• Cotizaciones
    jueves 26 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Cruel

    Los niños no son paquetes; las familias adoptantes no son depositarios de bebés para ver si después se los pueden quedar y de un día para el otro perderlos; todo mal; mal, mal; no puede haber un niño ni una familia más que atraviesen este dolor

    Columnista de Búsqueda

    Este relato no es real, pero sirve para imaginar una situación. Una mujer está embarazada, nace su bebé, nacen con él mil sueños y proyectos. Lo soñó desde que supo que estaba ahí, imaginó cómo sería su cara, sus piecitos. Pensó en cuáles serían sus canciones para dormir, su cuadro de fútbol, sus amigos. Pensó cuidadosamente su nombre, armó su cuarto, planchó su primera ropa, esperó ansiosa el día de conocerlo y tenerlo en brazos. Hasta que finalmente su hijo nació. Un sueño cumplido, un amor incomparable e inimaginable. Intransferible. Se lo habían contado, pero hasta que no estuvo ahí no lo entendió. Ahora imaginemos que un día, pasado un mes, o varios, alguien viene y se lo saca. Le dice que ya no podrá verlo, de un día para otro y sin anestesia. Zas. Se fue. No volverá a sentir su olor, a escuchar sus primeros ruiditos. No volverá a acunarlo, a cantarle. No volverá a abrazarlo suavecito para no lastimarlo pero con ganas de comerlo a besos. Nada. ¿Puede haber alguna situación más cruel? Difícil. Sin embargo, esta situación hipotética se hace carne en algunas familias que en lugar de tener a su hijo a través de un embarazo lo hacen a través de una adopción. Nadie discutiría que ese bebé o ese niño que llegó a una familia es tan hijo como si hubiera salido del vientre de esa mujer.

    Bueno, para algunas familias adoptantes esa es la realidad. Hoy reciben a su bebé, en poco tiempo se lo sacan. Así de cruel. Así de inhumano. Así de inhumano con la familia y por supuesto con ese niño al que le arrancan su lugar seguro de cuajo.

    Para muestra del espanto conocimos hace algún tiempo a través de una nota de la periodista Carolina Delisa en El Observador la historia de Itzaé, una bebé que nació en el Hospital Pereira Rossell sin ningún tipo de control previo y con un embarazo en el que las adicciones sobraron. Con este panorama la bebé quedó hospitalizada y al cuidado de la Fundación Canguro, que atiende a los recién nacidos que por distintas situaciones no pueden estar con su familia. Mientras, buscan a algún referente biológico y si no aparece se evalúa la condición de adoptabilidad. Un mes entero pasó sin que nadie la visitara ni preguntara por ella. La nota relata que cuando aún no había cumplido el mes de vida una jueza determinó, a través del Código de la Niñez, que Itzaé debería incorporarse en forma provisoria a una familia inscripta en el Registro Único de Adoptantes (RUA). Así fue que desde el Instituto del Niño y el Adolescente (INAU) contactaron a quien sería su mamá de ahora en más, Rosana.

    Rosana se había anotado en el registro tres años atrás. Quienes se inscriben saben que el proceso será largo pero que probablemente la llamada algún día llegará. Así fue. Consultó sobre si había tenido visitas, si alguien la había reclamado. Nada. Rosana se convertía en mamá a pocos días de esa llamada. En el INAU consideraron que ella era adecuada para la crianza de la bebé. Su hija. Su hija con la que pudo convivir ocho meses. Y nunca más la pudo ver.

    Ella sabía que en un mes habría una audiencia de ratificación, ya que la adopción es provisoria hasta que llega la tenencia definitiva. Eso puede demorar mucho tiempo. Lo que no esperó esa mamá fue que un tío de la bebé, que ya se hacía cargo de dos de sus hermanos, ahora la reclamara. Le habían asegurado que nadie había aparecido desde el día en que nació. A partir de ese momento Itzaé siguió viviendo con Rosana, su mamá adoptiva, mientras había instancias en las que reunían a la bebé con la familia biológica. Según contó Rosana en una entrevista en Desayunos informales, durante todo ese tiempo el vínculo madre-hija se fue afianzando. Como toda madre con todo hijo o hija. Se llama apego y es una de las cosas más importantes que puede tener un niño en sus primeros meses de vida. Seguridad, estabilidad, amor.

    Sin embargo, después de esos ocho meses la bebé se fue con su tío y su familia. En realidad no se fue, el INAU la arrebató de los brazos de su madre. Podemos darle todas las vueltas que queramos, pero un bebé de nueve meses ya reconoce a su figura de referencia perfectamente. Desprenderla de ella es un daño irreparable que cualquier pediatra o psicólogo puede confirmar. Desgarrador.

    Pero acá el problema no es el tío ni la parte de esa familia que la reclama, con su derecho a hacerse cargo de esa bebé. Hay una máxima en la normativa que establece que la revinculación familiar es lo prioritario. Perfecto. Pero acá se hizo todo mal. El hombre, según aseguró el abogado Ignacio Durán, está en los registros del INAU porque sus dos hermanos tuvieron el mismo recorrido. Esto es, si buscaron familia, buscaron mal. Muy mal. Y el mayor daño, lo que nunca debió pasar, fue para la bebé, que vivía con su mamá y de un día para el otro no la vio más. Nunca más. Ahora Rosana solo espera poder volver a verla, buscar alguna forma de tener un contacto con quien fue su hija durante ocho meses. Perdón, con quien es su hija. “Ella siempre va a ser mi hija y yo su mamá”, dijo, el día en el que Itzaé cumplía un año y Rosana estaba lejos contra su voluntad.

    Y lamentablemente no es el único caso. En el año 2023 Soledad e Iván llevaban tres años en el RUA, con todo lo que eso implica. Entrevistas, charlas, encuentros con asistentes sociales. Hasta que llegó su Negrito. Así llaman al bebé que recibieron con todo el amor imaginable. “Al espacio donde estábamos por fin llegó alguien. Entre sus brazos cargaba un bulto muy pequeño. Eras tú. Te veías muy chiquito entre la manta. Vi tu carita, tu nariz, tus ojos, tus cachetes. Te vi a ti. (…) Antes había cargado bebés en mi vida pero contigo era completamente diferente”, cuenta Soledad en el libro que escribió, La ausencia presente, en el que relata todo el proceso de la llegada de su bebé al detalle. En el que dice que el sistema los estaba matando y estaba siendo completamente insensato con ese bebé. La historia se repite. Un familiar se presenta y lo reclama. Y Soledad se pregunta por qué. Por qué se integra a un bebé de días a una familia adoptiva sin estar seguros de que no hay familia biológica que lo reclame. Por qué no lo recibe una familia de acogimiento —que ya sabe que es un cuidado imprescindible pero temporal— hasta que esté todo claro y ese niño pueda ser dado en adopción y así generar ese vínculo seguro con quienes serán sus padres. Así, relata Soledad, después de una llamada, dos educadoras del INAU se presentaron en su casa y se llevaron al Negrito. Se iba a un hogar institucionalizado hasta evaluar si podía ir con un familiar directo. No pudieron hacer nada. Se les cayó el mundo. Su hijo ya no estaba ahí ni volvería a estar.

    Después de conocer estas historias —no son las únicas—, el dolor, la bronca, la angustia toman el cuerpo de quien las escucha. Ojalá también de quien las lea. Estas cosas no pueden ni deben pasar. Los niños no son paquetes. Las familias adoptantes no son depositarios de bebés para ver si después se los pueden quedar. Todo mal. Mal, mal. Y después el terror del resto de las familias. ¿Con qué tranquilidad alguien se inscribe como adoptante después de conocer estos casos? La intención al contar estas historias no es desestimularlo, todo lo contrario. La intención es, justamente, que se sepa todo lo que se hace mal y se podría hacer mucho mejor. La vida de esos niños se juega en esos meses, en esos años, en los que tienen la fortuna de encontrar a alguien que los quiera, que les dé todo su amor, seguridad, abrazos. Las normas vigentes establecen el interés superior del niño. Tenemos que saber que esto no está pasando. Hay niños apartados de las familias que los acogieron con todo el proceso debido y que una vez más, como si no fuera suficiente, son vulnerados en sus derechos. Esto nunca debió haber pasado. Y ojalá esta columna no tuviera que volver a escribirse.

    // Leer el objeto desde localStorage