Pablo da Silveira. Foto: Nicolás Der Agopián

“Hay mucha gente muy nerviosa, mucha gente que ve que tendrá que arrancar para las ocho horas, y eso los pone muy inquietos”

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Nº2011 - al de Marzo de 2019
entrevista de Federico Castillo y Juan Pablo Mosteiro

Hay calma de lunes de Carnaval en Punta Gorda. En el jardín de la casa del doctor en filosofía y experto en educación Pablo da Silveira se oyen algunos pájaros entre la enredadera, se ven dos olivos añejos, una hamaca paraguaya, un parrillero de hierro. Y está Tango, un mastín inglés grandote y bonachón que permanece tumbado detrás de su dueño. Calma. Da Silveira cuenta algunas características sobresalientes que leyó sobre la raza de su perro, que mira toda la escena en silencio. Dice que hay que saber dos cosas: que es un gigante generoso, extremadamente fiel, y que rara vez lo verá enojado. Eso sí, cuando ocurra será por una buena razón, porque se dañó a alguien querido, y será difícil contenerlo. Encima de la mesa de madera del patio hay una MacBook Air, una bandeja rebosante de bizcochos, un mate y un termo con el adhesivo que identifica la campaña “Por la positiva”, marca registrada del senador blanco Luis Lacalle Pou. Da Silveira, jefe de programa del precandidato nacionalista, es el hombre encargado de articular las ideas del equipo técnico y en caso de ganar las elecciones es el designado para liderar desde el Ministerio de Educación los cambios que deberían hacerse en un área que parece reinvertarse en cada gobierno. El doctor en filosofía es también la cabeza, la voz serena y reflexiva, a la que sistemáticamente acude Lacalle Pou. Pero la voz calma también puede alterarse. Se eleva cuando habla de los que atacan por ideología los liceos militares, cuando cuestiona a los medios por repetir relatos del oficialismo, cuando se refiere al poder de las corporaciones sindicales que trancan y no tienen freno, cuando se golpea el concepto de evolución, cuando se dice que la interna blanca es la única en la que hay conflictos y divisiones. O cuando con “mentiras burdas” le pegan a su candidato.

Lo que sigue es un resumen de su entrevista con Búsqueda.

—¿Qué le pareció la rendición de cuentas del presidente Tabaré Vázquez?

—Es un tema muy político y prefiero que las valoraciones políticas las hagan los dirigentes y no yo. Lo que sí me gustaría señalar, porque me preocupa mucho como ciudadano, es que hizo un manejo de las cifras extremadamente arbitrario para llegar a las conclusiones que quería llegar, aunque estuviera alejándose mucho de la realidad. Por poner un ejemplo: Vázquez había prometido para el 2020 un 75% de tasa de egreso para la educación media. La educación media son seis años: se divide en lo que se llama ciclo básico, que son los tres primeros, y el bachillerato, que son los tres últimos. Su promesa, ese 75%, no fue una cifra arbitraria, porque si lo consiguiéramos quedaríamos alineados con los países de la región que tienen mejores resultados. A medio camino entre Chile, que está arriba del 80%, y Argentina, que está un poco por debajo del 70%. Vázquez festejó que estábamos a punto de lograrlo y mostró una gráfica que ubicaba la tasa de egreso en 72%. Pero eso es tasa de egreso de la educación media básica, de los tres primeros años. No de los seis. Bueno, yo creo que es extremadamente grave que un presidente haga eso. Y cito este ejemplo porque me toca de cerca, pero uno puede repetir varias veces el mismo análisis.

—¿Por qué cree que está instalada la idea de que la oposición no genera propuestas ni tiene contenido?

—Creo que es una combinación de dos cosas: el esfuerzo del oficialismo por instalar esa idea, y, disculpenme que se lo diga y los rezongue, un poquito de omisión de la gente que trabaja en los medios de asumir esa información como real y dejarla pasar y no chequear con los hechos. Yo creo que cualquier esfuerzo por chequear los hechos de este quinquenio muestra que esa información es insostenible. Uno podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con las propuestas de la oposición, pero la oposición —y en especial nuestro sector— viene haciendo propuestas. De hecho, hace dos años sacamos un documento que se llamaba ¿A quién no se le cae una idea?, que repasaba en diez áreas diferentes todas las propuestas que veníamos haciendo. Creo que, otra vez, estamos ante una cosa que se dice pero que no resiste la contrastación con la evidencia.

—Justamente, tuvieron que salir con lo de ¿A quién no se le cae una idea? para responder una afirmación tan instalada.

—Pero, con sinceridad: que el oficialismo diga eso no me gustará como práctica, pero acepto que es parte del juego político. Me preocupa más cuando veo que los periodistas profesionales muchas veces repiten eso en sus análisis o en sus preguntas y uno tiene la sensación de que no chequearon. Creo que la democracia necesita para funcionar bien periodistas profesionales que chequeen y que no compren afirmaciones dándolas por buenas simplemente porque las dice alguien que habla desde el poder o por alguna razón parecida. Precisamos una política donde se chequeen más esas cosas, que no son opiniones, son afirmaciones de hecho. Creo que de hecho nuestro sector ha hecho muchas más propuestas concretas que el oficialismo en los últimos cinco años. Y se puede chequear.

Foto: Nicolás Der Agopián

La campaña de Todos se afirma en el concepto de “evolución” y ha recibido críticas incluso en la interna blanca. ¿Hacia dónde debería evolucionar un gobierno del Partido Nacional?

—Nosotros elegimos el concepto de “evolucionar” porque lo entendemos asociado a dos o tres cosas. La primera es dejar bien claro que nosotros no somos refundacionales. La vida de las sociedades democráticas sanas no va de refundación en refundación, es un proceso de acumulación. Y la alternancia de partidos en el gobierno no significa que la historia del país comienza cada cinco años o cada diez años. Creemos que ese es uno de los grandes errores conceptuales y políticos con que el oficialismo se ha manejado. Ahora en estos días, y el propio presidente Vázquez lo destacó, se festeja que Uruguay es el país con mejor distribución del ingreso en América Latina. Fantástico. Es una gran cosa y los uruguayos nos sentimos muy felices de eso. Pero eso es así desde que existen estadísticas. Eso no es así desde que gobierna el Frente Amplio, eso es así desde siempre. Desde que hay números. Ese afán refundacional trae aparejado un montón de cosas: la mitificación sobre lo que uno hace, la falta de autocrítica, la actitud displicente hacia las propuestas de los demás. Nosotros queremos tomar distancia de eso. Una parte de “evolucionar” es decir: “Nosotros no somos refundacionales”. Una segunda parte es que cuando las sociedades democráticas evolucionan eso es una tarea colectiva, eso es el resultado de mucha gente aportando cosas, haciendo, proponiendo, creando. Y nosotros nos orientamos a un estilo de gobierno así, muy amplio, muy dialogante, muy diverso. Gobernar sin mayoría propia lo vemos como una virtud más que como problema.

La crítica recurrente es que si hay evolución, entonces no hay cambios radicales.

—Alcanza con ver los discursos de Luis Lacalle para ver que nosotros somos muy críticos. Hay muchas cosas que criticamos.

Pero el mensaje que recibe el elector es…

—… el mensaje es: no venimos a romper todo. No venimos a arrasar con todo y arrancar de cero. Venimos a construir sobre lo hecho, a corregir lo que se hizo mal y hacer lo que no se ha hecho. Y además, el concepto de evolución incluye también que uno mismo tiene que evolucionar y eso implica un elemento de autocrítica, que es otro aspecto que le ha faltado al oficialismo. Evolución no es un concepto que se oponga a crítica. No es un concepto que te condene al continuismo. Es una manera de expresar lo que nosotros entendemos que es el camino normal y constructivo en las sociedades democráticas.

Pero usted ha dicho que en materia educativa Uruguay está en una situación extremadamente grave y con problemas complejos que requieren soluciones complejas para generar cambios reales. ¿Acá se aplica el concepto de evolucionar o hacen falta cambios radicales?

—Pero lo que no me gusta de tu pregunta es lo de “o evolución o cambio radical”…

¿No hace falta una reforma de fondo?

—Hace falta una reforma de fondo. Absolutamente. Hace falta una reforma de fondo. Una que corrija muchas cosas que se hicieron mal en estos años y que corrija cosas que venían mal de antes y no se tocaron. Y también que restablezca contactos con cosas que se hacían bien antes y que hoy no se están haciendo tan bien. Ejemplo típico: la formación docente. Se ha desprofesionalizado mucho en estos años. Ha perdido un rigor y una preocupación por lo específicamente técnico de la labor docente que existió en otras épocas. Si nos toca gobernar, vamos a hacer cambios grandes en la educación. Pero sin olvidarnos del país que somos, sin olvidarnos de la educación que construimos durante muchos años, sin olvidarnos de cosas que se pueden haber hecho bien en estos últimos años.(…) Hay que hacer una inmensa reforma de la formación docente. Ahí hay que producir un shock de cambios. Hoy tenemos dos déficits enormes: cualitativos y cuantitativos. Lo del déficit cuantitativo es terrible. En Uruguay se titulaban unos 1.400 maestros por año. Después de una reforma malísima de la formación docente que se hizo en estos últimos años, los egresos cayeron casi a la mitad. Eso no fue un incendio por la sencilla razón de que al mismo tiempo hubo una caída de decenas de miles de alumnos en la educación primaria. Si se hubiera mantenido constante el número de alumnos, hubiera sido una catástrofe.

—¿Cree que tiene que haber una política de Estado para todos estos cambios?

—Nosotros vamos a buscar en todos los temas los más amplios apoyos. Veremos cuán amplios pueden ser finalmente. Estas cosas necesitan un apoyo ciudadano muy contundente. No solo en el caso de la educación, pero ahí es muy notorio, estamos al final de un proceso de mucha acumulación de poder corporativo. Y la única manera democrática de enfrentar los poderes corporativos es generando mucho apoyo ciudadano, mucha opinión pública a favor de ciertos cambios y en contra de un montón de cosas que obedecen a la lógica corporativa. Ir a buscar acuerdos políticos amplios es una manera de generar un respaldo ciudadano sólido para tener la fuerza democrática necesaria, no la fuerza bruta, para decir: “Estas cosas se hacen porque los uruguayos están pidiendo que se hagan estas cosas”.

¿Los sindicatos aparecen como principal escollo para estos cambios?

—Sí. Ahora, ¿cómo se llegó a esto? Creo que las responsabilidades están compartidas. Esa idea de que la culpa la tienen los sindicatos no la comparto. Una parte de la responsabilidad la tienen los sindicatos, otra unos gobiernos que se prohibieron a sí mismos decirle que no a los sindicatos en un montón de cosas donde hubiera sido perfectamente legítimo decirles que no. Y no hay que olvidar que los sindicatos son organizaciones corporativas, igual que las cámaras empresariales, y que son organizaciones esencialmente egoístas. Existen para defender los intereses de aquellos que representan. Y justamente uno de los papeles de la política democrática es compatibilizar los reclamos legítimos de las organizaciones corporativas con las de aquellos que no son representados por esas organizaciones. A los alumnos de primaria no los representa ninguna organización corporativa.

Pablo da Silveira
Foto: Nicolás Der Agopián

—¿Cómo se prepara una campaña tan competitiva, lidiando además con un escenario atípico, con las redes sociales, las fake news?

—Hay cosas que tú puedes controlar y otras que no. No podemos controlar lo que hagan otros; sí lo que hacemos nosotros, y tenemos una definición muy clara: “No cuenten con nosotros para las peleas en el barro, ni para fake news, ni para debilitar la interna del partido”. Haremos una campaña muy centrada en propuestas, en ideas, respetuosa de quienes militan en otras filas.

¿Pero cómo se puede mantener ajeno al ruido mediático?

—Una cosa son las redes y otra cosa es el mundo real. Las redes es un ambiente tóxico, encerrado, muy condicionado por la intensidad de algunos grupos muy chicos que están prácticamente profesionalizados en el asunto. Uno después sale a recorrer y habla con la gente, ya no digo al interior profundo, sino a los barrios más populosos de Montevideo, y la gente está pensando en otras cosas; no está en lo que dijo la ministra Muñoz o el ministro Rossi sobre Lacalle Pou. La gente habla de la inseguridad, del desempleo, de que los hijos pasan de año en la escuela y no aprenden a leer ni a escribir. Hay un micromundo de políticos, periodistas y otra gente que está muy en las redes, pero uno tiene que hacer el esfuercito de dar un paso atrás y tomar distancia porque te podés confundir.

Pero hay fake news que los han salpicado y ya han respondido a eso, en una campaña que se adivina...

—Va a ser una campaña fea, va a ser una campaña fea. Hay mucha gente muy nerviosa, mucha gente que ve que tendrá que arrancar para las ocho horas, y eso los pone muy inquietos. Hay cosas que se dicen de nosotros que preferimos no responder y dejar pasar. Pero hay cosas, como esta canallada de un montón de portavoces del oficialismo que salieron a decir que Luis Lacalle estaba proponiendo eliminar los Consejos de Salarios, cuando eso es una burda mentira, y todo combinado con esa maniobra de tomar la declaración de alguien que no tiene nada que ver con nosotros, un economista que nunca formó parte de los equipos técnicos de Luis y que tiene todo el derecho del mundo a decir lo que piensa, pero que no nos representa. Cuando hay cosas de ese tamaño, no tenemos más remedio que salir a responder, pero no es la clase de campaña que nos gusta.

—Como a los cuestionamientos de la ministra Muñoz a Lacalle Pou...

—Sí, sí, efectivamente, entre otras cosas.

—Críticas que otra vez se centran en posibles defectos de Lacalle Pou.

—Sí, y es un homenaje. Que varios ministros del gobierno se dediquen a hablar por los medios de Lacalle Pou, mientras no hablan de temas de sus respectivas carteras, es una confesión de que le tienen miedo. De algún modo, es un homenaje.

—¿Qué errores deben corregirse en esta campaña con respecto a la anterior?

—Eso se los cuento cuando termine esta campaña.

—Pero se habrán aprendido cosas...

—Claro que sí. Uno siempre aprende y especialmente de los errores, pero eso se los cuento después de noviembre.

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