Enrique Antía. Foto: Nicolás Der Agopián

Antía dice que el negocio de UPM en Uruguay tiene “cosas oscuras” y advierte: no hay que “bajarse los lienzos” para generar empleos

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Nº2008 - al de Febrero de 2019
entrevista de Federico Castillo

“Lo que no previmos fue el tiempo ni las cianobacterias”, se ataja el hombre a cargo del departamento con mayor movimiento de turistas durante el verano. Enrique Antía, intendente de Maldonado y precandidato blanco a la presidencia, no puede ocultar las heridas de una temporada bombardeada por malas noticias. “En enero se salvó la petisa en la primera quincena y en febrero estamos de fin de semana en fin de semana. Nos están faltando los argentinos”, asume, y pronostica que este año Uruguay dejará de recibir unos US$ 300 millones por turismo. Antía todavía no logra salir del doble chip. Tiene la cabeza en la intendencia, pero ya empieza a meterse en los temas nacionales de la campaña electoral. Hizo algunos anuncios. Pretende traspolar el plan de seguridad que aplicó en Maldonado al resto de Uruguay. Dijo que la empresa agroindustrial Alur “no le aportó nada al país” y que se “desprendería” de ella en un gobierno suyo. Prendió luces de alerta ante la instalación de una nueva pastera de la empresa UPM. Dijo que no se abrió la negociación a todos los partidos y por eso tiene “cosas oscuras” que le recuerdan a la fallida regasificadora. Y advirtió sobre las concesiones del gobierno con la empresa finlandesa: “No por generar empleo, dijeran los muchachos, me voy bajar los lienzos de esta manera”.

Lo que sigue es un resumen de su entrevista con Búsqueda.

—Usted integra un grupo de intendentes con aspiraciones nacionales. ¿Cómo se hace para armar un programa de gobierno entre dirigentes con perfiles ejecutivos, que tienen tarea de gestión a cargo? ¿Hay muchas visiones para congeniar?

—Hay mucha experiencia de gobierno. Y hay coincidencias en temas importantes. Y hay equipos también detrás en cada tema, asesores externos. Pero más que un programa de gobierno estamos elaborando ideas fuerza. Esto es una interna, y hay otros compañeros con otras ideas, y después saldrá un programa de gobierno partidario que será consensuado.

—¿Cuáles son esas ideas fuerza?

—Un encare en serio en el tema de la seguridad y un encare en serio en el tema del empleo. Son los temas gruesos que debemos encarar, incluso como política de Estado. Después vienen otros temas claves: educación, seguridad social; pero hoy la gran angustia de los uruguayos es la seguridad y el empleo.

Usted elaboró un proyecto sobre seguridad, ¿cuáles son los principales ejes?

—Darle un fuerte respaldo a la Policía. Hay que cambiar la gestión. Y ahí tenemos que actuar muy fuerte a nivel de grupos de asesores del ministro y cambiar la pisada. Tenemos que volver a jerarquizar al comisario de barrio, la cercanía de la gente a la policía. La policía está aislada. El sistema operativo que aplicaron no es el que funciona. Tenemos que cambiar artículos del Código de Proceso Penal: no pueden ser estas negociaciones inmediatas entre delincuentes y abogados, sin tener en cuenta a las víctimas. Eso ha generado una desconfianza legal muy importante en el sistema. Vamos a darle importancia y recursos a una agencia de investigación en serio, para trabajar coordinadamente en todo el país con el Ministerio del Interior y las Fuerzas Armadas, cosa que hoy no se está haciendo. Hay que gastar en equipamiento, tanto para la frontera seca como para la Prefectura y en el área aérea para tener un control del ingreso de drogas al país. Hay que invertir en tecnología, nosotros en Maldonado estamos probando que el resultado es excelente. No solo en la prevención, sino en la aclaración posterior de los delitos. Hemos cambiado el sistema operativo de la Policía y eso les ha dado confianza para avanzar. Ahí tenemos prevista una inversión importante. Está al alcance de la economía del país.

"La policía está aislada. El sistema operativo que aplicaron no es el que funciona. Tenemos que cambiar artículos del Código de Proceso Penal: no pueden ser estas negociaciones inmediatas entre delincuentes y abogados, sin tener en cuenta a las víctimas".

—La idea entonces es traspolar un modelo que usted dice fue exitoso en un departamento a todo el país. ¿Se puede hacer eso? ¿Es lo mismo?

—Creo que si está siendo exitoso, hay que saberlo ver, ¿no? Y además no fue hecho solo por Maldonado, también fue coordinado por el Ministerio del Interior o sea que la propia Policía ha demostrado que es eficiente. Y el Poder Judicial lo está usando efectivamente y lo recomienda como prueba para resolver casos. En poco tiempo ha logrado resultados de prevención muy importante, de disminución del delito, pero sobre todo de resolución de temas. Han encontrado de todo: del primer responsable de explotar un cajero hasta bandas organizadas que vinieron del exterior. O femicidios que eran difíciles de aclarar en otras circunstancias.

—¿Hoy la Policía no tiene respaldo?

—No tiene respaldo y ante la duda se abstiene.

—¿Y lo que plantea es gatillo fácil?

—No, no gatillo fácil. Sí firmeza en los procedimientos. No puede ser que nos hayamos ido de los estadios por miedo a actuar. Tenemos que volver a tener la autoridad.

—¿Y esto no tiene algún punto de contacto con el proyecto de Jorge Larrañaga, que ni usted ni el resto de los intendentes acompaña?

—Tenemos puntos de acuerdo. No estoy de acuerdo con el patrullaje militar.

—¿Por qué?

—Porque no están preparados para eso y ni el propio militar lo quiere. Y la policía tampoco quiere que se entrometan en sus tareas.

—De todas maneras, lo del patrullaje militar es apenas una de las medidas que propone Larrañaga. ¿Con el allanamiento nocturno tampoco está de acuerdo?

"Yo pienso que hay ciertos tramos del Estado que habría que… bueno, por ejemplo, yo no pienso que Alur le haya aportado nada al país. Yo me desprendería de Alur. Y buscarles certezas a los funcionarios que queden ahí. Pero Alur le cuesta tres o cuatro pesos más por litro de combustible".

—Con el allanamiento creemos que sí, que está bien. Porque acá la guerra es contra la pasta base y hay que dar todos los instrumentos. Lo que pasa es que necesitamos que el Poder Judicial se ponga las pilas.

—Su otra idea fuerza es el empleo.

—Estamos en zona de riesgo. Hemos perdido muchos miles de empleo en los últimos dos años. Ahí hacemos hincapié en dos puntos claves: estamos caros para el mundo. No podemos competir con nuestros precios. Aun en aquellas producciones eficientes a nivel mundial, como la leche y el arroz, todos los días pierden productores porque no hay con qué darle a los precios internos. Estamos caros. Hay que encarar una reducción de costos del país. Y también los precios de la energía y el combustible como primeras señales para una nueva etapa de línea de precios. Yo estaba en UTE cuando se cambió la matriz eléctrica y todos soñábamos con una disminución de precios, pero ese ahorro que hizo y que lo tenía guardado se lo comió el agujero de Ancap por su mala gestión y administración. Hay que plantear una idea distinta de Estado recaudador a partir de las tarifas y tenemos que darles a los productores industriales y a los consumidores una energía con otro precio y también un combustible con otro precio. Si es necesario el tema Alur, había que plantear la manera de que hoy no le cueste tres pesos por litro al combustible.

—¿Y cuál es la manera?

—Yo pienso que hay ciertos tramos del Estado que habría que… bueno, por ejemplo, yo no pienso que Alur le haya aportado nada al país. Yo me desprendería de Alur. Y buscarles certezas a los funcionarios que queden ahí. Pero Alur le cuesta tres o cuatro pesos más por litro de combustible. Compra los granos más caros y produce más caro que el precio de la región. Habría que analizar el proceso de distribución de combustible de una empresa privada que juega con Ancap, que es Ducsa. Y ahí aguantar. Y con la realización de estos activos ir cubriendo el agujero que le faltará al fisco en la bajada del precio del combustible. En la UTE lo mismo. No podemos seguir gastando como gastamos en la administración central. Parte de esas eficiencias energéticas hay que volcarlas a la producción. Yo estuve hoy en una industria que tuvo que dejar de producir con energía eléctrica, se pasó a gas, tuvo que dejar también y al final está produciendo a leña. Tenemos que pensar que si no somos competitivos en materia de energía, son puestos de trabajo que estamos perdiendo. Ahí va la relación directa con los costos de producción con los puestos de trabajo.

—En el tema del empleo siempre se habla de atraer inversiones.

—Pero no a cualquier precio, ¿no?

Foto: Nicolás Der Agopián

Al próximo gobierno le va a quedar sobre la mesa la concreción de la pastera UPM.

—Bueno, yo les mandaría un mensaje a los finlandeses: ojo con la oscuridad que están haciendo este proyecto. No está bien visto en el país. Hay muchas cosas oscuras que los distintos sectores políticos no las ven bien. Nosotros queremos las papeleras, pero queremos que nazca bien.

—¿Qué cosas oscuras ve en la negociación con UPM?

—Y, por ejemplo, me parece que se tenía que haber analizado con mayor precisión y más apertura para todo el sistema político. Abrir la negociación. No es una inversión para un gobierno, es para 20 años. Ya no se hizo en ocasión de Gas Sayago, con la regasificadora. Yo estaba en UTE, mi voto fue el único negativo y la observación era que lo hicieron entre cuatro paredes y no le dieron a conocer a la oposición toda la información en un proyecto que se hacía para los próximos 20 años. Mire cómo terminó. Por trabajar en la oscuridad.

—¿Usted teme que UPM sea una nueva regasificadora?

—No, no creo porque es una empresa con antecedentes serios en el mundo y la forestación es competitiva a nivel internacional. Los montes están, la capacidad de crecimiento de la madera en este país está. Pero creo que quedamos por 20 o 30 años atados de manos. Una zona franca de esas características, un precio de la energía por encima de los precios de mercado por tantos años. ¿Usted vio lo que pasó esta semana en Maldonado, la sorpresa de la gente con las cianobacterias? ¿Tenemos las garantías ambientales suficientes? ¿Se han hecho los estudios?

—¿Esas son las zonas oscuras que usted ve?

—Esas son las zonas oscuras. El trazado del ferrocarril, ¿está bien, está mal?, ¿la capacidad de transporte de la madera aguanta todo el costo de repago de esa inversión que hace el Estado? Porque yo creo que sale más del doble de lo que aguanta la madera. ¿Y el resto quién lo va a pagar? ¿Qué producción hay detrás de esto? Hay muchas dudas que técnicamente deberían haber estado arriba de la mesa para que los uruguayos las supieran.

—¿Y no es tarde para plantear esas dudas ahora?

"Les mandaría un mensaje a los finlandeses: ojo con la oscuridad que están haciendo este proyecto. No está bien visto en el país. Hay muchas cosas oscuras que los distintos sectores políticos no las ven bien. Nosotros queremos las papeleras, pero queremos que nazca bien".

—Creo que no. Todavía no se empezó. Los finlandeses, que son serios en inversiones en el mundo, y tienen empresas estables, están interesados, no se van a ir de Uruguay si se discute o si se le hacen algunos ajustes debidamente fundamentados en la calidad del medio ambiente, en la eficiencia del transporte. No se olvide que esas empresas cotizan en bolsa y cualquier noticia que le pegue en contra les va a pegar. Creo que se está a tiempo de poner esto arriba de la mesa y analizarlo con transparencia. No por generar empleo, dijeran los muchachos, me voy bajar los lienzos de esta manera. Nosotros sí tenemos claro que la presión impositiva que tiene el empresario uruguayo es una limitante al empleo y a la inversión. A la prueba está que cuando en este periodo en Maldonado, junto con el gobierno nacional, sumamos exoneraciones aparecieron más de 50 proyectos que generan una inversión casi igual que la de UPM: 3.500 millones de dólares y con más puestos de trabajo. Entonces sí hay que ir a menor presión impositiva para poder generar empleo. Estamos caros. Estamos exportando gente. Yo tengo dos hijos afuera del país y estarían locos por estar acá. Tenemos que hacer cualquier cosa para bajar el costo país.

—En las internas blancas siempre largan muchos precandidatos, pero son pocos los que llegan a la meta. ¿Hoy puede dar la certeza de que su grupo llega?

—Con certeza y con el corazón le digo que sí. Vamos a llegar con un gran respaldo. Nos estamos comprometiendo con agrupaciones de todo el país, vamos a hacer la voz del interior, una voz de cercanía con la gente. Y el grupo de la experiencia de gobierno. No del discurso. Los que sabemos dialogar, acordar, relacionarnos con la oposición. Los que manejamos recursos finitos. Eso es lo que nos da fuerza para seguir adelante.

—Pero hoy están marcando 2% en intención de voto. El precandidato Juan Sartori en dos semanas de campaña marcó lo mismo.

—En más de tres empresas estamos terciando ya en el partido, con un 8%, con un 10% y con un 7%, por encima de lo que usted dice. Y nosotros vamos a estar en la pelea en la etapa final. Yo le puedo decir algo: la misma empresa que dice que tenemos un 2% me ninguneó a mí en Maldonado y dijo que no iba a llegar a nada y terminé ganando. Y ganándole al Frente Amplio.

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