvenes, ustedes que son como diferentes”. Y eso fue parte de todo.

Verónica Alonso
Foto: Nicolás Der Agopián

—Entonces Sartori le “mató“ la novedad.

—Es que Sartori es la novedad del Partido Nacional sin ninguna duda. Es la sorpresa. Yo creo que con esta unión que generamos vamos camino a construir la mayoría del Partido Nacional. Y vamos a disputarle el favoritismo a Lacalle Pou. La polarización se va a dar entre Juan Sartori y Lacalle Pou.

—¿Si no aparecía Sartori, usted llegaba hasta el final?

—No me gusta hacer futurología, pero creo que había otro espacio. Pero además de lo que la gente me decía, también miro los números. Si bien yo me bajo con una encuesta que me daba un 11%…

Había otras que le daban 2%.

—Es que yo creo que no estaba ni en el 2% ni en el 11%. Pero sí está claro que Juan vino con mucha fuerza, con una capacidad de llegar a la gente. Y con un carisma especial. En estas cosas lo que uno no puede hacer es enojarse. Y criticar. Porque la reacción más triste, y que he visto en mis compañeros, es no poder justificar lo que está pasando y buscan la crítica en lugar de hacer autocrítica: “¿Qué pasa con el sistema político que alguien en cinco meses concita este apoyo?”.

En Sartori “encontré un tipo supersimple, con buenas intenciones. Y que de verdad quiere ser presidente. Y transmite una esperanza contagiosa. Te tenés que sentar un rato con él y te genera eso”.

—Pero usted fue una de las que sintió la necesidad de expresar su preocupación cuando se anunció la posible precandidatura de Sartori.

—Es que yo también tuve mis dudas. Y es natural. Después mirando con retrospectiva, yo ahí me sentí parte de un statu quo que es resistente a determinados cambios. Y esto era un cambio muy grande.

—¿Se sintió amenazada en ese sentido?

—Siempre fui como un bicho que camina en una línea crítica dentro del sistema político, pero soy parte, estoy adentro de esto. Y mi primera reacción fue ser parte del statu quo y tuve mis serias dudas, como las tuvimos todos. Pero cuando él me llamó para conocernos, me junté enseguida y le pregunté un montón de cosas. Cosas que la prensa se preguntaba, que la gente de mi partido se preguntaba: cuáles eran sus intenciones, su proyecto, si de verdad era un caballo de Troya, si era el amigo de y el enviado de Mujica, si era amigo de Cánepa.

—¿Y qué le respondió?

—Y la verdad es que encontré un tipo supersimple, con buenas intenciones. Y que de verdad quiere ser presidente. Y transmite una esperanza contagiosa. Te tenés que sentar un rato con él y te genera eso.

—¿Y cómo se fue “cocinando” el acuerdo?

—No hubo una “cocina”. Yo sabía que no quería recorrer los mismos caminos. Y por eso no hubo una negociación con los otros precandidatos. Es acompañar a alguien que tiene presente y futuro. Desde ese lugar nos juntamos, conversamos, conocí a su familia, él conoció la mía. Analicé las proyecciones de crecimiento. Pero sobre todo sentía que la gente me decía que vaya por acá. Me junté con mis dirigentes. Todos querían que yo siguiera, porque habían apostado a algo. Pero la gran mayoría de ellos siguen al firme. Tengo 130 agrupaciones; tres, cuatro o cinco prefirieron tomar otro camino, legítimo, y en buenos términos.

—¿Pero para usted Sartori siempre fue una opción? Porque su compañero Álvaro Dastugue dijo que era como la vedette que todos querían, que había tenido conversaciones con varios y se habló de un encuentro con Lacalle Pou para ver si se podía concretar un acuerdo.

—Primero: yo no soy ninguna vedette de nada, ni me gusta el término…

—Lo dijo Dastugue.

—Sí, está bien y lo entiendo, pero lejos de eso. Segundo: converso con mis compañeros de partido, hablo con Jorge, hablo con Luis, hablé en varias oportunidades con los intendentes. En el caso de Lacalle Pou, no estuvo arriba de la mesa el análisis de irme con él. Si era por una cuestión mía de conveniencia personal, ¿con quién te irías si alguien tiene 45% y otro tiene 15%? Si la búsqueda era dónde me convenía, me convenía un lugar más seguro.

—Pero el tema era que Lacalle Pou la quisiera sumar.

—Más allá de eso. En esto, el pragmatismo lleva a los votos. Quién tiene votos. Yo tengo un capital en el país con gente que me apoya. Acá no es si me quieren o no. Es que en realidad nunca estuvo ese análisis. Porque yo directamente no di ese espacio ni me senté a negociar con nadie. Acá no se trataba de negociar ni con Lacalle Pou ni con Larrañaga. Lo que hice con Lacalle Pou fue intercambiar con alguien con quien me llevo bien, tenemos la misma edad.

“Acá no hay iluminados entre cuatro paredes que terminan eligiendo cuál es el vice más lindo para mi fórmula. Acá la fórmula tiene que ser la que consiga el mayor apoyo popular. El peso de los votos es importante”.

—¿Es cierto que le pidió o le aconsejó que siguiera hasta el final?

—Lo que pasa es que cada uno plantea con los zapatos de cada uno. Cuando uno le pide a otro que haga algo hay que decirle: “¿Te pusiste en mis zapatos?”. Cuando yo le pido algo a alguien me gusta pensar en la otra persona y no en el interés de uno. En mi caso lo que yo quería era ayudar y apoyar a alguien que si bien venía en un tercer lugar tiene una enorme proyección. Y estoy convencida de que hoy está casi en segundo lugar y le vamos a disputar la interna a Lacalle Pou.

—¿Cómo le pesó su propio archivo y la mirada de sus compañeros del partido cuando resolvió sumarse a Sartori?

—Estoy tremendamente tranquila y contenta con la decisión. Creo que lo que le sigue pasando a muchos en el partido es que están aferrados al statu quo y su sobrevivencia y a abroquelarse para que nadie entre. Ese es el juego de varios. Así que habría que preguntarles a ellos, por qué siguen teniendo esa rigidez mental y no entienden que la vida política es muy dinámica. Esto es interpretar el país que vivimos, a la gente, que son tan uruguayos como nosotros y hoy están eligiendo una opción que aunque algunos blancos quieran negarlo, se los lleva puestos. Está la vieja lógica de que el dirigente es el que lleva a la gente y los acarrea y los lleva a votar a una heladera. Y eso cambió. Hoy no pasa más eso. Hoy el efecto de la comunicación, de las redes, de la horizontalidad, hace que la gente lleve al dirigente.

Verónica Alonso
Foto: Nicolás Der Agopián

¿En qué ideas fuerza de su campaña se acopló con Sartori?

—En el tema de la seguridad y en el del empleo, aunque la gente lo relativice o se ría. Primero, porque son los temas más importantes. Y segundo, porque yo sí le creo que se pueden generar 100.000 puestos de trabajo…

—¿A usted le explicó cómo lo va a hacer?

—(Se ríe) Bueno, estamos en eso. Estamos en el camino. Siempre la primera reacción del sistema político, del statu quo, es “ah, eso no se puede”. Y en el caso de Juan es totalmente lo contrario. Hay gente profesional que acompaña a Juan y dice que esto se puede hacer. ¿Por qué el Frente Amplio, como dijo Murro, pudo crear 300.000 puestos de trabajo y nosotros no? Por supuesto que hay que crear un escenario propicio que hoy no está. Pero se pueden generar inversiones para hacer caja.

—¿Y en cuáles ideas hubo que bajar el volumen? Sartori dejó claro que no va a tocar la agenda de derechos.

—Bueno, obviamente, cuando nosotros nos sumamos vamos a respetar una línea y una agenda del candidato. Vamos a intentar seguir aportando con nuestra mirada en las cosas que nos unen. Pero yo voy a seguir intentando promover desde el Parlamento la agenda de valores que creo necesario recuperar. Mónica Xavier no dejó de apoyar a Tabaré Vázquez cuando vetó la ley del aborto; creía que era el candidato que reunía otras cosas más allá de temas puntuales.

—Cuando decidió unirse a Sartori se especuló con que lo hacía para luego negociar un lugar como vicepresidenta en la fórmula. ¿Qué dice de eso?

—Que los votos mandan. Las especulaciones sobre Juan y sobre Verónica son muchas. Pero acá los votos mandan. Y repito la frase de Churchill: “Yo no quiero ser importante, yo quiero ser útil”. ¿Desde dónde voy a ser útil? Si es desde la vicepresidencia, claro que me siento una persona útil desde la vicepresidencia. Porque tengo la aspiración, y no es malo tener aspiraciones, y tengo la experiencia en el Parlamento, porque creo que puede ser una persona que aporte al diálogo, que pueda articular ese trabajo para muchos muy pesado. En un sistema como el nuestro, muy presidencialista, el vicepresidente al final no ha sido alguien al que uno se quiera parecer, sobre todo cuando tuvimos uno tan nefasto en la historia del país. En realidad quiero estar en el lugar donde pueda ser más útil. Será la gente la que decida. Acá no hay iluminados entre cuatro paredes que terminan eligiendo cuál es el vice más lindo para mi fórmula. Acá la fórmula tiene que ser la que consiga el mayor apoyo popular. El peso de los votos es importante.

Noticias relacionadas

▪ Los blancos empiezan a hablar de una convención para definir la fórmula presidencial ante una interna que promete ser pareja

▪ Blancos quieren aprovechar mayor interés de los creyentes por la política; el oficialismo mantiene su predominio entre los ateos

▪ Los cinco senadores precandidatos de la oposición tuvieron diferencias grandes en su trabajo como parlamentarios

Regístrate sin costo, recibe notas de regalo.