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    Tecnología que mejora el negocio de la producción de alimentos es más “precisa y segura” que los transgénicos, pero enfrenta críticas

    Cuando hace unos ocho años los medios uruguayos difundían las fotos de unas ovejas fluorescentes que brillaban con luz ultravioleta y los llamados llegaban hasta de la BBC, el grupo de científicos liderados por el veterinario Alejo Menchaca se mostraba entre sorprendido y feliz con la hazaña. Nunca imaginaron tanta repercusión. Para ellos era una vistosa prueba de laboratorio, pero no dejaba de ser eso: una experiencia puramente científica para poner a prueba una técnica en 2013. Los corderos fluorescentes eran transgénicos, y brillaban porque tenían un gen que provenía de una medusa que producía fluorescencia.

    De ahí en adelante varias cosas cambiaron. Celebraron el hecho y siguieron avanzando por otra ruta. Rápidamente en 2014 comenzaron a trabajar con una nueva técnica, llamada Crispr, que permitía hacer mucho más que lo que prometían los transgénicos. Nacieron las ovejas con Crispr y pasaron años de trabajo en reproducción animal.

    Llegó el 2018. Un irlandés, dos canadienses, un brasileño y un argentino fueron algunos de los científicos que nominaron al uruguayo Menchaca para que se le reconozca su trayectoria científica. En enero le fue otorgado el premio de la International Embryo Technology Society (IETS) a la trayectoria en 10 años de carrera científica. Esta es la institución que nuclea a los investigadores en reproducción animal, la misma que premió a Ian Wilmut tras lograr el primer mamífero clonado, la oveja Dolly.

    Menchaca preside el Instituto de Reproducción Animal Uruguay. Sostiene que hacer ciencia en Uruguay requiere ser “creativo” frente a las limitaciones. Esa circunstancia lo llevó a buscar oportunidades que requieran poca inversión y “poca estructura” para desarrollarse, y así generar trabajos “novedosos”. Opina que falta apoyo para que los doctorados y posdoctorados desarrollen su carrera en el país. Aun así, la institución para la que trabaja, que comenzó a tomar forma a principios del 2000, logró crecer.

    Hoy el instituto —y su Fundación Irauy— realiza trabajos con el apoyo de instituciones como la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), pero también se nutre de proyectos para el sector privado con pedidos que llegan de todo el mundo. Actualmente participan en un proyecto conjunto con la Universidad de Harvard, que consiste en generar ovejas con problemas auditivos existentes en humanos, para evaluar en ellas diferentes terapias. Tienen líneas de investigación básicas y otras aplicadas y se nutren una de la otra, asegura Menchaca.

    A continuación un resumen de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.

    —Trabaja desde hace unos cinco años con una nueva tecnología que propone ser mucho más precisa y segura que los transgénicos. ¿En qué consiste?

    —Se llama Crispr. Es quizás la tecnología más disruptiva de los últimos años en el área de la biología que permite editar el genoma. El genoma es como un gran libro escrito con la combinación de cuatro letras y cada una representa una proteína particular. Ese código está escrito de determinada forma y hoy se conoce en muchas especies todo el genoma completo. Sabemos perfectamente cuál es la combinación y la secuencia de toda esa lectura. Cada gen, que es una porción de ese libro, da lugar a una proteína determinada, y esa proteína tiene una función en el organismo. Con Crispr lo que se puede hacer es editar parte de ese libro, de ese genoma. Con Crispr se puede borrar una pequeña letra y con eso mejoramos un gen, por ejemplo, evitando que uno que produce una patología no se exprese. Es muy poderosa.

    —¿Esto podría hacer que el individuo no enferme o, en ganado, hacer que la calidad de la carne mejore, por ejemplo?

    —Así es, depende de lo que se quiera. Es una intervención mucho más precisa y mucho más directa, de una manera como nunca antes se había logrado.

    'La ciencia es un poco reduccionista, para comprender el fenómeno uno lo va descomponiendo y termina estudiando una molécula dentro de una célula y después va uniendo la información con la de otros científicos para comprender el fenómeno global. Hay que armar el rompecabezas'.

    —¿Deja atrás a los transgénicos? ¿Se convertirán en algo viejo?

    —Es algo distinto y más afinado. Comparte con el transgénico que es una tecnología que intenta mejorar la genética de los animales, como lo hemos hecho desde la domesticación. Desde que se domesticó la oveja, la vaca y la cabra y otras especies, hemos tratado de irlas moldeando de alguna forma. Los perros, los gatos, las mascotas que tenemos han sido generadas por cruzamiento y selección, ha sido la herramienta principal. Después que (Gregor) Méndel describió las leyes de la herencia, hemos utilizado este conocimiento. Luego aparecieron herramientas más precisas. Con la secuenciación del genoma, la biología molecular y con la ingeniería genética, apareciendo estas otras tecnologías que intentan lo mismo pero de manera más dirigida. La transgénesis fue una de ellas. Incorpora genes de otras especies adentro del genoma. Con Crispr, la edición del genoma, no incorporamos cosas de afuera. Intervenimos de forma mucho más precisa que con la transgénesis. Vamos al libro, a la letra que queremos modificar, de forma como nunca antes se había logrado, es una tecnología completamente distinta. Las transgénicas han quedado un poco en desuso. Crispr es mucho mejor, más barata, más eficiente, más segura, más precisa.

    —¿Cómo surgió su interés por el trabajo en reproducción animal?

    —Desde niño me interesó comprender la naturaleza, los mecanismos de la reproducción de las especies, la multiplicación y cómo han ido evolucionando a lo largo de los siglos. Para trabajar con tecnologías de la mejora genética es necesario trabajar con los embriones, las modificaciones se hacen cuando hay una sola célula. Si logramos que esa célula incorpore lo que queremos, todas las demás del individuo la van a tener. Con Crispr confluyen la biotecnología de la reproducción, la ingeniería genética y la biología molecular.

    —En los últimos años ha publicado trabajos que apuntan al mejoramiento en la reproducción en animales, vacas, ovejas. ¿Podría detallar algunos de sus resultados más recientes?

    —Nuestros trabajos básicos son para comprender fenómenos, y los aplicamos para dar una respuesta concreta. La ciencia es un poco reduccionista, para comprender el fenómeno uno lo va descomponiendo y termina estudiando una molécula dentro de una célula y después va uniendo la información con la de otros científicos para comprender el fenómeno global. Hay que armar el rompecabezas.

    Usamos Crispr y otras tecnologías de uso más cercano para los usuarios uruguayos como herramientas para mejorar la eficiencia reproductiva de los animales. En Uruguay cada 100 vacas tenemos unos 60 terneros al año. Estamos lejos del potencial. Intervenimos para mejorar la eficiencia reproductiva con protocolos para inseminación a tiempos fijos, para mejorar los resultados de fertilidad de las vacas, disminuir las pérdidas embrionarias o las muertes del embrión, la pérdida de gestación. Desarrollamos tratamientos o estrategias para mejorarlo, farmacológicos, que se utilizan en diversos países en América Latina, Estados Unidos, Europa, Oceanía.

    La inseminación artificial tiene décadas, pero requiere mejoras para tener resultados aceptables, y hemos hecho protocolos mejorados que permiten más cantidad de vacas cada vez que inseminamos. En ovejas trabajamos para mejorar la producción de embriones. La tecnología de transferencia de embriones se conoce hace varias décadas, pero no se ha adoptado como uno quisiera, la eficiencia es baja y trabajamos para mejorar esos resultados.

    'Se puede hacer que el mosquito no transmita el virus del zika o el dengue. Con leishmaniasisis podrías hacer que el insecto se extinga, que los machos sean estériles. Puedes hacer que el insecto no padezca la enfermedad o terminar con una especie, por eso es tan cuestionado'.

    Con Crispr produjimos ovejas que tienen mejor lana y carne. Anulamos un gen para que una proteína no estuviera presente. La miostatina, una proteína que frena el desarrollo muscular, en estos corderos no estaba presente. Producían un poco más de músculo y carne, el 25% más que en los que tenían el genoma completo. La oveja sigue siendo oveja.

    Hay otras aplicaciones, como generar animales resistentes a enfermedades. Hay un cáncer en ovejas, generado por un virus (adenomatosis pulmonar ovina), por lo tanto se contagia, y en 2018 trabajamos para que no puedan enfermar. Es lo que hizo el investigador chino con las bebés que nacieron hace unos meses. Un caso súper polémico, les anuló el gen para el receptor del sida, VIH. No manifestaban el sida.

    —¿Se puede intervenir para encontrar soluciones para el Dengue o el Zika transmitidos por mosquitos?

    —Hay grupos que trabajan en insectos. Se puede hacer que el mosquito no transmita el virus del zika o el dengue. Con leishmaniasisis podrías hacer que el insecto se extinga, que los machos sean estériles. Puedes hacer que el insecto no padezca la enfermedad o terminar con una especie, por eso es tan cuestionado. Es posible autolimitar la autodestrucción. Que no sea definitiva. Depende de la frecuencia y la cantidad de animales (estériles) que largues, cuánto impacto tiene. Hay que esperar que la opinión pública avance y hacer estudios de impacto. Es una maduración.

    Hay un sinfín de insectos que se podrían controlar como la garrapata, un problema serio en ganadería, o la mosca de la bichera que genera pérdidas cuantiosas.

    —¿Por qué ante la capacidad de solucionar problemas tan claros de salud pública aún no se ha difundido la tecnología?

    —Resultados tiene, pero no se ha aplicado como se podría. Faltan decisiones políticas o que la sociedad lo defina, que se anime a hacer estas cosas, digamos, a utilizar estas tecnologías.

    —¿La discusión ética de si le corresponde o no al ser humano intervenir así incide?

    —Sin duda hay cuestiones éticas, culturales, religiosas y todas mezcladas. Creencias, preconceptos, miedos, fundados o no, pero existen. El chino con el nacimiento de las bebés se arriesgó con una técnica que todavía no está pronta para aplicarla en humanos y tampoco está aceptada por la comunidad científica como una tecnología segura para aplicar en humanos. Por eso son válidos los trabajos en animales como los que hacemos nosotros. Permite generar información para saber si el día de mañana la técnica se puede usar en humanos. Si el científico se saltea la conformidad de la sociedad para aplicar una tecnología, incurre en una falta de ética.

    'En unos pocos años estoy seguro de que estas técnicas van a ser de uso frecuente en todo Sudamérica. Estas técnicas mejoran el negocio de la producción de alimentos'.

    —¿Hay interés en el sector productivo uruguayo por implementar esta tecnología?

    —El sector productivo está ávido de todo esto. La biotecnología permite cosas que antes no se lograban. A cualquiera que esté en el mundo del negocio de la producción esto le interesa mucho. Tiene menos riesgo que antes con otras tecnologías y puede lograr grandes beneficios. En el mundo hay una demanda tremenda. El productor uruguayo, o el empresario uruguayo, no ven esto como oportunidad en su negocio, en general. Igual he tenido consultas a nivel local para hacer determinadas cosas, pero sobre todo vienen de otros países.

    —Por el peso que tiene la ganadería en Uruguay, ¿el interés debería ser mayor?

    —Sí, hay una oportunidad. En países como Australia lo están tratando de llevar adelante, también en Nueva Zelanda y Estados Unidos. Intentan aplicar estas técnicas para mejorar las especies productivas. Es una cuestión de tiempo, acá al uruguayo le cuesta un poco más animarse a innovar. En unos pocos años estoy seguro de que estas técnicas van a ser de uso frecuente en todo Sudamérica. Estas técnicas mejoran el negocio de la producción de alimentos.

    ?? La ciencia en campaña electoral

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