Grupos de militares, alentados por el fenómeno Bolsonaro, buscan pesar en la política, pero carecen de unidad, experiencia y dinero

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Nº1992 - al de Octubre de 2018
escribe Sergio Israel
Arquímedes Cabrera. Foto: Nicolás Scafiezzo

Un video casero, de los tantos que circulan por WhatsApp entre militares retirados, muestra al candidato favorito para las elecciones del domingo en Brasil, Jair Bolsonaro, al lado de una pieza de artillería. El capitán retirado, vestido de sport, da la orden de disparar y unos segundos después el blanco, una construcción con un gran cartel del Frente Amplio, queda destruida por el obús.

Aunque la mayoría de los militares uruguayos que actúan en política consultados por Búsqueda advierten que Brasil y Uruguay son realidades muy diferentes, la posibilidad cierta de la victoria que lleve a un oficial del Ejército a mandar en el Palacio de Planalto por medio de elecciones es vista como una buena noticia, aunque nadie sabe a ciencia cierta si tendrá los efectos, aunque sea metafóricos, que promete el video.

La dictadura militar en Brasil se extendió entre 1964 y 1985 (*) y tuvo cinco presidentes generales. El último de ellos, João Baptista Figueiredo, entregó el poder a un sucesor civil; mientras Bolsonaro, que había dejado el Ejército, comenzó su carrera política en 1991 como diputado.

En el Uruguay de la posdictadura el contralmirante Juan José Zorrilla fue senador del Partido Colorado y el mayor Brum Canet, diputado por el Frente Amplio.

Zorrilla se había opuesto al golpe en febrero de 1973, cuando era comandante de la Marina, mientras Canet fue preso del régimen igual que una veintena de militares que el gobierno de facto consideró traidores.

Otros dos expresos políticos, los hoy generales retirados Jaime Igorra y Edison Arrarte, y el capitán de navío Gastón Silbermann, que estando en actividad firmó contra la ley de caducidad, fueron legisladores suplentes del Frente Amplio.

Después de un general jefe de Estado —el colorado Oscar Gestido— y tres candidatos a la presidencia en 1971 —Oscar Aguerrondo, Juan Pedro Ribas y Liber Seregni—, la presencia de los militares en la política, descontando el gobierno militar, en las últimas décadas ha sido escasa. 

Aunque la mayoría de los militares uruguayos que actúan en política consultados advierten que Brasil y Uruguay son realidades muy diferentes, la posibilidad cierta de la victoria que lleve a un oficial del Ejército a mandar en el Palacio de Planalto por medio de elecciones es vista como una buena noticia.

El coronel Julio Barrabino integró el sector más conservador del Partido Colorado. En la actual legislatura, solo hay dos militares que integran el cuerpo. El capitán retirado de la Fuerza Aérea Aníbal Abreu es suplente del diputado blanco por Montevideo Juan José Olaizola, mientras que el suboficial mayor retirado Auro Costa es el primer suplente del canario Daniel Peña, que fue electo por el Partido Nacional y se integró al Partido de la Gente.

Acosta tiene su propia agrupación en Canelones y, a su vez, es secretario general de la Cooperativa de Ahorro y Crédito del Personal Subalterno de las Fuerzas Armadas (Caccsoe).

Aunque se trata de una institución sólida y bien administrada que presta dinero y, según Acosta, cumple una función social de solidaridad con 85.000 afiliados en todo el país, el diputado advierte que no guarda relación con su actividad partidaria.

Abreu y Acosta tomaron parte del debate que se realizó este mes y argumentaron en contra cuando finalmente la Cámara aprobó la ley de retiros militares

En los últimos años hubo otros intentos de militares de contribuir a la política: en 2009, el excomandante en jefe del Ejército Raúl Mermot adhirió al sector colorado del exdiputado Daniel García Pintos y formaron la agrupación 1811. El general Francisco Wins, exjefe de la División II, adhirió en esas mismas elecciones a la candidatura de Jorge Larrañaga.

Los coroneles Luis Agosto y Arquímedes Cabrera crearon sus propias agrupaciones dentro del Partido Nacional y el actual presidente del Centro Militar, coronel Carlos Silva, fue convencional por el sector blanco de Luis Alberto Lacalle y antes, de la Unión Cívica.

Orden y Movimiento. 

Un grupo conformado, entre otros, por cuatro coroneles del arma de infantería que tuvieron destinos de comando en diferentes misiones de paz en Asia y África, comenzaron a reunirse con otros militares y civiles desde hace alrededor de un año con la idea de formar un partido que definieron como de centroderecha.

La idea fue empujada por el coronel Hugo Grossi y contó con el respaldo de sus pares Francisco Beneditto, Juan Da Silva y Cabrera. Beneditto y el actual comandante en jefe del Ejército, Guido Manini Ríos, también de infantería, sirvieron como cascos azules en Irán cuando ambos eran capitanes y también tienen en común su formación en la especialidad paracaidista y afinidad con la logia nacionalista Tenientes de Artigas. 

Da Silva, Beneditto y Cabrera prestaron servicio juntos en Camboya y Angola antes de hacerlo para Naciones Unidas en el Congo.

Luego de un trabajo de organización y recolección de firmas, hace un mes registraron en la Corte Electoral el Partido Orden Republicano (POR), que además de los mencionados y de algunos civiles, cuenta entre sus dirigentes al exjefe de Relaciones Públicas de la Fuerza Aérea José Luis Vignoli, así como a algunos retirados del personal subalterno de las Fuerzas Armadas.

Más que un programa de gobierno, el POR tiene como plataforma común desplazar al Frente Amplio del gobierno.

Grossi dijo a Búsqueda que aceptaría encabezar una de las dos listas que se proponen presentar en las elecciones internas de junio y su idea es proponer que la otra tenga como primer candidato a un civil.

El miércoles 10, el POR publicó en Facebook su rechazo al Foro de San Pablo, un agrupamiento continental de partidos de izquierda y el apoyo a las elecciones en las que Bolsonaro quedó a un paso de ganar la presidencia. El candidato brasileño es el favorito a imponerse este domingo en el balotaje en el que enfrenta a Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores.

Un grupo conformado, entre otros, por cuatro coroneles del arma de infantería que tuvieron destinos de comando en diferentes misiones de paz en Asia y África, comenzaron a reunirse con otros militares y civiles desde hace alrededor de un año con la idea de formar un partido que definieron como de centroderecha.

En relación con las primeras declaraciones de rechazo a Bolsonaro por parte de algunos dirigentes del oficialismo, el nuevo partido sostuvo que no “debería asombrar”, porque se “alinean a las directrices emanadas por el Foro de San Pablo y son coherentes con sus posturas de relaciones carnales ideológicas, al apoyar el accionar de Lula y Dilma, a pesar de ser impulsores de la corrupción generalizada” y a “los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela lo mismo. A los amigos se les perdona todo”.

Tomando como centro de su trabajo las denuncias de corrupción y los problemas de seguridad, el POR anunció su intención de participar en el proceso electoral e hizo un llamado a una Acción Ciudadana.

Cabrera, que ya hizo su experiencia política formando parte del comando electoral de Lacalle cuando perdió con Mujica, formó entonces la Unión de Ciudadanos Nacionalistas (UCN), pero no logró el respaldo de la llamada familia militar.

Para hacer política, los militares uruguayos enfrentan una serie de problemas de difícil resolución: debido a su estatuto especial entran a la política a una edad avanzada y les falta experiencia para actuar en un sistema muy competitivo; no tienen un liderazgo definido y tampoco muchos recursos económicos.

Algunos de los integrantes del nuevo partido reconocen, además, que la palabra orden, si bien puede sintonizar bien con la situación de inseguridad y con la influencia de Brasil, “no es un concepto que caiga bien a los uruguayos y menos a los jóvenes”.

Oveja negra. 

Mientras Grossi se define personalmente contrario a medidas como la interrupción del embarazo y el matrimonio gay, Cabrera prefiere insistir en la defensa de las Fuerzas Armadas.

“Desde la manifestación del Obelisco de 1983 las Fuerzas Armadas han sido transformadas por el pensamiento único en una oveja negra que recibe constantes ataques y burlas”.

Para Cabrera no hay duda de que “hay un plan para destruir a las Fuerzas Armadas” y que estas han estado bajo “un acoso permanente”.

También criticó al presidente Tabaré Vázquez por no ejercer con ponderación su papel de mando superior y defendió la actuación de Manini.

Respecto a los pasos políticos, fiel a su origen en la infantería, dijo a Búsqueda: “Estoy dispuesto a acompañar a mis camaradas pero con los pies sobre la tierra”; y reclamó al Movimiento Unidos Podemos (MUP) que integran “que hagan honor al nombre” y se unan con el POR.

Hasta ahora eso no parece una opción posible. El coronel Héctor Rovira, que encabeza el MUP, luego de la renuncia del general Hebert Fígoli, propone adherir al lema del Partido Colorado. Una opción sería un acuerdo político con Alberto Iglesias hijo, que tiene la lista histórica del pachequismo, la 123, y que hizo la misma propuesta, sin éxito, al excomandante del Ejército Pedro Aguerre. El asunto se discutirá el lunes 29 en una asamblea.

En el POR, por el contrario, hay más simpatías hacia los blancos e incluso, explicaron fuentes del sector, existen algunas conversaciones con el coronel Oscar Costa, quien respalda la nueva y polémica precandidatura de Juan Sartori, el que aportaría los recursos con los que un partido nuevo no cuenta.

Otro excomandante, José Bonilla, también adhiere al Partido Colorado pero por cuerda separada.

Manini, el militar con más prestigio entre sus pares y en la opinión pública, no tiene, en principio, motivos para apresurarse si quisiera seguir con la tradición de su familia y dedicarse a la política. Luego de cumplir de forma singular con 30 días de arresto a rigor, recién pasaría a retiro cuando asuma el nuevo gobierno nacional.

(*) Por error, en la versión anterior figuró el general Ernesto Geisel como último dictador militar de Brasil. 

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