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Viejo como agujero del mate. Que los legisladores ganan mucho, que gastan de más, que no devuelven los viáticos, que viven mucho mejor que la gente común, que tienen múltiples beneficios, que son demasiados y que hay que eliminar una cámara. En fin, lo de siempre. Con mayor o menor énfasis, con mayor o menor oportunismo, estas propuestas suelen reaparecer cada tanto con poco éxito.
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En medio de encuestas desfavorables, y cuando todavía quedaban los ecos de la propuesta de la vicepresidenta Carolina Cosse de remodelación de los exteriores del Palacio Legislativo y las críticas por el uso de dineros públicos en un marco de restricción fiscal, algunas viejas ideas volvieron a ver la luz.
El senador del MPP Daniel Caggiani publicó, a través de su cuenta de X, esta nueva iniciativa bajo el título “Gobernar con el ejemplo: transparencia y honestidad en la gestión pública”, acompañada del anuncio de tres proyectos de ley. Como era previsible, inmediatamente surgieron aplausos y gritos en el cielo. Pero intentemos salir de los extremos y veamos una a una las iniciativas y su probabilidad de convertirse en realidad.
Devolución de viáticos. Sí, parece increíble que haya que hacer una ley para que los parlamentarios rindan cuentas del dinero que se les brinda cuando viajan. Parece obvio que un funcionario público que usa dinero de todos para representar al país en el exterior por distintos motivos deba rendir cuentas de lo gastado y devolver el sobrante. Pero no. Resulta que necesitamos un proyecto de ley. Ok, si esto no se aprueba, cerremos todo. Es difícil pensar que algún legislador no levante la mano. Por vergüenza propia nomás. Ante esta propuesta, incluso el senador colorado Pedro Bordaberry fue un paso más allá y aseguró que, en realidad, lo que hay que hacer es “cortar los viajes de legisladores al exterior y el pago de viáticos al interior”. No estoy segura de que cortar los viajes en su totalidad sea del todo necesario. Quizás algún viaje pueda traer algún beneficio, pero eso sí, seguro que no precisamos que viajen delegaciones con decenas de parlamentarios. Vamos.
Exclusividad en el trabajo parlamentario. Ah, esto sí que es polémico. Camino a fracasar con total éxito. En un mundo ideal quizá sea la mejor idea, pero, si se baja a tierra, probablemente resulte más realista limitar algunas actividades que puedan generar conflictos de interés y no toda posibilidad de ingreso extraparlamentario. De otra forma, solo podrían dedicarse a la política quienes tengan resuelta su situación económica, por ejemplo. O, por el contrario, quienes busquen en la política el solo hecho del billete. Más de $ 300.000 por mes. Nada mal, ¿eh? Y si limitamos a los profesionales, esa puerta se abre un poco más. Pero, además, si se prohibiera percibir ingresos extraparlamentarios de cualquier tipo, tal como plantea el senador Caggiani, se limitaría, por ejemplo, a un escritor o a un músico cobrar por sus derechos de autor, o a un legislador que tenga una renta, hacerse de ese ingreso extra. Así lo planteó el senador en diálogo con Desayunos informales. Es difícil de implementar tal como está propuesto. Insisto, en un mundo ideal, sería maravilloso que los legisladores dedicaran la totalidad de su tiempo laboral a esta tarea. Pero el mundo ideal está muy lejos de la avenida de las Leyes.
Igualar el subsidio por desempleo de los legisladores al de los trabajadores privados. Excelente. Puede tener detractores porque, ¿quién no quiere cobrar durante un año entero después de dejar su actividad en el Estado? Pero estamos pensando en austeridad, en justicia, en equidad con el resto de la población. ¿Por qué los legisladores tienen un año de subsidio y cualquier trabajador que tenga la suerte de ser dependiente tiene solo seis meses? Mejor no ingresar en el terreno de los monotributistas o trabajadores informales porque ahí sí que no hay nada. Nada de nada. El asunto es que esto solo tendría sentido si no se aplicara la propuesta anterior. Porque, si además de establecer la exclusividad se recorta el subsidio, la primera excusa será que, si durante cinco años alguien no pudo desarrollar su profesión u oficio, difícilmente pueda reinsertarse en el mercado laboral en pocos meses. Una cosa o la otra. Si se regula la actividad y se limitan los temas de conflicto de interés, este artículo sería absolutamente justo. Si no, y para ser pragmáticos, no lo vota ni el loro.
En un acto de atrevimiento absoluto me permito agregar un elemento. Todo dinero que se ahorre en las políticas de austeridad debería tener un destino claro, específico. Una política pública. La que los legisladores definan como prioritaria —no, no, el jardín del Palacio capaz que no—, la que entiendan más beneficiosa para la ciudadanía. Aunque no sean millones y millones, las señales valen. Tanto como cada peso que deja de destinarse a banalidades o beneficios excesivos e innecesarios.
Bienvenida la discusión y bienvenidas las propuestas que acerquen un poco más a los parlamentarios a la ciudadanía sin caer en demagogias. Levanten apuestas, no abundan los casos en los que los privilegios son autoeliminados.