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    El homenaje blanco al héroe de Paysandú tuvo ausencias y distintos protagonismos de los precandidatos en la largada de campaña

    El sitio a Paysandú llevaba ya varias semanas. Algo más de un mes. Unos mil hombres bajo el mando del coronel blanco Leandro Gómez hacían lo que podían para soportar el intenso asedio de tropas brasileñas, argentinas y de fuerzas revolucionarias locales lideradas por el general colorado Venancio Flores, que se había levantado en armas contra el gobierno del presidente Bernardo Prudencio Berro. Era una batalla desigual. Paysandú era atacada por tierra y bombardeada desde el agua. Eran muchísimos más los soldados que atacaban que los que defendían. Hubo que evacuar a mujeres, niños y ancianos. Lo que quedaba era una dotación militar cada vez más flaca plantada en el medio de una ciudad que era el último bastión de resistencia. El 3 de diciembre, en un intento de Flores por terminar de una vez con una lucha desproporcionada, este le exigió la rendición a Gómez. Le envió una nota que fue devuelta con la respuesta escrita en la misma hoja: “Cuando sucumba”. Y casi un mes más tarde, un 2 de enero de 1865, el ejercito del coronel Gómez sucumbió. Se hace difícil no pensar que, además, en ese día hacía mucho calor. 

    Es cerca del mediodía y el sol cae como una trompada sobre las cabezas de todos los que están reunidos en el cementerio viejo de Paysandú para homenajear a los caídos en la defensa de la ciudad. Se cumplen 154 años de aquella jornada en la que se puso punto final a una gesta nacionalista que se conoce como “La heroica” y que tiene un buen espacio ganado en la agenda histórica del Partido Nacional. Se celebra una derrota, pero una que tuvo la épica suficiente como para seguir moviendo a los blancos a rendirle tributo en cada 2 de enero en una ciudad que por estas fechas siempre parece prenderse fuego. Y en un año signado por las elecciones nacionales y una campaña electoral que empieza a desperezarse, la expectativa estaba puesta en observar cómo se usaba esta plataforma para exhibir nuevas señales de unidad, de esas que siempre procuran enviar los dirigentes del Partido Nacional antes de arrancar con la contienda interna. Sin embargo, el acto estuvo más bien pautado por algunas ausencias y por los diferentes protagonismos de los precandidatos que fueron. Jorge Larrañaga, Verónica Alonso y Enrique Antía faltaron a la cita. Larrañaga dijo que no llegó porque tenía pensado viajar en avión desde Rocha y el vuelo se canceló por el estado del tiempo. Fue la primera vez que no asistió en 30 años. Envió una carta en la que llamó a estar “unidos en la lucha y el respeto”, y pidió “honrar” la palabra “compañero”. Alonso alegó problemas de salud. Y el intendente Antía se excusó por estar en pleno trabajo de comienzo de temporada en Maldonado. 

    Larrañaga dijo que no llegó porque tenía pensado viajar en avión desde Rocha y el vuelo se canceló por el estado del tiempo. Fue la primera vez que no asistió en 30 años. Envió una carta en la que llamó a estar “unidos en la lucha y el respeto”, y pidió “honrar” la palabra “compañero”.

    Estuvieron presentes Luis Lacalle Pou, Carlos Iafigliola y Juan Sartori, el outsider que apenas meses atrás era conocido vagamente entre los dirigentes de su partido como el empresario millonario casado con la hija de un magnate ruso. Y que ahora estaba ahí, en plena liturgia blanca y en primera fila, como uno de los oficiantes del rito

    Sartori, que desde hace unos meses está haciendo un estudio casi que intensivo de la historia del Partido Nacional, trató por todos los medios de mostrarse como un entusiasta conocedor y cultor de las más caras tradiciones nacionalistas. Lo hizo sobre todo en los días previos, con varios mensajes a través de sus redes, en donde invitaba a la gente y a “todos los líderes” a participar del homenaje. O en otros donde se lo veía interesado en profundizar sobre las pequeñas historias detrás de la defensa de Paysandú mientras charlaba con familiares directos de Leandro Gómez. “Cada vez más orgulloso de ser blanco”, escribió en Instagram. 

    El diputado Jorge Gandini fue uno de los más críticos con la irrupción del empresario en la arena política con el Partido Nacional como pista de despegue. Lo cuestionó duramente en más de una oportunidad a través de su cuenta en Twitter y en diferentes entrevistas periodísticas. Dijo, por ejemplo, que “usaba” al partido porque es el que “mejor cotiza en bolsa” para la próxima elección; lo acusó de “comprar” dirigentes en el interior de Uruguay; planteó llevarlo a la Comisión de Ética para que se analice las denuncias de irregularidades en su gestión empresarial; sugirió que podría estar operando para el Frente Amplio. También chicaneó con que le haría una especie de “desafío de la blancura” antes de que lanzara oficialmente su precandidatura. Ambos se cruzaron a la entrada del evento. Sartori tomó la iniciativa y lo fue a saludar. Le palmeó la espalda mientras el diputado parecía desentendido hablando o escuchando un mensaje por celular. Se presentaron, se dieron un apretón de manos: “Mucho gusto”, dijo Sartori, pura sonrisa. “Lo mismo digo”, respondió Gandini, que lo miró como escanéandolo. Fue un saludo de tres segundos. 

    Sartori, que desde hace unos meses está haciendo un estudio casi que intensivo de la historia del Partido Nacional, trató por todos los medios de mostrarse como un entusiasta conocedor y cultor de las más caras tradiciones nacionalistas.

    También fue breve su interacción con Lacalle Pou. “¿Cómo andás, Juan?, ¿todo tranquilo?”, tiró el senador, algo distante. No hubo abrazos, ni grandes o impostadas demostraciones de afecto. Acaso el más efusivo con Sartori, que como un recién llegado se iba presentando uno a uno con los dirigentes, fue el senador Luis Alberto Heber. “¡Bienvenido!”, le dijo el expresidente del Directorio del Partido Nacional. Incluso le recordó que él había presidido a la colectividad “hasta hace poco” y que si cumplía “con todos los requisitos”, no tendría que haber problema para su candidatura. “Vamo' arriba”, le dijo a Sartori mientras le palmeaba el hombro. Ninguno de los precandidatos habló durante el homenaje a Leandro Gómez en el Monumento a la Perpetuidad. En el protocolo estaba previsto que más allá de los oradores designados —el presidente de Departamental de Jóvenes, Leandro Santos,  el presidente de la Departamental Nacionalista, Manuel Bercianos, la presidenta del Directorio, Beatriz Argimón— habría espacio para discursos de los precandidatos que quisieran hacerlo. Pero el perfil bajo parecía imponerse. Lacalle Pou, despegado en todas las encuestas como favorito para ganar las internas, evitó los discursos. Con una remera blanca con el escudo del Partido Nacional en el pecho, hablo en rueda de prensa antes de comenzar con los homenajes. Se refirió a varios temas. Destacó y reconoció el “esfuerzo grande” de Larrañaga para juntar las firmas necesarias para convocar a un plebiscito para introducir cambios en la política de seguridad. Resaltó que esto genera que el próximo gobierno “tenga más herramientas”.  Pero de todas formas dudó si serán necesarias. “Quien quiera ejercer legítimamente la autoridad hoy, que se haga cargo, que le mande a la delincuencia el mensaje de que se terminó el recreo con las herramientas que se tienen hoy. No hay excusa para no asegurarle la paz a los uruguayos. Si en octubre la ciudadanía opta por más herramientas, se pueden tener para utilizar o no”.   

    Hasta sucumbir

    La celebración siguió en la casa del Partido Nacional en la capital sanducera. Si el calor era insoportable afuera, en un salón pequeño y repleto ya se hacía difícil respirar. La ceremonia fue breve. Se entregaron unos diplomas, reconocimientos a dirigentes locales. El presentador del evento se disponía a ir cerrando la parte oratoria y se sorprendió cuando le dijeron que iba a hablar Iafigliola. El precandidato, que en una encuesta reciente de Equipos Consultores marcó 0% en intención de voto, también se sorprendió ante la propuesta del presidente de la Departamental. “Está bueno que si hablo yo, hablen también los otros precandidatos”, dijo ya con el micrófono en mano. Pero Lacalle Pou respondió en voz alta, a manera de propuesta, que Iafigliola hable en representación de todos. Y los que estaban en la sala asintieron sin poner muchos peros. En nombre de los precandidatos, Iafigliola lanzó un mensaje de “acción” a los militantes para que trabajen fuerte de cara a la campaña que se viene. Y cerró con una alusión histórica que se hacía inevitable. “Hasta sucumbir, liberar la patria o, si no, morir”, arengó Iafigliola. Y fue el broche para una jornada en la que Sartori se presentó con muchos de sus compañeros del Partido Nacional y soportó miradas escrutadoras, se empapó de la liturgia blanca, cantó el himno con la mano en el pecho, buscó estar siempre bajo la luz de los focos, escuchó a vecinos, y se sacó selfies con militantes que lo veían por primera vez.   

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