El merengue del “bukelazo” salió medio torcido. Él nunca quiso decir que había que aplicar el sistema de Bukele en el Uruguay, apenas dijo que había que analizarlo, pero el asunto salpicó para todos lados.
El merengue del “bukelazo” salió medio torcido; él nunca quiso decir que había que aplicar el sistema de Bukele en el Uruguay, apenas dijo que había que analizarlo, pero el asunto salpicó para todos lados
El merengue del “bukelazo” salió medio torcido. Él nunca quiso decir que había que aplicar el sistema de Bukele en el Uruguay, apenas dijo que había que analizarlo, pero el asunto salpicó para todos lados.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“¿Cómo es posible que no le entiendan a uno cuando lo que está buscando son soluciones para los problemas que más agobian al país?”, se preguntó, mientras miraba en el informativo la grabación del show de Shakira y se veía a sí mismo saludando a la estrella. “¡Qué simpática!”, reflexionó, pasándose en su mente las escenas de lo vivido en el Centenario, junto con 50.000 personas más.
Cuando se disponía a acostarse a dormir, cansado, después del trajín de otra larga jornada de trabajo, se puso a reflexionar sobre el siguiente entuerto ocasionado por su entusiasmo y su buena voluntad para arreglar los líos pendientes.
“¿Cómo la gente no se da cuenta de que la situación de los presos de Domingo Arena merece atención como la de cualquier otro preso?”, se dijo a sí mismo. “Recibo los informes sobre el estado de salud de muchos de ellos, algunos muy jodidos, y me pregunto ‘¿a quién hay que ver para averiguar lo que pasa en la Justicia?’. ¡Al presidente de la Suprema Corte, papá! ¡Está clavado!”.
Pero ese tiro también había salido por la culata.
De entrada el presidente de la Corte le había dicho que él no tenía nada que ver, que tenía que ver a los jueces de cada uno de los casos. “Bueno, los iremos a ver si ese es el camino”, se dijo. Pero los chumbazos salieron para todos lados.
Manini se subió al carro y lo felicitó diciendo que por fin alguien se ocupaba de los mártires de 95 años confinados sin piedad. Pero antes de que él pudiera aclarar el verdadero fondo de la situación su propio partido había reaccionado mal y lo criticó por meterse con un tema salado, sin consultar a su entorno. “¿A quién voy a consultar si los informes me llegaron a mí?”, se dijo, mientras se tapaba solamente con la sábana, porque la frazada no era necesaria en medio de la ola de calor de esos días.
Entrecerró los ojos, felicitándose de todos modos, porque él enfrentaba los problemas donde realmente estaban y, si no lo entendían, mala suerte para los que no lo entienden.
Ya dormido, en su mente empezaron a aparecer imágenes borrosas, en medio de unas nubes que se fueron disipando. Él estaba en el salón oval de la Casa Blanca, conversando con Trump.
“Le digo, presidente, que este lío de Venezuela se lo arreglo yo, déjeme ir a verlo a Maduro, yo lo hablo con él y va a ver que puede llevarse todos los botes esos de vuelta para su país”, le decía a Trump, que aceptaba gustoso la ayuda ofrecida.
En la imagen siguiente, él estaba conversando con Maduro, en Caracas, recién bajado de un avión de la Fuerza Aérea que había aterrizado en Maiquetía con un permiso especial. Media hora de charla y Maduro mandó a expulsar de Venezuela a todos los narcotraficantes, se comprometió a exilarse en Rusia, y Trump sacaba los portaaviones y las fragatas patrulleras del Caribe rumbo a casa. Y Orsi de paso le pidió a Maduro que hablara con Putin y le anunciara su visita. Minutos después él estaba volando en un jet privado rumbo a Moscú, donde Putin lo recibió con honores, pero él le dijo que no hacía falta tanta pompa, sino que más bien le devolviera a Zelenski todo el Dombás y retirara sus tropas de Ucrania con la firma de un tratado de paz que, además de poner fin a la guerra, autorizaba a Ucrania a unirse a la OTAN y a hacerse miembro de la Unión Europea.
Aquello venía fenómeno, porque él volvió a verse en otro jet privado, esta vez volando con Netanyahu hacia Gaza, donde se reunieron ambos con los jefes de Hamás y firmaron el desarme de los terroristas, quienes en grupo prometieron renunciar a la violencia, convertirse todos al cristianismo y construir 40 iglesias católicas, en las que irían todos a rezar y a misa desde el domingo siguiente. Se imaginaba la alegría que todo esto estaría causando en el mundo, y en especial en el Uruguay, de donde le llegaba información de que hubo una manifestación de todos los partidos políticos, gobierno y oposición, que saludaba la inminente paz mundial conseguida gracias a su intervención.
Pero aquello seguía. De Medio Oriente voló a la China, donde Xi Jinping lo agasajó con una cena de gala tras haberse confirmado la unificación de China con Taiwán, fruto de unas reuniones que él había tenido en el avión de Elon Musk, quien se lo había prestado para reunirse con los cancilleres de ambos países, que habían firmado la unificación tomando champán a bordo. “Me quedo con el mate, pero parece que para sellar estos acuerdos hay que destapar espumantes, no hay otra”, reflexionó.
De vuelta de la China pasó por África, donde obtuvo la renuncia de Boko Haram al terrorismo y la conversión de todos sus integrantes al protestantismo anglicano, quienes fundieron todas sus armas para construir una enorme estatua del Pepe Mujica en las afueras de la capital de Nigeria.
“Esto viene a pedir de boca”, pensó mientras iba rumbeando de vuelta al Uruguay, donde imaginaba un recibimiento apoteótico en reconocimiento a tan señalados servicios a la patria y al mundo.
En eso sonó el despertador, y la nube que flotaba sobre su soñadora y somnolienta cabeza se disipó, y eso dio lugar al gesto que le había sugerido el Pacha cuando le dijo “vos ni bien te despiertes prendé el celular, que puede haber algo importante”.
Había un mensaje, precisamente del Pacha, que le decía: “Yama, ni bien puedas venite a la Torre, a tu oficina, que tenemos tremendo despelote con el PIT-CNT en la calle, a punto de invadir el Parlamento para presionar por que se apruebe el impuesto del 1% a los ricos. Secuestraron a Oddone”.
Y los sueños, sueños son, terminan en frustración, como decía Lagarmilla, que en vez de sueños soñaba pesadillas.