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Los comunistas no lograron soltar ese mundo maniqueo, que se fue diluyendo; no pueden salir de ese imperio de la verdad que crearon y ni siquiera se sienten capaces de relativizarlo
Si hay una característica sobresaliente que tienen los integrantes del Partido Comunista del Uruguay y sus aliados políticos es que, por más que son una minoría electoral dentro del Frente Amplio y más todavía a nivel general, siempre logran tener un perfil alto en las discusiones sobre los temas importantes de la agenda pública. Son pocos pero muy ruidosos y activos, suelen justificar —con razón— políticos y analistas.
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Pues en las últimas semanas han estado especialmente movilizados por distintos asuntos, como la futura Rendición de Cuentas, los cambios propuestos a la reforma de la seguridad social y, en el plano internacional, las acciones bélicas emprendidas por parte de los gobiernos de Estados Unidos e Israel. Sobre este último punto, lograron que una de las consignas principales del Día de los Trabajadores, celebrado el 1 de mayo, fuera el “antimperialismo”, en referencia principalmente a Estados Unidos. En la central sindical PIT-CNT los dirigentes comunistas tienen un peso muy importante, así que se entiende que hayan optado por ese camino.
Otro asunto que trajo nuevamente el trillado concepto de imperialismo fue la visita que realizó el presidente de la República, Yamandú Orsi, a un portaviones estadounidense que se encontraba en aguas internacionales. Hasta un ministro de su gobierno, el comunista Juan Castillo, lo criticó y dijo que él no hubiera ido. Pero otros dijeron cosas peores. El presidente del PIT-CNT, Marcelo Abdala, otro comunista, lo definió como un “acto penoso”. Muy fuerte teniendo en cuenta que se trata de fuego amigo.
De todas formas, lo que más llama la atención es cómo se repiten esas consignas tan antiguas. Lo único que faltó fue el “fuera yanquis de América Latina”, aunque seguro que apareció pintado en algún muro de Montevideo. Parece que no hubieran pasado los años para ellos, que siguiéramos viviendo en los 60.
Sería folclórico y hasta gracioso si se tratara solo de episodios menores, sin consecuencias. Pero el prosecretario de la Intendencia de Canelones, un comunista que acompañó a Orsi durante la visita al barco estadounidense en representación de ese gobierno departamental, debió renunciar a pedido de su colectividad política. Se quedó sin trabajo, para poner un ejemplo puntual.
Parte de la agenda del Ministerio de Trabajo, encabezado por Castillo, también parece abrazada a lógicas de la “lucha de clase”, que, aunque se postula como en defensa de los trabajadores, puede llevar a perjudicarlos si se desalienta el empleo.
Otro ejemplo de ese tipo de visiones ideologizadas, mucho más general, les costó carísimo a los uruguayos. En aquella oportunidad lo que estaba en juego era la posibilidad de negociar y firmar un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Ocurrió durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez, allá por los años 2006 y 2007. Tanto Vázquez como su entonces ministro de Economía, Danilo Astori, y otros ministros querían avanzar, pero se impusieron los “antimperialistas” y terminaron ganando la pulseada.
Una pena. La ideología por encima del pragmatismo, los dogmas desplazando el verdadero interés del país. En esa oportunidad, quedamos todos los uruguayos como víctimas de unos pocos, que con sus viejas consignas lograron bloquear lo que podría haber sido un empuje económico muy positivo para el país.
En realidad, los que realmente están dominados por lo que tanto critican son ellos, que quedaron presos de su propio imperialismo mental. No lograron soltar ese mundo maniqueo, que se fue diluyendo. Todo lo arman en función de los buenos y los malos, no pueden salir de ese imperio de la verdad que crearon y ni siquiera se sienten capaces de relativizarlo.
De lo que no se dan cuenta es de que Uruguay solo puede lograr una verdadera liberación e independencia de las grandes potencias mundiales si amplifica sus mercados y desarrolla un comercio lo más libre y beneficioso posible a sus intereses. Ese es nuestro destino como país chico, no podemos evitarlo si lo que pretendemos es un despegue económico duradero. Nos consta que algunos integrantes del actual gobierno lo saben. Lo importante es que no se dejen convencer una vez más por los que, de tanto criticarlos, se quedaron abrazados a los imperios.